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Las claves detrás de la declaración de Boudou

10 de junio de 2014 09:30
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Las claves detrás de la declaración de Boudou

"Hoy hice mi declaración jurídica, la política la dejaré para otra instancia". Esas fueron las palabras que pronunció Amado Boudou tras casi ocho horas de declaración ante el juez Ariel Lijo en el marco del expediente Ciccone.

Quienes lo escucharon, al pie de las escalinatas de Comodoro Py, se sorprendieron por demás: ¿No iba a contar su verdad? ¿Acaso no había prometido el vice desovillar la madeja política que supuestamente envuelve a su tragedia?

Apenas sí cuestionó a Lijo por no dejarlo filmar el acto en cuestión y volvió a repetir, cual mantra, que estaba siendo víctima de un “linchamiento mediático”, siempre perpetrado por los diarios Clarín y La Nación.

A fojas 13 de la declaración de Boudou puede percibirse su malestar: allí el vice le pide al juez que pruebe que él es dueño de Ciccone. Acto seguido, el magistrado le recuerda que el acto ad hoc no es un diálogo, sin una declaración indagatoria.

Dicho esto, Boudou retomó una vieja estrategia: poner la lupa sobre la acción de la AFIP en torno al salvataje de Ciccone. Si bien aseguró que Ricardo Echegaray —jefe de esa dependencia— “actuó bien”, pronto puntualizó respecto de una serie de medidas que, más que ayudarlo, lo complicaron.

Al mismo tiempo, volvió a la carga respecto de su titular: "Es evidente que no cometí ningún hecho ilícito, pues sino el licenciado Echegaray tendría que haberlo denunciado", dijo a fojas 17.

Luego, declaró lo que se esperaba y no dio mayores sorpresas: juro que jamás se apropió de la ex Ciccone y que la avanzada de la familia que es dueña de la calcográfica fue una "gran puesta en escena".

Según Boudou, Lijo nunca investigó a los "empresarios de fuste" que sí tuvieron que ver con el traspaso de la imprenta.

Cuando el juez le requirió nombres concretos, el vice solo apuntó al banquero Raúl Moneta, de quien siempre se sospechó que fue aportante de parte de los 50 millones de pesos que permitieron levantar la quiebra de la empresa. “El señor Moneta ha movido decenas de millones en este expediente”, aseguró a fojas 25.

¿Acusó Boudou a Moneta por el hecho de que no puede defenderse debido a la enfermedad degenerativa que hoy lo domina? ¿Pudo haber sido el banquero mendocino el único aportante? Son algunas de las dudas que quedaron flotando y que no pudieron evacuarse ayer.

Respecto de la figura de Moneta, sorprendió que el vice lo comparara con Alfredo Yabrán, quien supo controlar Ciccone a través de una deuda que la calcográfica mantenía con un banco suizo en los años 90.

Si bien Yabrán nunca apareció mencionado en los papeles, se sabía que estaba detrás de algunos de sus millonarios negocios, de los cuales el menemismo no era ajeno. ¿Acaso ahora ocurre lo mismo? ¿El kirchnerismo dejó a "financistas fantasma" hacer y deshacer dentro de Ciccone? Si es así, ¿a cambio de qué?

Está claro que Boudou jamás hubiera hecho estos señalamientos si este escándalo no hubiera salido a la luz. Hoy, por caso, nadie estaría hablando ni de Moneta ni de Brito.

Más adelante, en tren de quitarse más responsabilidades de encima, el vice negó su participación en el freno de un proyecto de modernización de la Casa de la Moneda que beneficiaba a Ciccone. Ello a pesar de la evidencia fáctica que obra en el expediente de marras, aportada por el ex titular de esa entidad, Ariel Rebello.

Boudou aseguró que el desguace de la Casa de la Moneda —curiosamente hoy comandada por su amiga Katya Daura—fue responsabilidad de los ex presidentes Eduardo Duhalde y Fernando de la Rúa.

A uno y otro los acusó de haber vehiculizado jugosos negocios que beneficiaron a la empresa Boldt, competencia directa de Ciccone en puntuales contratos.

No fue un señalamiento casual: Boudou insiste en culpar a la familia Tabanelli —los dueños de Boldt— de los pesares judiciales que hoy lo aquejan. Ese clan supo tener alquilada la planta de Ciccone en los días en que la calcográfica fue adquirida por personeros vinculados a su persona.

Para cerrar el capítulo sobre la Casa de la Moneda, el vice aseguró —sin que nadie se lo preguntara— a fojas 21: “Nadie puede pensar que un miembro del Poder Ejecutivo puede influir en las decisiones de un organismo” como la Casa de la Moneda”.

A la hora de puntualizar sobre sus socios y supuestos testaferros, Boudou insistió en la estrategia de negar vínculos y apelar al célebre “no recuerdo”.

Por caso, dijo desconocer a su amigo Sergio Gustavo Martínez, quien hasta compró en su momento dos camionetas a efectos de impulsar su precandidatura a jefe de gobierno porteño.

Martínez, hoy prófugo de la justicia norteamericana, es socio minorista de la misteriosa The Old Fund y aparece complicado en el otro expediente que jaquea a Boudou, el de enriquecimiento ilícito.

Allí, aparece vinculado de manera indirecta con el vice a través de la firma Beaver Cheek.

Luego, llegó el momento más esperado, cuando el juez le preguntó a Boudu acerca de su eventual relación con Alejandro Vandenbroele, quien apareció repentinamente como director de Ciccone.

El vice insistió en no conocerlo, ello a pesar de que Lijo le recordó que este vivía en un departamento a su nombre en Puerto Madero y hasta había pagado algunas facturas del mismo. Boudou aseguró que él alquiló ese inmueble a un abogado argentino que vive en España llamado Fabián Carosso Donatiello y que este a su vez lo subalquiló.

A la hora de hablar sobre el primer vicepresidente de la “nueva” Ciccone, Jorge Capirone, el vice volvió a apelar a la misma estrategia: si bien reconoció que lo conoce históricamente, aseguró no verlo desde el año 1998.

Un dato: Núñez Carmona debía presentarse hoy a declarar ante el magistrado pero se excusó asegurando estar fuera del país. En realidad, su temor redunda en la posibilidad de ser procesado y, eventualmente, detenido en el mismo acto por el juez.

¿Cómo podría negar Núñez Carmona sus vínculos con Vandenbroele y otros de los investigados por Lijo cuando la evidencia abunda en este y otros expedientes?

Hay un dato que lo preocupa por demás: sabe que el magistrado lo investiga, no solo como socio del vice sino como su posible testaferro. ¿Es apenas coincidencia que Boudou y Núñez Carmona hayan incrementado sendos patrimonios a partir del año 2008?

¿Cuán factible es que se den tantas coincidencias alrededor de Boudou y que este no esté al tanto de nada? ¿Es posible que tantos amigos y conocidos suyos hayan avanzado en un negocio de semejante talla sin que este lo supiera? Ninguna ley de probabilidad puede sostener esa chance.

A esta altura, dos cosas son seguras: el vice volverá a declarar, tal como anticipó al final de su propio escrito; por otro lado, Lijo tiene decidido procesarlo en los próximos días.

Para hacerlo, aprovechará los fundamentos que le "regaló" ayer mismo la Sala I de la Cámara Federal —otrora kirchnerista— respecto de la validez de los testimonios del clan Ciccone.

Luego, comenzará a impulsar otra causa por la cual ya ha imputado a Boudou en el año 2012: la de enriquecimiento ilícito. Allí, también buscará indagar y procesar al vice.

A diferencia del caso Ciccone, en ese expediente se investiga un delito que no es excarcelable y que puede llegar a los seis años de prisión efectiva.

Está claro que Boudou tiene de qué preocuparse, no tanto por el hecho de poder terminar tras las rejas —lo cual no es menor—, sino por ser el primer vicepresidente en ejercicio que llega a una instancia penal de semejante relevancia.

Fuente: mdzol.com

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