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Un accidente 'triste pero predecible'

1 de noviembre de 2014 11:55
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Un accidente 'triste pero predecible'

El ingeniero español advierte José Mariano López Urdiales advierte que el cohete híbrido que usa la nave siniestrada es muy peligroso

Los aficionados al espacio con una cuenta corriente holgada llevan muchos años esperando el momento de poder imitar por fin a un astronauta. O casi. Porque los vuelos suborbitales de Virgin Galactic durarán dos horas y permitirán disfrutar de cinco minutos de ingravidez cuando la nave alcance los 110 kilómetros de altura. Costarán 200.000 dólares (unos 160.000 euros).

Pero el vuelo inaugural de Virgin, en el que viajará Richard Branson y sus hijos, ha sido pospuesto varias veces, precisamente para intentar reducir al máximo la posibilidad de un accidente.

El trágico accidente de la nave SpaceShipTwo del viernes, en el que uno de los pilotos murió y el otro resultó herido grave durante un vuelo de prueba, no es el primero que sufre la empresa de Branson durante la puesta en marcha de este proyecto con el que inaugurará la era del turismo espacial.

La compañía, fundada en 2004, perdió ya a tres trabajadores en julio de 2007 al registrarse una explosión durante una prueba en la fase inicial de los sistemas de la nave SpaceShipTwo, en las instalaciones de Mojave, en California.

Y es que, como explica José Mariano López Urdiales, fundador de zero2infinity, una empresa que espera ofrecer experiencias de turismo espacial dentro de, como mínimo, un par de años, trabajar con cohetes es muy peligroso. «Yo soy ingeniero de cohetes y, precisamente por eso, he optado por utilizar un globo estratosférico. Es más seguro», explica a EL MUNDO en conversación telefónica.

«Lo que le ha ocurrido a Virgin es muy triste, pero era predecible», afirma rotundo. Y es que, según sostiene, la compañía de Branson ha sido aconsejada repetidamente por otros ingenieros , entre ellos él mismo, para que sustituya el cohete híbrido que usa la nave por otro sistema menos peligroso.

El cohete híbrido, añade, utiliza un tipo de plástico (una poliamida como el nailon), «que tiene una combustión muy inestable. Y en un vehículo tan grande es bastante incontrolable. No puedes apagar fácilmente una enorme masa de plástico ardiendo».

«Si fuera una buena tecnología, la llevarían los misiles. Y si algo no es suficientemente seguro para llevar bombas, ¿cómo va a serlo para llevar a personas?», reflexiona López, que considera que lo más inteligente por parte de la empresa hubiera sido reconocer que se había equivocado en la elección del cohete y cambiar de sistema, especialmente tras el accidente de 2007 en el banco de pruebas en el que murieron tres personas.

En sus apariciones públicas, el multimillonario Richard Branson siempre ha subrayado que la seguridad era su prioridad. El pasado mes de febrero dijo en una entrevista con The Guardian que no se podía permitir perder a nadie durante uno de sus vuelos: "La mayor preocupación es durante la reentrada [a la atmósfera]. La NASA ha perdido al 3% de los astronautas que han ido al espacio, y la fase de reentrada ha sido el principal problema", declaró.

Por otro lado, López Urdiales tampoco entiende cómo es posible que los pilotos no usaran traje de astronauta durante las pruebas. «Es algo que nos sorprende mucho a los ingenieros que trabajamos en este sector. Un traje de astronauta sólo cuesta unos 100.000 dólares, que es una cifra muy pequeña en el marco de un proyecto como el de Virgin. Nosotros, por ejemplo, los llevaremos durante las pruebas que hagamos con el globo estratosférico», afirma.

«Creo que va a ser un duro golpe para Virgin. A las demás empresas del sector nos hubiera venido bien que tuviera éxito porque nos hubiera ayudado a conseguir financiación para nuestros proyectos», dice el ingeniero.

«Lo que ha ocurrido no es bueno para nadie en esta industria porque hace que la percepción de riesgo del turismo espacial sea mayor de la real», concluye López, cuya empresa ofrecerá a los turistas subir en globo estratosférico hasta los 30 kilómetros de altura. Desde allí disfrutarán de las vistas de la Tierra similares a las que contempló Felix Baumgartner en 2012 a cambio de 110.000 euros. «Apostamos por un tipo de turismo más eficiente, ecológico y más barato», defiende.

Fuente: elmundo.es

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