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Los cinco dilemas que enfrenta el peronismo

22 de octubre de 2017 03:08
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Con Cristina, la búsqueda de la unidad se complica. Hablan de la posibilidad de “un Massaccessi” para 2019.

La elección de hoy es provincial pero su efecto es nacional. Mauricio Macri mirará todo el mapa y la oposición, peronista más allá de cacicazgos y sellos, querrá leerla parcelada, medida en figuras más que en territorios.

2. Parcelas. Si se cumple el vaticinio de Juan Manuel Urtubey sobre que el país tiende a ser políticamente "monocromático", ahora amarillo, habrá pocos referentes emergentes del PJ territorial. De catorce gobernadores panperonista en las primarias solo ganaron siete y, de esos, solo el salteño mostró -y mostrará- pretensiones de nacionalización en la carrera de posicionamiento para el 2019, al punto que prepara un mensaje al peronismo para la noche de la elección. De los demás, varios son nuevos -Domingo Peppo, Sergio Uñac, Sergio Casas, Juan Manzur- y otros no parecen interesados en emerger. ¿Tendrá el PJ que recurrir a jefes provinciales perdedores para pelear en 2019? Difícil. La elección parcelada, sin jefaturas, anima la teoría extendida entre referentes peronistas de que puede haber macrismo hasta 2023. Frente a eso, según define un operador, el PJ está en busca de un Horacio Massaccesi para el 2019. Se refiere al radical que gobernó Río Negro y en el 95 compitió por la UCR contra Menem: sacó 17 puntos, quedó tercero. Cuatro años después, ganó De la Rúa.

3. Numerología. El peronismo es matemático: los jefes cotizan los votos que sacan, el territorio que controlan, el presupuesto que administran. Esa suele ser su debilidad: los gobernadores, como los intendentes, deben tener buena relación con los oficialismos y el eslabón directo son los legisladores. Cómo se estructuren los bloques en el Congreso será la primera pista de si es posible el acercamiento entre las tribus. Cristina cree que con un Macri "radicalizado" en su ajuste, el peronismo se terminará agrupando en el Congreso aunque al principio haya bloques separados. Esa expectativa no aparece en los demás: salvo a Insfrán y, más tibiamente Corpacci, a los gobernadores todavía los aterra más el factor Cristina que el factor Macri. Hay un hilo delgado que enlaza, como contracara de la ex presidente, a mandatarios con Sergio Massa, Florencio Randazzo, Miguel Angel Pichetto, sindicalistas varios y jefes con territorio como Omar Perolli.

4. "Homo bonaerensis". Con esa definición latinizada, Ramón Puerta llamó a los peronistas de la provincia en su descripción imaginaria de los "biotipos" peronistas según su procedencia. Con los homo bonaerensis empezó la rebeldía (y se apagó) contra Cristina. A los intendentes, que en su mayoría terminaron alineados detrás de la ex presidente, se los mira desde las provincias como actores imprescindibles para que disputen la representación electoral de eso que se llama Unidad Ciudadana. En paralelo, aparece otra hipótesis positivista: la creencia de que juntando los pedazos (UC, el massismo, Cumplir), el panperonismo está en condiciones matemáticas (en las PASO sumaron 55%) de pelear la gobernación de la provincia en 2019. En esa sintonía empezaron a operar los distintos campamentos, incluso en el planeta K, donde entienden que aun perdiendo Cristina será una pieza inevitable en cualquier construcción bonaerense.

5. Jefaturas. En diciembre, el PJ bonaerense hará su interna para elegir autoridades, cargo que hoy ocupa Fernando Espinoza. La construcción de un acuerdo, atado a lo que ocurra con las bancadas en la Legislatura bonaerense, será una de las primeras señales de si dentro de la provincia puede producirse algún cisma o desafío contra Cristina y el kirchnerismo, en particular La Cámpora. En teoría, Cristina apoyaría que Verónica Magario sea la futura jefa del PJ provincial para reforzar una alianza con la Matanza, un mensaje potente hacia dentro del partido.

Fuente: clarin.com

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