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Apasionadas por la palabra, contaron sus vivencias como conductoras de FM

4 de abril de 2015 04:00
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Ante los flashes del fotógrafo, las chicas muestran su mejor sonrisa, esa que no se ve a través de la radio y, mientras posan, bromean: "¿Nos van a hacer photoshop, no?". Por un ratito, rompemos la magia de la radio para charlar cara a cara con cuatro reconocidas locutoras y conductoras de frecuencia modulada (FM) de Rosario: Graciana Bonifazi (Cristal FM 107.9), Maru Pezzoto (Del Siglo 99.5), Matilde Baroni (Radiofónica 100.7) y María Fernanda Rey (Del Siglo). Mujeres fuertes, audaces y locuaces, cuyas vidas están regidas por la palabra. ¿Cuál es la realidad de la locución en Rosario? ¿Cuál fue el momento más difícil que les tocó atravesar al aire? Es hora de conocer a las divas del micrófono.

"¿Dónde está la mujer morocha y gordita que decís que sos?", le preguntó un oyente el otro día a Rey, quien, al aire, suele atribuirse unos kilos demás y un color de cabello distinto. Pero claro, todo es posible al aire, y esa es precisamente la magia de la radio, que fomenta la imaginación y cautiva a millones de oyentes en este mundo globalizado y signado por la imagen.

A Pezzoto le ocurre algo similar: "Mucha gente me ha dicho que al aire parezco una mujer de 40 años y cuando me ven no lo pueden creer. Pensé que eras rubia y alta", me dicen. "A mí me suelen imaginar alta. Cuando trabajaba con Juan Junco y me conoció Ariel Bulsicco me dijo: «Ay, pensé que eras rubia y medías 1,80»", cuenta Baroni. "Si te imaginas a alguien, lo hacés de la manera que más te gustaría que sea, nunca como es", destaca Bonifazi.

Lo cierto es que con el advenimiento de las redes sociales como Facebook, Twitter, Instagram o incluso el streaming para la transmisión en vivo y en directo (una práctica que está cada vez más de moda), la conexión con el oyente dio un giro de 360 grados y la cara del locutor quedó al descubierto. "Como los oyentes me conocen por las redes sociales, el encuentro se hace mucho más suave", destaca Baroni. "En una época decía que tenía 75 años y nietos. En mi programa hago personajes y no se entiende si soy rubia, morocha, si estoy casada, divorciada o viuda porque todos los días digo algo distinto. Los volvía locos por el sólo hecho de poder jugar. Me parece muy divertido que se puedan crear esas cosas. Pero con las redes sociales se rompió esa fantasía", apunta Rey.

"Antes estaba prohibida la entrada del oyente a la radio, porque justamente la magia de la radio es no verte. Pero ahora están las redes sociales y las radios con ventana a la calle. Hoy la conexión entre el oyente y el comunicador es mucho más cercana", destaca Bonifazi. Pero la locutora se detiene en otro fenómeno de las redes sociales: el autobombo. "Hay gente que utiliza las redes para hacerse autobombo, algo ligado al narcisismo. ¡En las redes sociales son todos famosos! Si Facebook hubiese existido cuando empecé a trabajar, estaría en la CNN", bromea.

"La radio me permitió establecer vínculos con los oyentes. Hace poco falleció uno de mis oyentes y sufrí mucho. La radio también me permite ayudar y acompañar a personas que no la están pasando bien. Me escribe gente que tiene cáncer o HIV para decirme que los acompaño. Eso es la radio", afirma Rey.

"El vínculo que tengo con los oyentes está buenísimo. Mi rol en el programa está orientado a terapias holísticas y ese rol tiene oyentes a favor y otros en contra. Algunos piensan: «Uy esta loca de mierda se fumó un porro». Y otros piensan: «Esta mina es una grossa»", explica Baroni.

ME GUSTA SER MUJER. ¿Cómo es el rol de la mujer en la radio rosarina? ¿Les costó ganarse su lugar en los medios? "Tengo fama de mujer combativa y guerrera. No soy tan brava como me ven en las redes sociales, soy una pisciana mansa. Me revela mucho la injusticia. Lo bueno es que no compro lo que vendo. No compro el mundo del espectáculo o la temporada de verano. No veo televisión. Me informo por los portales de noticias y por Twitter, una herramienta fantástica. Cuando llego a casa escucho Virus, Queen, el Chaqueño Palavecino. Conduzco el programa de clásicos, que es la música que me gusta, más que los hits de ahora que no soporto? ¡Porque ya estoy grande!", cuenta Rey.

Para Bonifazi, "las locutoras son apasionadas y queribles y para lograr que la gente te quiera, tenés que ser especial, natural y espontánea".

Según Pezzoto, la realidad es clarísima. "Los programas los conducen hombres y los turnos (de locución) los hacen las mujeres. Hay una especie de machismo, sobre todo en los programas de deporte, donde si bien la mujer ha ganado un espacio, sigue marginada. Por eso es fundamental el espacio que dan los compañeros. La mujer tiene menos prejuicios que el hombre, entonces aporta una mirada un poco más abierta".

"Hay un rol definido que es el del hombre conductor y la mujer viene a hacer una co-conducción. Igual, creo que eso ha mutado. Me parece que la mujer se ha corrido de algunos lugares. Por ejemplo, cuando nació la radio en Rosario, las mujeres decían el HTH (hora, temperatura y humedad) y alguna que otra noticia, y no había intervención. Hoy en día, a partir de un montón de luchas y que la mujer pone en primer plano la cuestión profesional, hay una apertura para generar contenido. La mujer ahora no sólo habla de noticias del espectáculo sino de la actualidad. Creo que al hombre le da curiosidad saber qué piensa la mujer frente a determinados temas. Tiene otra sensibilidad y abre el abanico en cuestiones cotidianas y de análisis morales", asegura Baroni.

Pero, según Bonifazi, que además de locutora es abogada y ejerce como tal, el lugar que se le da a la mujer en los medios queda a merced de su vida familiar. "Hay mujeres muy preparadas al lado de grandes conductores. El problema es que a los tipos no les gusta tener mujeres capaces al lado por el ego. Son todos «yoístas»", advierte. Y completa: "Finalmente, la locutora está criando a sus hijos, pagando el alquiler, divorciada, encargándose de la casa, mientras que al hombre la mujer le cría los hijos, y por eso puede dedicarse al cien por ciento a su profesión. La mujer está en lo más alto de su carrera, a los 30 ó 40 años, justo cuando está en plena maternidad. Está en desventaja por su propio rol de mujer. Le falta la pata de ventas, estar en el lugar justo con la gente justa y, para eso, se necesita tiempo de café. El tipo hace el programa y después se va a socializar. La mujer hace el programa y se va a la casa a lavar los platos".

EMOCION EN EL AIRE. ¿Están siempre arriba o hubo veces en las que estuvieron atravesando situaciones personales difíciles y tuvieron que salir a remarla? "¡Todo el tiempo! Imagináte que en 25 años me pasó de todo. Como tener las primeras contracciones de mi bebé al aire o tener a un familiar en terapia intensiva y quebrarte frente al micrófono. Transité grandes alegrías y grandes tristezas frente al micrófono. Pero tenés que salir, la gente no tiene la culpa de que estés bien o mal. Para mí es un cable a tierra. Son cuatro horas en las que lidio con el placer y el resto del tiempo, en mi otra profesión, todo es litigio y negociación", reflexiona Bonifaci.

"Me ha pasado de estar con terribles quilombos al aire. Hubo veces en que quedé shockeada, pero tenés que seguir. Una sola vez me levanté del aire: cuando falleció mi padrino. No me pagan para contar mis problemas sino para entretener", señala Rey.

Pezzoto vivió una situación personal muy similar: "Mi viejo estaba internado en terapia muy mal y tenía que entrar a trabajar un sábado a la noche. Intenté hacer lo mejor posible, la gente no tiene nada que ver. La voz hay que usarla absolutamente como una herramienta".

"Una vez, se acababa de morir un amigo y tenía que ir a laburar. Fue muy caótico y salí al aire como pude. Pero cuando se prende el micrófono ya hay un tono en la voz, porque se labura con determinados matices. Si vas agudo, grave o medio. Por supuesto que hay que tener un registro y ser consciente", apunta Baroni.

EL MEJOR REGALO. Los oyentes son fieles admiradores de las chicas y lo demuestran con los más variados obsequios; desde comida casera, pasando por manualidades originales, hasta las clásicas flores y, por qué no, declaraciones de amor. "Me da miedo cuando me mandan cosas para comer, pienso que pueden estar envenenadas (risas). Una vez me regalaron un perfume con cien dólares, así que si sigue dando vueltas por ahí. ¡Que me mande mil porque me tengo que ir de vacaciones!", bromea Rey. "Me conmovió mucho cuando una viejita me trajo una toalla bordada por ella. También me ha pasado que me encaren", confiesa.

"Una vez un hombre me vino a buscar a la puerta de la radio", cuenta Pezzoto. Baroni cuenta que le han llevado flores, e incluso que hace poco le estuvieron buscando novio al aire. "Aunque nunca me enamoré de un oyente".

A Bonifazi le dieron un obsequio muy particular: "Tengo un oyente que me llama todos los años desde que empecé y jamás le vi la cara. Me llama en cada cumpleaños, tanto de él, de su mujer y de sus hijos, para que le mande un saludo al aire. El otro día me envió un audio con todos los saluditos que le mandé durante los últimos 20 años".

En definitiva, la radio es el universo infinito en el que estas mujeres vuelan con pasión, llevándose todo por delante. "Me hace muy feliz. Obviamente, como cualquier trabajo, a uno le duele la cabeza de vez en cuando, pero lo tomo como un juego. Estoy en un programa que es súper lúdico, estoy donde quiero estar, jugando", dice Baroni. Lo mismo para Pezzoto, quien destaca disfrute por sobre todas las cosas: "Me divierto y encima cobro, es realmente muy satisfactorio". "La radio tiene una magia única. La televisión es muy cruel: tenés que estar impecable, flaca, divina", apunta Rey. Espontáneas, divertidas, naturales y fuertes, sin dudas, habrá que sintonizar a estas mujeres apasionadas de la palabra.

“La mujer tiene menos prejuicios que el hombre, entonces aporta una mirada un poco más abierta. Para mí la radio es disfrute, me divierto y encima cobro, es realmente un trabajo muy satisfactorio”.

“En una época decía que tenía 75 años y nietos. Hago personajes y no se entiende si soy rubia o morocha, si estoy casada, divorciada o viuda. Me parece muy divertido. Pero con las redes sociales se rompió esa fantasía”.

“La mujer está en lo más alto de su carrera a los 30 o 40 años, justo cuando está en plena maternidad. El tipo hace el programa y se va a socializar. La mujer hace el programa y se va a la casa a lavar los platos”.

“Al hombre le da curiosidad saber qué piensa la mujer frente a determinados temas. La mujer tiene otra sensibilidad y abre el abanico en cuestiones cotidianas y de análisis morales”.

Fuente: lacapital.com.ar

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