Reciba las últimas noticias sobre temas interesantes con NewsHub. Instalar ahora.

El campo minado que dejará Cristina

1 de marzo de 2015 05:13
7 0

No es seguro que, con la convulsión política-institucional de las últimas semanas, la economía vaya a ser como otras veces el eje del mensaje de la presidenta Cristina Kirchner ante la Asamblea Legislativa, cuando inaugure hoy el último período de sesiones de su gestión. Pero sí que toda referencia tendrá la típica impronta presidencial de comparar los actuales datos socioeconómicos con los de 2003 para exaltar "logros históricos" en valores nominales, como si los pesos de 2015 no hubieran sufrido la erosión de una inflación acumulada de 600%, que su gobierno se dedicó a negar o camuflar sistemáticamente. Sin ir más lejos, los flamantes billetes de $ 50 dedicados a las islas Malvinas debutan esta semana con la condena de quedar ajados en bolsillos y billeteras, cuando habría sido más razonable que fueran de $ 500 para, al menos, facilitar las transacciones en efectivo.

Las comparaciones con 2003, cuando la Argentina salía de su peor crisis, ocultan también el progresivo agotamiento del "modelo productivo" a lo largo de la era K. Durante la gestión de Néstor Kirchner (2003/2007), el PBI creció a "tasas chinas" (casi 9% de promedio anual), que se redujeron a la mitad (4,7%) en el primer mandato de CFK (2008/2011), afectadas por la crisis global. Y en el segundo (2012/2015) muestran un estancamiento (0,8%), como reflejo del retroceso de la inversión y la creación de empleos privados a raíz del cepo cambiario y el mayor intervencionismo sobre la economía. Hoy, el PBI per cápita es más bajo que en 1998 y la inversión bruta equivale al 20% del PBI, nivel insuficiente para crecer al 4/5% anual y diez puntos debajo del que sería necesario para hacerlo a "tasas chinas".

Con el año 2015 prácticamente jugado, las expectativas económicas están puestas en 2016. Principalmente en los mercados financieros, que ya apuestan a que el gobierno de cualquier signo que suceda al de CFK no tendrá otra opción que corregir los serios desequilibrios macroeconómicos que herede, a fin de bajar de manera consistente la inflación, reinsertarse en el mundo, generar confianza y reflotar el potencial productivo, con mayor inversión y movilización de los ahorros en dólares (no menos de 150.000 millones), que muchos argentinos mantienen "encanutados" fuera del circuito económico formal.

La única novedad en este último punto es que el gobierno de CFK busca otra vez colocar deuda en dólares (Bonar 2024) "para demostrar que la Argentina no está en default", aunque la operación con bancos extranjeros se complica por el conflicto con los holdouts. En realidad, es una admisión implícita de que las reservas líquidas escasean para atender los vencimientos externos y reactivar la economía. Y que, en un mercado internacional abundante en liquidez y tasas bajas, los activos argentinos al 8/ 8,5% anual resultan atractivos por su riesgo más acotado, porque los pagos recaerán en futuros gobiernos.

Con menor o mayor énfasis, el endeudamiento externo también figura en los borradores económicos de la mayoría de los presidenciables. Por ahora, es prematuro aventurar si apunta a suavizar en 2016 el costo político de corregir los problemas y mejorar la infraestructura, o bien a postergar soluciones. En uno y otro caso, conviene recordar que cualquier futuro gobierno deberá lograr un fuerte respaldo político y legislativo para transitar por el campo minado de la economía, teniendo en cuenta que en la primera vuelta electoral no sólo se vota presidente sino la mitad de la Cámara de Diputados y un tercio del Senado. Y también una antigua y lúcida definición del economista Orlando Ferreres, según la cual "en la Argentina se festejan los créditos y se lloran las deudas"..

Fuente: lanacion.com.ar

Compartir en las redes sociales:

Comentarios - 0