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Champions League: Lionel Messi, la cara más golpeada de la eliminación de un Barcelona impotente y sin chispa

19 de abril de 2017 23:30
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Champions League: Lionel Messi, la cara más golpeada de la eliminación de un Barcelona impotente y sin chispa

El argentino forzó todo lo que pudo a Juventus, pero sin demasiada puntería; al final, los catalanes volvieron a quedarse fuera en cuartos de final, como el año pasado

Luis Enrique había vaticinado que el segundo gol lo hacía el Camp Nou y el tercero iba a caer solo. El tema era convertir el primero, ese objetivo que Barcelona no alcanzó nunca en 180 minutos, ni en Turín ni en tierra catalana, donde hacía casi cuatro años que por la Champions League no se quedaba en cero (derrota por 3-0 ante el Bayern Munich del triplete).

Quedó lejos Barcelona de repetir un milagro como el 6-1 sobre París Saint Germain. No sólo porque no hay dos partidos iguales, sino también porque la oposición de los italianos fue diferente a la de los franceses, mucho más férrea y menos asustadiza. Juventus sólo recibió dos goles (ambos de pelota detenida, uno de Nicolás Pareja con Sevilla) en 10 partidos en esta competencia. La Vecchia Signora hizo dos tipos de cotejos diferentes, ambos muy efectivos para sus intereses de clasificación a las semifinales. Uno atrevido e intenso en la ida, con un Paulo Dybala sobresaliente, consagratorio por los dos goles. Y otro de más control de visitante, encomendado a esa fuerte vena defensiva que tiene incorporado a su ADN como buen equipo italiano que es. En algún momento se vio acorralado y sometido a los remates de Barcelona, pero nunca entró en pánico ni paralizado por la trascendencia de la cita y del escenario. En cambio, Barcelona entregó en la mayor parte de los 180 minutos la misma imagen: impotencia, un continuo remar río arriba para nunca llegar a destino.

Campeón en tres de las últimas ocho ediciones, Barcelona vuelve a quedarse en la barrera de los cuartos de final, como hace un año contra Atlético de Madrid. Aquella vez lo hizo sufrir hasta el final al conjunto del Cholo Simeone. Ahora, el interminable Buffon y compañía se sintieron en semifinales desde un buen rato antes de que terminara el partido. La comparación sirve para reflejar que este Barcelona es un poco menos que el del año pasado. En todo: en juego, en lucidez, en chispa. Son parámetros que suelen descender cuando la motivación y el hambre de triunfo disminuyen con respecto a otros momentos.

Un Camp Nou completo, con espectadores que se quedaron hasta el minuto 95, como había pedido Luis Enrique, despidió al equipo con agradecimiento, haciendo flamear banderas. Una gratitud por tiempos pretéritos más felices y también un reconocimiento a un Barcelona que lo había intentado todo, con dignidad, pero sin puntería: de 19 remates, uno solo fue al arco, uno de Lionel Messi en el primer tiempo que bloqueó Buffon. El rosarino fue el que más buscó los tres palos, con siete disparos. La mayoría salieron desviados por poco. Otra evidencia de que no era la noche, más allá de que vergüenza deportiva nunca le faltó a Barcelona.

Tras un comienzo activo, Dybala no brilló como en Turin. Tampoco parecía en plenitud por el golpe en el tobillo que arrastraba desde el sábado. Gonzalo Higuaín estuvo amenazante, pero se mantiene esa constante de que el gol en Europa se le atraganta mucho más que en los torneos de liga.

En medio de la ovación que bajaba desde las tribunas, Messi se fue de la cancha con un gesto sombrío, de resignación, tras intercambiar la camiseta con el implacable zaguero Bonucci. La eliminación le dolía más que el golpazo que se dio contra el piso al ser desestabilizado en el aire por Pjanic. Messi deja esta Liga de Campeones siendo el goleador vigente, con 11, amenazado, cuándo no, por un Cristiano Ronaldo que sigue en carrera, con siete.

El desconsuelo, con llanto incluido, era de Neymar, a quien sus rivales y compatriotas Dani Alves y Alex Sandro se acercaron para darle ánimo.

Es todo muy reciente para determinar si en Barcelona vendrán varios cambios, una nueva era, que igual nadie imagina sin el tridente Messi. Suárez y Neymar. Tendrá que buscar director técnico (Ernesto Valverde, del Athletic Bilbao, parece estar más cerca), mientras Luis Enrique se está despidiendo sin que los hechos refrenden sus palabras de que este es el mejor plantel de Barcelona en sus tres temporadas de técnico. El equipo claudicó ayer con la guardia pretoriana, salvo por la inclusión de Umtiti por Mascherano, que ingresó en el segundo tiempo. Jordi Alba retomó la titularidad que últimamente había perdido. Iniesta, cuyo futuro está en vilo, tiene destellos, pero ya no dicta el guión de juego. Los refuerzos (Alcácer, André Gomes, Denis Suárez, Digne) todavía no dan la talla y la cantera no está siendo tan prolífica.

"Es una noche para estar orgullosos. Me quedo con la actitud de los jugadores y la hinchada. Lo justo hubiera sido el triunfo", dijo Luis Enrique en la conferencia de prensa. El domingo visita a un Real Madrid que le lleva tres puntos con un partido menos. No le sobra tiempo a Barcelona para lamerse las heridas. Apenas el necesario para demostrar si conserva el fuego sagrado o se apaga irremediablemente.

Fuente: lanacion.com.ar

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