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Poder adquisitivo, transporte y acceso a Internet, entre la infinidad de deudas de la revolución de Fidel Castro

28 de noviembre de 2016 12:25
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Los cubanos son definitivamente uno de los pueblos más ingeniosos a la hora de hacer malabares para subsistir. Los urgentes desafíos a superar en el corto plazo

Un médico egresado en Cuba gana en promedio unos 30 dólares mensuales. Esto no es un error del redactor, usted leyó bien. Treinta dólares mensuales para un egresado universitario empleado por el estado para asistir a la salud pública.

Una vez que uno toma conciencia de los misérrimos ingresos que tiene un cubano con un diploma en su haber, se logra entender la astucia de un pueblo que desde la "revolución" de 1959 se ha visto obligado año tras año a ingeniárselas mediante una variedad de trabajos paralelos para poder sobrevivir.

Aun contemplando que la salud y la educación son gratuitas -sin entrar en detalles sobre cómo el acceso a estos servicios públicos es usado en muchos casos como herramienta de extorsión política-, los números no cierran para las familias tipo que viven una vida por lo general austera en demasía comparada a estándares de otras naciones tercermundistas.

Alvarina Gonzalez es una artista del bohemio barrio del Vedado, especializada en la técnica del "vitreaux", la cual maneja mejor que nadie según sus propias palabras. Consultada acerca de su rutina de compras diaria cuando el dinero no sobra, la cubana aseguró que compra según su bolsillo, a veces más y otras muchas menos, lo que influirá directamente en la cantidad de tiempo que perderá en las eternas filas que se suelen formar en los mercados controlados por el estado.

"La libreta de racionamiento es una comida básica a un precio irrisorio. A cada persona le dan una vez al mes seis libras de arroz, una de pollo y cinco huevitos entre otras cosas. Todo lo adicional dependerá del bolsillo de cada cubano".

A pesar de las dificultades compartió que a su marido le han puesto dos "sten" sin cobrarle un peso y asegura que el mayor problema de la sociedad actual radica en la ambición desmedida de muchas personas por acumular grandes cantidades de dinero.

En lo que respecta a transporte público e infraestructura vial en la capital cubana y a nivel nacional, las deficiencias son importantes, pero una vez más el ingenio cubano logra aprovechar al máximo los escasos recursos disponibles.

El parque automotor es un claro ejemplo de esto. Compuesto en gran parte por los "Almendrones", modelos Ford y Chevrolet en su mayoría de la década del cuarenta y cincuenta, sobrevivientes de la revolución y algunos ejemplares aun más antiguos, la pintoresca postal de las calles y avenidas cubanas tiene una contracara.

La contaminación emitida por los motores diesel adaptados a esas vetustas carrocerías, sumado a la variedad de "guagas" equivalentes a los ómnibus, se funden el tráfico urbano con los Lada de la era soviética y modelos relativamente nuevos de marcas europeas y chinas, formando un ecosistema vehicular único en el mundo que llamativamente se las arregla para movilizar a una población de más de 11 millones de cubanos en un territorio donde la posibilidad de tener un automóvil propio es casi una fantasía irrealizable debido a los exhorbitantes costos.

"Eddie" es un taxista de La Habana que trabaja en promedio ocho horas diarias a bordo de su Chevrolet modelo 54, adaptado a las exigencias actuales con un motor y transmisión Hyundai de procedencia dudosa. Asegura que los taxis colectivos, que funcionan de manera similar a los populares Uber Pool modernos, son vitales para la ciudad.

Estos permiten llevar hasta cinco pasajeros y en muchas ocasiones varios más, por tarifas que no superan los dos pesos convertibles cubanos, manejándose por rutas preestablecidas transportando a personas que comparten destinos similares.

"Hay veces que el transporte público no da abasto. Si no fuera por nosotros los taxistas la mitad de La Habana quedaría parada", aseguró el chófer. A estos taxis colectivo se le suman los taxis bus de mayor capacidad y las variantes de turismo compuestas por modelos nuevos que quedan fuera del alcance de loa cubanos de a pie.

Cualquiera que camina por La Habana por primera vez se preguntará porqué, aparentemente sin motivo alguno en determinadas esquinas céntricas, decenas de personas se aglomeran como luciérnagas.

Fuente: infobae.com

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