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En campaña, sorpresivo pase a retiro de Milani

24 de junio de 2015 05:48
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En una decisión inesperada, que causó enorme sorpresa en ámbitos políticos y judiciales, el cuestionado jefe del Ejército, el teniente general César Milani, tuvo que presentar ayer su pase a retiro efectivo, aduciendo “razones estrictamente personales”. Los detalles de la salida de quien fue el hombre fuerte del Ejército desde que asumió como subjefe de la fuerza en enero de 2011 habrían sido pergeñados por Milani junto a Carlos Zannini, el secretario Legal y Técnico (impuesto como vice de Daniel Scioli), cuyo despacho frecuentaba en la Casa Rosada y a través del cual reportaba a la presidenta Cristina Kirchner.

La renuncia de Milani fue aceptada ayer mismo. En su lugar se designó al general de división VGM Ricardo Luis Cundom, que estaba en un cargo de primer orden, comandante operacional del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas. Cundom, primer jefe del arma de Infantería en más de dos décadas, es veterano de Malvinas, donde piloteó helicópteros UH-1H, tiene un perfil profesional, no directamente ligado al riñón de Milani.

Milani no tenía planes de irse. Hace poco había presentado su plan de trabajo para 2015. Su renuncia habría tomado por sorpresa al ministro de Defensa, Agustín Rossi, cuyas oficinas debieron reprogramar la agenda compartidas. Las causas de su salida fueron motivo de especulaciones. Sin que haya a la vista novedades que comprometan más su situación judicial, la explicación apuntó a la intención de despejarle el camino electoral a Scioli.

Pese al poder en las sombras que tuvo por años con el manejo de la Inteligencia, la jefatura de Milani terminó siendo relativamente breve: hubiera cumplido dos años dentro de unos pocos días, ya que fue designado el 3 de julio de 2013.

Desde varios años antes, cuando fue nombrado jefe de Inteligencia en la gestión de Nilda Garré en Defensa, investigaciones de Clarín pusieron la lupa en el pasado de Milani y durante las asonadas carapintada.

Desde que asumió se acentuaron las denuncias por violaciones a los derechos humanos, cuando era un joven teniente. Milani afronta causas en la Justicia de Tucumán (por la desaparición del soldado Ledo) y La Rioja (denunciado por Ramón Olivera por secuestros y torturas), pero nunca fue citado a indagatoria. Poniendo a prueba los límites de su política de derechos humanos, Cristina Kirchner se convirtió en principal sostén, contra viento y marea, del denunciado general, en un caso paradigmático de lo ella llamaría “doble estándar”. Es que por acusaciones mucho menores de las que pesan sobre Milani, o simplemente por “portación de apellido” (ser familiares de un represor) decenas de oficiales vieron truncadas sus carreras en los años kirchneristas. “Si lo entrega vienen por ella”, argumentaban en la Rosada y hacían que el general se sacara fotos con las dirigentes kirchneristas de asociaciones de familiares de víctimas del terrorismo de Estado, Estela de Carlotto y Hebe de Bonafini. Con vacilaciones el CELS al final terminó objetando el ascenso de Milani a teniente general.

Tener un hermano peronista, dirigente de peso en Cosquín, fue determinante para la llegada de Milani al generalato. Como jefe de Inteligencia se ganó la confianza de Garré; luego de la Casa Rosada. Su poder creció en paralelo con la desconfianza creciente hacia la SIDE, que hizo eclosión a fines del año pasado cuando el Gobierno echó al mandamás de los espías Jaime Stiuso. Según la oposición Milani -que obtuvo enormes y sospechadas partidas para Inteligencia- armó una estructura paralela de espionaje al servicio del Gobierno. Milani concitó apoyos internos aún de sectores antiK. Logró cierta recomposición salarial, acomodar escalas para beneficiar a los retirados. Y hubo generalato “para todos”: hay 60 generales activos, más que en el ejército de Videla, en una estructura mucho más reducida.

Fuente: clarin.com

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