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Atentados en París: "Se escucharon tiros, estamos tirados en el piso"

14 de noviembre de 2015 01:00
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Atentados en París: "Se escucharon tiros, estamos tirados en el piso"

Una amiga que comía cerca del canal Saint Martin vivía en carne propia lo que el mundo entero miraría por televisión durante las siguientes horas

Minutos más tarde, en el restaurante Maison de Saint Germain estaban todos conectados a sus teléfonos. A medida de que los minutos pasaban, pedían la cuenta y se iban. Sólo parecían quedar los turistas: sin conexión a Internet, estaban de repente desconectados del mundo.

A partir de las 22,30 las calles comenzaron a vaciarse. La municipalidad pedía que todos volvieran a sus casas. Los empleados de los locales todavía abiertos, como la heladería Amorino en el barrio de Odeón, cerraban anticipadamente por orden de sus encargados y se solidarizaban con los visitantes que, atemorizados, no sabían cómo volver a sus casas. Era difícil encontrar taxis, Uber y hasta bicicletas, y las líneas de subte suspendieron el servicio. La solución era caminar, mientras se respondía a las decenas de mensajes de todo tipo que llegaban de París y de la Argentina para confirmar que nadie de los conocidos estaba justo en ese momento dando vueltas por alguno de los sectores atacados.

Estos ataques en serie golpearon el corazón de París, y en esos lugares donde todos acostumbran ir: el restaurante de comida tradicional camboyana cerca del canal donde cientos de parisinos y de turistas se reúnen, sobre todo un viernes a la noche; o la sala de conciertos Le Bataclan, donde los espectadores nunca imaginaron que ese recital de rock se convertiría en una carnicería, con más de cien muertos.

En las calles vacías de transeúntes, los autos con sirenas empezaron a multiplicarse. De repente las noticias informaban de un nuevo ataque, esta vez en Les Halles, antiguo mercado central de París por el que hoy pasan diariamente miles de personas. Había que llegar a casa, era el único refugio seguro. Imposible no pensar en los ataques de Charlie Hebdo, hace once meses, que activaron el estado de alerta en esta ciudad. Los padres se acostumbraron a dejar a sus hijos en escuelas protegidas por soldados armados. Los periodistas ya conocen los nuevos caminos para ingresar a sus redacciones desde que las entradas y salidas se unificaron en un solo y único acceso. Pero algo cambió esta vez. En enero el objetivo de los terroristas era lo que acá llaman un "cuerpo de metier": los periodistas y caricaturistas, en este caso de Charlie Hebdo. Los ataques de ayer, que se extendieron pasada la medianoche acá en París, confirman que nadie está a salvo. Esa alarma interna que se enciende naturalmente desde enero de repente estalló. Y se apodera de todos los sentidos.

Fuente: lanacion.com.ar

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