Reciba las últimas noticias sobre temas interesantes con NewsHub. Instalar ahora.

Las 8 razones para creer en la reivindicación de la Argentina en la Copa América

3 de junio de 2016 02:30
32 0
Las 8 razones para creer en la reivindicación de la Argentina en la Copa América

Las últimas cuatro Copas América martillaron a la Argentina hasta sentarla en el diván. En 2004 y 2007 la selección era la favorita indiscutible, pero en ambos casos perdió la final contra un Brasil alternativo. En 2011, en casa, además la localía la impulsaba hacia la gloria, pero no superó los cuartos de final. El año pasado, los fatídicos penales contra Chile hicieron más pesada la cruz. El subcampeonato en Santiago se sumó a las lágrimas del Maracaná, y lejos de interpretarse como una progresión, la era resultadista acentuó el desconsuelo. Y la bronca. Y el desengaño. La Argentina añora el envión de una consagración. En las últimas décadas la Copa América ha sido despiadada con la selección, que ya no soporta ser testigo de vueltas olímpicas de otros.

¿Por qué la Argentina volverá a ser favorita en la Copa América Centenario si no gana nada desde Ecuador 1993? ¿Por qué cargará con el cartel de candidato si desde aquel título encadenó 16 frustraciones? ¿Por qué la Argentina se tendría que sentir autorizada a conquistar una competencia que apenas obtuvo dos veces en los últimos 55 años? ¿Por qué habría que imaginar laureles si de espinas está tapizado el pasado reciente? Porque la capacidad de regeneración del fútbol argentino es inagotable. Porque la furiosa actualidad de sus futbolistas de elite obligan a desatender los antecedentes inmediatos. Porque los signos vitales están a salvo desde una generación tan castigada como tenaz: ellos no quieren quedar en la memoria colectiva como los perdedores de siempre. Son la principal razón de otro sueño que persigue la gloria y la reparación.

Lionel Messi es el máximo magnetismo, el principio y el fin de la ilusión albiceleste. Pero potenciarlo será la obligación de todos, una nueva prueba para analizar como gestiona la riqueza de recursos Martino. Messi, una rentabilidad ineludible para el equipo, necesita de la complicidad de sus célebres socios para que la Argentina pueda esperanzarse con el título. El planeta lo observa. Creció tanto que ya no sólo es el capitán, sino también el alma de la selección. Atrapó casi todas las adhesiones populares, pero sabe que una conquista argenta sigue siendo su talón de Aquiles. Únicamente una Copa del Mundo eleva a leyenda, pero la Copa América Centenario puede conceder algunos puntos de sutura. Siente, también, que en Rusia 2018 cumplirá 31 años. Por si acaso, es ahora. Superados días agitados por el juicio de evasión fiscal que lo llevaron al banquillo en España, Messi está resuelto a demostrar que puede cargar con décadas de frustraciones. Pese al golpe que sufrió ante Honduras, desembarcará en la cima de su rendimiento. Determinante como siempre, pero más completo que nunca en su renovada versión de asistidor. Sin dejar de ser un killer, también es el titiritero de la selección.

La venganza motoriza a muchos integrantes del plantel. Sueñan en los Estados Unidos 16 futbolistas que hace un año lloraron en Chile. Y son 11 los sobrevivientes de Brasil 2014. No se puede volver el tiempo atrás, no existe el saneamiento histórico. Pero ellos necesitan un título y el tiempo se les acaba. A las oportunidades conviene interpretarlas como únicas. Ahí están Demichelis, Palacio, Maxi Rodríguez, Gago, Garay. o Tevez., para comprobarlo en tiempos recientes. Es cierto que el fútbol siempre da revancha... pero no siempre le concede segundas oportunidades a los mismos. Rusia 2018 puede quedar demasiado lejos para algunos. Mascherano es indiscutible, pero no incombustible. en algunas semanas cumplirá 32 años. Lavezzi tiene 31; Biglia, 30 -si permanece en el grupo-; Sergio Romero, 29... En Rusia, además, el grado de dificultad naturalmente crecerá por tratarse de una Copa del Mundo. La cita es ya.

El poder de fuego albiceleste llega en un estado inmejorable. Hasta se podría apartar por un instante a Messi (41 goles en un año que eligió no apuntar al arco), que de todos modos el ataque sería igualmente intimidatorio. Higuaín (38) acaba de completar su temporada más fabulosa en Europa; Agüero, con 24 gritos, terminó a sólo un gol de Harry Keane en la Premier League, pero jugó ocho partidos menos; Di María convirtió 15 tantos y entregó nada menos que 24 asistencias para ser uno de los cuatro mejores de la Liga francesa. Pero detrás de las estrellas también aparecen opciones con un voraz presente, como el de Nicolás Gaitán, otra vez campeón con Benfica, al que abasteció con 11 festejos, su máxima productividad en los seis años que lleva en Portugal. Y Erik Lamela aportó otros 10 para Tottenham, también su mayor cuota goleadora tras tres temporadas en Inglaterra. Apenas Lavezzi, que arrancó sin continuidad en PSG y eligió mudarse a China, ni siquiera puede ofrecer una plenitud física. Si la Argentina es temida por Messi y compañía, en los Estados Unidos desembarca con todo su arsenal.

La estructura colectiva de la selección sugiere una potencialidad que no termina de explotar. Flota una idea definida, conceptualmente atractiva, que aún espera por un anclaje más seguro. La preocupación de Martino hasta no hace mucho tiempo pasaba por la asimetría de su equipo: la metralla ofensiva se distinguía de las grietas defensivas. Pero singularmente, el comienzo de la ruta eliminatoria hacia Rusia ofreció impensadas cartas goleadores (Mercado, 2, y Biglia) y una solidez en el fondo que se tradujo en apenas cuatro tantos en contra en seis fechas. Incluso en Chile 2015, la selección solamente sufrió tres goles. El estilo de la selección es reconocible, pero para terminar de patentar una identidad necesita continuidad. No momentos ni pasajes. Una propuesta sostenida, que se independice de los rivales y las urgencias.

La riqueza del concepto necesita protagonistas persuadidos. Después del mazazo de perder la final de la Copa América de Chile por penales, Martino debió volver a convencer y alinear a sus intérpretes. No hay atajo más directo hacia la victoria que el protagonismo antes que el balanceo, el titubeo colectivo. Pero eso demanda un esforzado compromiso grupal. De todos, sí, de todos. Los partidos con Colombia y Chile, en Barranquilla y Santiago, confirmaron que la lealtad con el cuerpo técnico está a salvo. En el fútbol no hay garantías, pero sí probabilidades a partir de la confianza.

Martino expondrá su cargo en la Copa, pero no reniega de nada. Ni de haber estado varios meses sin cobrar su sueldo. No se victimiza por los rincones ni canjea blindajes mediáticos. "Si no ganás la Copa, indemne no salís", confesó hace algunos días en la nacion. Está advertido, aún en el agitado tembladeral que mantiene a la AFA casi en estado de anarquía. Si la Argentina gana, el entrenador sumará prestigio, avales y paciencia para afrontar la continuidad de una intensa agenda, con los Juegos Olímpicos de Río y la reanudación de las eliminatorias a la vuelta de la esquina. Si la victoria otra vez se pasea burlona, se agudizará la sensación de decepción y Martino será el villano favorito.

La Copa Centenario propondrá un recorrido traicionero, que no convendrá subestimar. El sorteo del Grupo D, más allá del debut con el incómodo y peligroso campeón vigente, Chile, puso a Bolivia y Panamá en el camino, dos buenas estaciones para edificar triunfos que planten certezas rumbo a las etapas decisivas. Aunque Brasil no contará con Neymar y Uruguay encenderá velas por Luis Suárez, la competencia promete el tono que traen las eliminatorias sudamericanas: paridad, cruces ajustados, marcadores cerrados, partidos que por detalles se inclinan para un lado u otro. El roce internacional de Colombia, la prepotencia física de Ecuador, el ala renovadora de Paraguay, la versión principal de México, la localía de los Estados Unidos. y Chile, Uruguay, Brasil. El favoritismo de la Argentina deberá convivir con desafiantes de colmillo afilado.

Futbolistas de probada influencia y personalidad en sus clubes volverán a lidiar con la presión nacional. Volverán a cargar con el peso de saldar una cuenta que ya arrastra 23 años de frustraciones. Criados en la adversidad, los referentes de una generación castigada por el destrato y las sospechas tendrán que gobernar la paciencia y domar las urgencias de un país abrumado por las derrotas. Será vital que respondan con compromiso y orgullo de pertenencia. El plantel estará nuevamente a prueba. Especialmente los viejos, pero a Otamendi, Ramiro Funes Mori, Mercado, Kranevitter, Gaitán y Lamela también se les exigirá que se afirmen como una confiable renovación. La mesa chica se conoce hace años; traen raíces desde Sudamericanos, Mundiales juveniles, los Juegos Olímpicos de Pekín y hasta dos y tres Mundiales de mayores. Pese a sólo encadenar decepciones deportivas, otra vez eligieron dar la cara. La rebeldía debe ser el combustible de una selección argentina que se sabe en deuda.

Fuente: lanacion.com.ar

Compartir en las redes sociales:

Comentarios - 0