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La caída de la casa Kirchner: gritos con Macri y por qué no hubo transición ni traspaso de mando│Por Nicolás Wiñazki

12 de marzo de 2017 11:39
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¿Por qué Cristina Fernández eligió dejar el poder de manera inexplicable? La última charla entre ellos, como se cuenta en "Fuero por todo", terminó a los gritos.

País Montaña Rusa. En la Argentina todo parece pasar. De largo. La coyuntura es vértigo. Los argentinos terminan por naturalizar una vida entre saltos , y de falta de apego al cumplimiento de las normas, asombrosa, pero ya no extraordinaria.

- En la Argentina de hoy, querido amigo, las leyes se han transformado en un listado de sugerencias-, le dijo el juez de la Corte Suprema Carlos Fayt a una de mis fuentes meses antes de morir.

Cristina Elizabet Fernández de Kirchner, dos veces Presidenta de la República, dejó su cargo de un modo único, esta vez sí extraordinaria, pero por los negativo. Se transformó en la primera Presidente de la democracia que volvió en 1983 en negarse a entregar los atributos de mando, y en tomarle juramento a su sucesor, Mauricio Macri, quien fue el candidato más votado en los comicios generales del 2015.

¿Por qué Cristina Fernández eligió dejar el poder de manera inexplicable?

¿Por qué despreció las tradiciones democráticas, actos simbólicos muy fuertes para un país joven?

¿Por qué rechazó que sus ministros trabajen en una transición con quienes iban a reemplazarlos de modo inevitable en la gestión Macri?

La última charla entre ellos, como se cuenta en "Fueron por todo", terminó a los gritos.

Era una imagen que -ahora podemos saberlo- sintetizaría el futuro de la convivencia entre el partido que entraba al Gobierno. Y el que se iba tras doce años de poder total.

—Le agradezco que me reciba para poder ordenarnos y organizar el traspaso de mando presidencial.

—Y sobre todo coordinar cómo será la transición entre su gobierno y lo que será el mío.

—Solo vamos a hablar de la ceremonia del traspaso de mando. Se va a hacer, como se hace siempre, en el Congreso.

—Solo vamos a hablar de la ceremonia del traspaso de mando. No de la transición, Mauricio. Mis ministros van a estar a disposición de los tuyos a partir del 11 de diciembre de 2015.

El 25 de noviembre de 2015 Mauricio Macri se había reunido por primera y última vez como presidente electo con su predecesora en el Ejecutivo de la República Argentina. Le faltaban dieciséis días para asumir y Macri ya estaba perplejo. Salía de la Casa de los Presidentes en Olivos y la política peronista lo había dejado abrumado.

Como desde 1983 para todos los presidentes electos —salvo aquellos cuyos mandatos acortó una crisis—, Macri debía asumir la primera magistratura el 10 de diciembre de 2015. Sus asesores habían imaginado que el jefe de Estado electo y la jefa que había completado democráticamente su segundo mandato tendrían mucho que decirse, y que decir a la ciudadanía.

Le habían pedido al gobierno kirchnerista, incluso, que habilitara la sala de prensa de la quinta de Olivos. Un recinto que en los últimos doce años se había usado nada.

Al salir de la residencia presidencial, Macri intentó hablar con la prensa desde la puerta de la calle Villate. Allí se arremolinaba una pequeña multitud. Muchos eran militantes de Cambiemos. Como suele ocurrir con estas dinámicas callejeras, el caos se impuso. La seguridad se vio desbordada por la desorganización. Macri apenas pudo expresar que la reunión con Cristina “fue cordial”. Había durado solamente veinte minutos.

Cristina Fernández de Kirchner recibió a Mauricio Macri en la residencia de Olivos tras la victoria del frente Cambiemos.Había derrotado al oficialismo en la segunda vuelta de las presidenciales de 2015. Paradoja del partido de gobierno. El Frente para la Victoria (FPV) kirchnerista no había hecho honor a su nombre: había perdido.

El 22 de noviembre de 2015, la fórmula presidencial Mauricio Macri-Gabriela Michetti se había impuesto en el ballotage. Con el 51,44 por ciento de los votos. La fórmula K, Daniel Scioli-Carlos Zannini alcanzó el 48,6 por ciento.

—Fue una reunión cordial pero corta, en la cual dijo que me había convocado para hacer una felicitación personal.

—Me alegro que haya confirmado que va a ir a la ceremonia como corresponde.

Cristina Elisabet Fernández de Kirchner había sido asesora municipal de su esposo intendente; legisladora provincial de Santa Cruz; diputada nacional de su provincia; dos veces senadora nacional —una representando a su localidad del sur austral, otra a su provincia de nacimiento, Buenos Aires—; dos veces presidente de la República.Y fue la primera jefa de Estado de la democracia que eligió no entregar a su sucesor en el Poder Ejecutivo los atributos del mando presidencial ni tomarle luego juramento.

Cristina Fernández ocupaba cargos públicos desde 1987. El 10 de diciembre de 2015 volvió al llano después de veintiocho años en el poder.

El día en que su esposo Néstor Kirchner asumió como intendente de Río Gallegos, ella ocupó en el palacio municipal una oficina pegada a la de él. Así gobernaron la capital de Santa Cruz. Y después la provincia.

Kirchner fue elegido gobernador en 1991 y solo dejó el cargo el 24 de mayo de 2003, para asumir como presidente de la República.Cristina, entonces senadora nacional por Santa Cruz, volvió a ocupar —como antes en Río Gallegos—, una oficina próxima a la de su marido. Esta vez en la Casa Rosada. La oficina de la primera dama daba al Patio de las Palmeras.

El 10 de diciembre de 2007, en un acontecimiento histórico único desde la recuperación democrática de 1983 —aunque, en rigor, único en la entera historia de la democracia de la Argentina—,Cristina Fernández, presidente electa, recibió los atributos del mando presidencial de manos de su marido y antecesor, el presidente Néstor Kirchner.

Ocho años después, los ministros más cercanos no hallaron modo de explicar convincentemente en público que la primera mujer elegida presidente en la historia nacional prefiriera ausentarse del juramento de su sucesor, y no le entregara ella misma, en mano, los atributos de mando del Poder Ejecutivo.

La presidente saliente se rehusó a organizar la transición de su gobierno al siguiente. No pensaban igual algunos de sus ministros. Entendían que lo mejor para ellos era ordenar con sus sucesores los papeles más delicados de sus organismos públicos y explicarles el funcionamiento de la burocracia de instituciones que durante doce años permanecieron al mando de los mismos jefes.

Pactar un “transición ordenada”, en la Argentina, era la ocasión, para los funcionarios salientes, de pactar los términos de una “paz” con quienes los sucederían en sus cargos.

Uno de los que pensaba de este modo pacificador era el jefe de gabinete, Aníbal Fernández. Y aun pensaba del mismo modo uno de los jefes de La Cámpora, Eduardo “Wado” De Pedro, que era secretario general de la Presidencia.

—Nosotros ya le hablamos. El único que puede hacerla cambiar de opinión es el propio Mauricio.

Mauricio hizo caso a ese consejo, que venía de los allegados de Cristina. Le fue peor que antes. Llamó a Cristina por teléfono; la comunicación terminó mal. Ella gritó.

—¡Y no hables del traspaso de mando! Acá la abogada soy yo.Vos sos ingeniero. ¡Es como si yo me pusiera a hablar de obras de construcción!

—¡Y además te recuerdo que cuando hubo inundaciones bien que hablaste de obras públicas!

Desde 1987 en adelante los Kirchner jamás le habían entregado el poder a nadie.Esta vez tampoco lo hicieron. La foto de un acontecimiento absolutamente rutinario en cualquier democracia presidencial falta. No existe.

(*) Wiñazki, Nicolás, Fueron por todo: Historias secretas de la Argentina K, Sudamericana, Marzo 2017.

Fuente: tn.com.ar

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