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El clero debe estar alejado del poder, advirtió Francisco

30 de julio de 2016 20:42
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El clero debe estar alejado del poder, advirtió Francisco

Lo advirtió el Pontífice en una misa ante religiosos polacos, en Cracovia. Dijo que la iglesia no debe encerrarse "por miedo o comodidad" y debe salir al encuentro de la gente.

En su penúltima jornada en Polonia, el Papa Francisco volvió a tener este sábado a la tarde un gran baño de multitud con los más de un millón y medio de jóvenes que participan de la Jornada Mundial de la Juventud, que nuevamente lo ovacionaron, esta vez en la tradicional y festiva vigilia previa al cierre de este domingo. Y con la que terminó una intensa jornada que incluyó, entre otras actividades, una visita a dos emblemáticos santuarios, con momentos de honda espiritualidad. Pero en uno de ellos hizo un severa advertencia a clero, al afirmar que este debe estar distante del poder, las comodidades y seguridades mundanas. Si bien su señalamiento abarca a los dignatarios católicos de todo el mundo, se interpretó como llamado de atención a los eclesiásticos polacos, muchos de los cuáles están cercanos al actual gobierno, de perfil nacionalista, e incluso algunos llevan una vida bastante acomodada.

De hecho, Francisco realizó el planteo en la misa que ofició para los sacerdotes, religiosos, religiosas y seminaristas polacos, en el moderno santuario dedicado a san Juan Pablo II, en las afueras de Cracovia. Además, ante un clero de mayoría conservadora, les pidió no quedar encerrados “por miedo o comodidad” y -en línea con las premisas que caracterizan su pontificado- que salgan al encuentro de la gente con una actitud misericordiosa. Tras la celebración, el arzobispo de Cracovia y secretario histórico de Juan Pablo II, cardenal Stanislaw Dziwisz –conservador- pareció refutarlo en parte cuando declaró a la prensa que “hoy un grupo numeroso de misioneros y misioneras polacos anuncian a Cristo en todos los continentes. De esta manera pagamos también la deuda por el bautismo recibido de nuestros antepasados hace 1050 años", subrayó.

“(El que abraza la vocación religiosa) huye de las situaciones gratificantes que lo pondrían en el centro, no se sube a los estrados vacilantes de los poderes del mundo y no se adapta a las comodidades que aflojan la evangelización; no pierde el tiempo en proyectar un futuro seguro y bien remunerado, para evitar el riesgo de convertirse en aislado y sombrío, encerrado entre las paredes angostas de un egoísmo sin esperanza y sin alegría”, dijo el Papa. Además, le alertó al clero sobre “la tentación de quedarse un poco encerrados, por miedo o comodidad, en nosotros mismos y en nuestros ámbitos”. Y dijo que “Dios quiere corazones verdaderamente consagrados, que viven del perdón que han recibido de él para derramarlo con compasión sobre los hermanos”.

Francisco había iniciado la jornada visitando el santuario de la Divina Misericordia, una devoción que creció fuerte en la Iglesia en las últimas décadas de la mano de la monja polaca Faustina Kowalska, fallecida en 1938 y canonizada por Juan Pablo II. Ni bien llegó fue a la capilla contigua a rezar ante la tumba de la santa. Luego abrazó a cinco niños gravemente enfermos y sus padres, atravesó la Puerta Santa del santuario en el Año de la Misericordia, rezó en el templo y, finalmente, confesó a ocho jóvenes de diversos países. Luego, pasó al lindante santuario dedicado a Juan Pablo II –construido en el terreno donde estaba la fábrica en la que trabajaba Karol Wojtyla- para la misa con el clero. En ese templo se exhibe la sotana que puesta Juan Pablo II el día que sufrió el atentado y que conserva las manchas de sangre.

Al mediodía, Francisco almorzó en el arzobispado de Cracovia con doce jóvenes de los cinco continentes, con quien mantuvo un diálogo distendido, donde no faltaron comentaros sobre fútbol y hasta una colombiana le preguntó si podía vivir sin tomar mate, a lo que este respondió que sí, aunque admitió que a veces algún compatriota lo convidaba. Bien distinto fue el cariz de la visita que –fuera de programa- el Papa realizó por la tarde a la iglesia de San Francisco Cracovia, donde se encuentran las reliquias de dos misioneros polacos asesinados en Perú en 1991 por la guerrilla de Sendero Luminoso. "Mueve los corazones de los terroristas para que reconozcan la maldad de sus acciones y vuelvan a la senda de la paz y el bien, el respeto por la vida y la dignidad de cada ser humano, independientemente de su religión, origen o status social", le rogó el Papa a Dios.

Finalmente, llegó al Campo de la Misericordia, donde cerca de 1,6 millón de jóvenes, según el vocero del Vaticano, padre Federico Lombardi, lo esperaban ansiosos. Antes del mensaje papal y los cánticos festivos, tres jóvenes dieron duros testimonios. Sobre todo, lo fue el de Rand Mittri, una chica de 26 años, que con la voz por momentos quebrada relató la terrible vida en Aleppo, en Siria, de donde es oriunda, "una país –dijo- olvidado". Los restantes fueron de Miguel, de Asunción, Paraguay, que tiene 11 hermanos y fue "el único con problemas de drogadicción" y contó que logró recuperarse en un centro católico. Y una chica polaca, redactora de una revista de moda, que relató que se pasaba de fiesta en fiesta hasta que una confesión cambió su vida.

Francisco, en su mensaje, hizo un fuerte llamado a los jóvenes a no caer en la comodidad que llamó la “felicidad-sofá” y comprometerse con las realidades del mundo, ser protagonistas.

Fuente: clarin.com

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