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Cristiano Ronaldo, el rey de la Champions

4 de junio de 2017 09:07
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El portugués fue la gran figura de la final ante la Juventus. Marcó dos goles y terminó como el máximo anotador de la competición.

Cristiano Ronaldo es omnipresente: aparece en el campo de juego, con su festejo, abrazado con compañeros, con amigos, con familiares, con todos. También se muestra -sin querer o no tanto- en la pantalla gigante y en las banderas con su retrato que flamean en las tribunas repletas del Millennium de Cardiff. En todos lados aparece sonriente. Esta vez no se trata de una postura de publicidad ni un mandato de guión; cada gesto tiene la naturalidad lógica de la conquista que acaba de suceder. El portugués nacido en Funchal resulta la cara de la victoria del Real Madrid frente a la Juventus, de ese 4-1 para la historia, de La Duodécima Orejona, de la tercera Champions en cuatro años para la Casa Blanca.

Es la primera escena posterior a otro partido consagratorio para Ronaldo. Pasado en limpio: fue el jugador más influyente en el resultado, marcó dos goles (el primero y el tercero), superó a su archirrival Lionel Messi como máximo anotador de esta edición de la Champions (con 12 tantos en 13 encuentros), también en esta edición fue el segundo en el rubro asistencias, sólo detrás de Neymar. "Me preparé para esto", dijo -todavía sonriente- tras el partido. Ya lo sabe: el premio The Best -que la FIFA entregará en octubre- y el Balón de Oro -que France Football ofrecerá en enero- serán para él. Ya no compite nadie. Ni el inmenso Gianluigi Buffon, el otro gran candidato, quien recibió más goles en estos noventa minutos de la final que en los 12 partidos anteriores.

Parece un determinismo: Cristiano sabe que en algún momento -jugando bien, regular o mal- tendrá su momento para convertirse en superhéroe, eso que tanto le gusta desde los días de niño. El año pasado, en la final ante el Atlético de Madrid, en el Meazza, había tenido una actuación muy floja durante los 120 minutos. En los penales, le quedó el último, el que transformó la ansiedad en triunfo. Como en Cardiff, aquella vez todos los flashes le apuntaron a esa sonrisa y a ese festejo para que recorriera el mundo.

Hubo tres estallidos en su recorrido por el partido. El primero, ese gol inaugural que ideó y que ejecutó con maestría, con la colaboración de su asistente Daniel Carvajal. El segundo, el gol que demolió a la Juventus, a los 18 minutos del segundo tiempo: puso su pie derecho y su oportunismo para cambiar por gol un perfecto centro atrás de Luka Modric. El tercero, cuando el árbitro Felix Brych estableció el final del encuentro y Cristiano sintió la certeza de un nuevo título, el que más le gusta. El número 23 de su palmarés; su cuarta Champions.

Más allá de sus apariciones determinantes, en todo momento se mostró como un líder. Brindando indicaciones, alentando, pidiendo la pelota, concentrado, incluso generoso al momento del retroceso. En definitiva, una suerte de contracara del imaginario respecto de él: el del jugador egoísta, el del acaparador de goles propios por encima de las conquistas colectivas.

Hay datos que retratan su influencia: es el máximo anotador de la historia de la Champions (con 106; 12 más que Messi); en cinco temporadas fue el que más tantos marcó; ya superó los 600 goles oficiales incluyendo todas sus camisetas. No es una exageración:es el primer futbolista de la historia del Real Madrid -la institución más exitosa del mundo, Club del Siglo XX para la FIFA- capaz de sentarse al lado en el pedestal del intocable Alfredo Di Stéfano.

Parece que tiene razón el técnico, Zinedine Zidane, cuando lo define: "Lo que más me importan son sus ganas de ganar. Tiene una cosa dentro que lo convierte en un líder nato para los demás en el campo". Ese rasgo de ganador compulsivo lo arrastra desde que era niño, cuando jugaba en el Andorinha. Le decían Niño Llorón, casi a modo de apodo, como publicó Luca Caioli en el libro "Cristiano Ronaldo, historia de una ambición sin límites". No le gustaba perder a nada. Ahora, menos.

Por eso, con la Champions ante sus ojos, con el abrazo de Marcelo, suelta un puñado de palabras que cuentan el precioso escenario: "Muy contento, un récord más, otra vez. Es un final de temporada espectacular. Somos un equipo muy bueno y lo demostramos una vez más. Tenemos mucha confianza en nosotros". Sí, un idilio. Cristiano y Real Madrid. A esta altura, casi lo mismo.

Fuente: clarin.com

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