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Adelanto exclusivo: el explosivo libro de Margarita Stolbizer sobre Cristina Elisabeth Kirchner

27 de agosto de 2016 12:26
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“El matrimonio Kirchner no dejó negocio sin hacer, fue la política al servicio del delito”, dice la diputada nacional en “Yo acuso”, una investigación sobre los casos de corrupción que más preocupan a la ex presidente y su familia. Infobae publica un anticipo del libro

Es la principal enemiga de Cristina Kirchner y está a punto de abrir un nuevo frente de batalla con la ex presidente. Se trata de Margarita Stolbizer, quien en "Yo acuso", su inminente libro que audazmente evoca la famosa carta abierta de Émile Zola, presenta una exhaustiva investigación sobre los negocios del matrimonio Kirchner, a quienes la diputada nacional califica de "gran empresa familiar de la política delictiva".

"Yo acuso a quienes han sido responsables de robarnos dignidad y degradarnos como sociedad para instalar una cultura de la prebenda, de la dádiva, de la coima. Acuso muy particularmente a la ex Presidenta Cristina Elisabet Fernández de Kirchner, la principal responsable, junto con su marido fallecido, de haberle robado a los argentinos en el presente y por muchas décadas en el futuro la posibilidad de una democracia más sólida y una vida más justa", escribe Stolbizer en el prólogo de su libro, que edita Margen Izquierdo y distribuirá Planeta a partir de la próxima semana.

Según la lider del GEN, el libro, escrito en colaboración con su abogada y asesora, la doctora Silvina Martínez, tiene como objetivo probar el rol protagónico de Cristina Kirchner en su enriquecimiento ilícito. Stolbizer, quien esta semana presentó una ampliación de su denuncia contra la ex presidente por "ocultamiento de patrimonio", acusó en la Justicia a Cristina Kirchner por asociación ilícita en las causas Hotesur y Los Sauces, dos de los expedientes que más preocupan a la dos veces mandataria.

A continuación, un fragmento de "Yo acuso", centrado en los negociados en torno a los hoteles de la familia Kirchner.

No fue sino hasta 2010, a partir de la muerte de Néstor Kirchner, que se dio un punto de inflexión ineludible para entender el rol de Cristina Kirchner dentro del entramado de negocios ilícitos y corrupción estructural sobre el que se viene sosteniendo desde hace décadas el modus operandi del kirchnerismo.

Mientras Néstor Kirchner estuvo a cargo de la gran empresa familiar de la política delictiva y depredadora, la figura de Cristina parecía resguardada. El argumento más instalado en el debate público era que Cristina se mantenía ajena a todos los manejos espúreos de su marido y a la estructura de poder que éste había construido en Santa Cruz y luego replicado a escala nacional, desde Casa Rosada.

La estrategia de negocio kirchnerista para aprovechar el poder republicano en su propio beneficio tuvo etapas. El primer gran negocio que los Kirchner orquestaron en un principio desde su posición privilegiada en el Sur de Argentina fue el de la obra pública. No había mucho de innovador en esa estrategia corrupta: el enriquecimiento se basaba en cotizaciones de obras de infraestructura pública que luego se adjudicaban y pagaban con sobreprecios significativos y, a cambio, retornos de los empresarios beneficiados que fueron a parar a los bolsillos privados de "la familia presidencial".

Fue más adelante que la estrategia se empezó a diversificar en nuevas "unidades de negocios: el pago de subsidios; la importación de combustibles; los negocios con Venezuela; el juego; el tráfico de efedrina, un precursor químico usado para la elaboración de droga sintética; los negocios hoteleros y financieros dentro de lo que cabe recordar el caso de la imprenta Ciccone Calcográfica SA, luego llamada y expropiada como Compañía Sudamericana de Valores.

Yo fui la primera en denunciar la operación ilícita detrás de la imprenta, que no sólo alcanza al ex vicepresidente Amado Boudou, implicado en esa operatoria ilegal. También quedaron involucrados desde la Casa de la Moneda y el Banco Central hasta la Unidad de Información Financiera (UIF) y la AFIP, que fueron partícipes necesarios para la comisión de la maniobra delictiva que terminó com la apropiación ilegal de la fábrica de billetes.

La diversificación de la estrategia de inversión ilícita y enriquecimiento corrupto no supuso en absoluto la incorporación de más socios en condiciones de igualdad. Cada uno de estos negocios tuvo un jefe distinto pero todos tributaban a la cabeza de la organización, que no sólo era Néstor Kirchner sino el matrimonio presidencial. Es decir, Cristina Kirchner fue parte fundamental de esa sociedad ilícita, estaba entre sus principales beneficiados y además, compartía el liderazgo del negocio.

Al morir Néstor, Cristina asumió el liderazgo de esa verdadera banda delictiva anclada en el clan Kirchner y puso en marcha una fenomenal estrategia comunicacional diseñada para enfatizar su luto y su dolor a lo largo de cuatro años.

El discurso grabado, altamente emotivo, con el cual Cristina se dirigió al país el lunes tras el sepelio de Néstor Kirchner, fue el paso fundacional de este plan. En un solo golpe comunicacional táctico logró dos golpes de efecto: transmitió la vulnerabilidad de su situación de viuda que debía seguir afrontando las delicadas responsabilidades que acarrea la Presidencia de la nación, lo que generaba empatía social por el contraste entre la debilidad de esa mujer y el tamaño de sus cargas, y al mismo tiempo, pronunció las palabras exactas con los gestos justos para dejar claro que asumía una posición de poder y de mando dentro de su propio partido.

El otro hecho fundamental dentro de este proceso de consolidación del poder de Cristina fue la designación de Amado Boudou como vicepresidente en junio de 2011. La decisión causó sorpresa hasta entre los propios. Boudou era un advenedizo en la política y su derrotero político no gozaba de la mejor imagen: había hecho negocios en cada una de las posiciones públicas que había ocupado. Sin embargo, se convirtió en el elegido de Cristina. No era casual: respaldaba su decisión otros logros de Boudou, su carácter de representante del los Kirchner en los nuevos negocios ilícitos que el matrimonio presidencial encaraba por esos días.

En esta cadena de develamiento del verdadero rol de Cristina en la corrupción estructural del kirchnerismo ha sido clave también la figura de Lázaro Báez. Báez es el hombre a quien la ex Presidenta reconoció como su socio, un empresario investigado por el delito de lavado de dinero en Argentina, Uruguay, Estados Unidos y Suiza. A partir de esa sociedad, se puso en evidencia que también Cristina estaba atrapada en la telaraña del lavado.

Hubo algo más que acrecentó la gravedad de esta estrategia delictiva: que contó con un relato construido en base a mentiras sostenidas a la opinión pública desde las máximas autoridades de la república y de una traición escandalosa a la voluntad popular. La maquinaria montada por Néstor y Cristina Kirchner tuvo como motor principal el enriquecimiento personal. La política al servicio del delito. Pero por delante antepusieron la hipocresía discursiva, "el relato" para montar como pantalla un compromiso fals con los derechos humanos, con los jóvenes que fueron utilizados como carnada de ingenuos.

La política en la que yo creo es otra cosa: debe ser un acto de servicio y no de aprovechamiento de la función pública y el poder para enriquecerse. Muchas veces me pregunto qué pasa por la cabeza de hombres y mujeres políticos que se dejan vencer por una voracidad económica escandalosa. ¿Cómo puede vencerlos la codicia al punto de traicionar la confianza de la sociedad?

El matrimonio Kirchner no dejó negocio sin hacer, no importa si se trataron de operaciones multimillonarias o negocios con tasas de retornos comparativamente menores, como fue el manejo para asegurar el alojamiento de los pilotos de Aerolíneas en el Hotel Alto Calafate.

Uno de los hechos que mejor ilustra el abuso de poder que desplegó Cristina Fernández de Kirchner desde el ejercicio de su cargo al frente del estado nacional fue la contratación del Hotel Alto Calafate por parte de la empresa Aerolíneas Argentina para alojar su tripulación cada vez que viajaba a esa ciudad.

Ningún negocio ilícito merece justificación, mucho menos cuando hablamos del aprovechamiento de un cargo surgido de la elección y voluntad popular, para cometer delitos contra la administración pública en beneficio personal.

Pero cuando estamos frente a un hecho de una envergadura tan menor para quien ha amasado ya una fortuna de varios millones de dólares, me cabe no sólo una reflexión desde lo político o jurídico sino también desde lo filosófico y por supuesto, desde lo ético. Hubo en esa voluntad por quedarse con todo, incluso los negocios de menor cuantía, una dimensión patológica: la codicia imprimiendo su poder sobre la ética política. No hay otra explicación política frente a un negocio menor en términos económicos.

Este contrato entre la aerolínea de bandera y el Hotel Alto Calafate resulta un ejemplo claro de esa conducta viciada que he venido describiendo. Ese marco degradado de acción implicaba no dejar pasar ninguna oportunidad de enriquecimiento personal por menor que ésta fuera.

La relación entre Aerolíneas Argentinas y el Hotel Alto Calafate empezó antes de que el matrimonio Kirchner comprara el establecimiento hotelero a José Amil López en 2008 pero el vínculo se intensificó fuertemente a partir de ese año, una vez que fueron ellos a través de las empresas de sus socios, primero Lázaro Báez y luego Idea SA., quienes administraron el emprendimiento.

Desde ese año, el Alto Calafate recibió U$S 2.543.648 de la empresa estatal en concepto de pago por el uso de sus habitaciones, una contratación que se hizo de manera directa, sin concurso de precios en el que participaran otros proveedores o establecimientos ni mucho menos una licitación pública por parte de Aerolíneas Argentinas. El Hotel Alto Calafate fue el elegido sin disimulo alguno. La justificación de la elección no se basó en mejores precios sino en una "conveniencia" derivada de una "consulta", que no hemos podido comprobar, dentro de la propia tripulación en su condición de usuaria de los servicios.

El Hotel Alto Calafate está ubicado camino al aeropuerto, a 3,5 kilómetros del centro de la ciudad patagónica de El Calafate, que se encuentra sobre la margen sur del Lago Argentino, a 320 kilómetros de Río Gallegos. Es uno de los catorce hoteles de entre cuatro y cinco estrellas en esa bella localidad patagónica, cuya principal atracción turística es el Glaciar Perito Moreno. Con sus ciento tres habitaciones, opera todo el año.

El hotel ofrece tarifas tanto en pesos como en dólares y recibe pasajeros que llegan a través de agencias con paquetes con excursiones incluidas y también turistas independientes que contratan sus servicios por Internet. Para hacer frente a la temporada baja, el Alto Calafate cuenta con una "tarifa residente" para los santacruceños y también desarrolla promociones regionales.

La arquitectura del hotel, con inmensos ventanales e increíbles vistas, es imponente. Sus habitaciones, desplegadas a lo largo de tres pisos, están diseñadas según un criterio contemporáneo, un mobiliario moderno y materiales de calidad. Hay cuatro categorías de habitación -doble, doble superior, triple y suite-. La suite tiene 40 metros cuadrados y cuenta con jacuzzi, minibar, un pequeño estar y un vestidor.

El spa y el health club tientan con el sauna, el gimnasio y la pileta climatizada, que opera todo el año y cuenta con una cascada para masajes y vistas de todo el entorno.

Para las comidas, los huéspedes disponen del Restaurante Barlovento. Entre los servicios que ofrece, se encuentran platos regionales desde la trucha patagónica hasta el cordero asado. Desde el mismo restaurante, hay visuales de todo el entorno, con el Lago Argentino y los picos nevados de las montañas que lo circundan como foco de ese escenario natural.

El 30 por ciento de la ocupación diaria del Hotel Alto Calafate es producto de la contratación directa de Aerolíneas Argentinas. Las normas de contrataciones públicas no son aplicables a la compañía. Todas las compras y contrataciones que realiza la aerolínea de bandera nacional se encuentran sujetas exclusivamente al cumplimiento de los procedimientos establecidos en su Manual de Compras Generales y Contratos.

Ese manual establece que las contrataciones deberán realizarse a través de un "concurso cerrado" pero admite la posibilidad de realizar una contratación directa cuando "se esté realizando la renovación de un contrato anterior". El concurso cerrado consiste en la invitación a posibles proveedores para que presenten sus propuestas respecto de un determinado servicio, las cuales deberán responder a las especificaciones técnicas que requiere el sector usuario. Recibidas las propuestas, se procede a su análisis económico. Se aclara también que la oferta más conveniente para la empresa no significa necesariamente la de menor precio.

En el caso de los hoteles, el sector usuario al que se refiere el manual está compuesto por la tripulación de los aviones. Para justificar entonces la elección del Hotel Alto Calafate, las autoridades de la empresa Aerolíneas Argentinas se basaron en la opinión de sus pilotos y asistentes de vuelo.

Finalmente, un representante de la Gerencia de Operaciones consideró que, además de no tener pileta, el Hotel Xelene era muy antiguo y algo ruidoso porque estaba ubicado en pleno centro de Calafate. Su recomendación fue que se contratara al Hotel Alto Calafate.

Fuente: infobae.com

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