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El día negro de Messi, tan aturdido por la sanción como por un futuro complejo para la selección

29 de marzo de 2017 02:34
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El día negro de Messi, tan aturdido por la sanción como por un futuro complejo para la selección

El día negro de Messi, tan aturdido por la sanción como por un futuro complejo para la selección

LA PAZ.- Acostumbrado a dormir hasta tarde, esta vez se despertó temprano. Saltó de la cama en su habitación del hotel Sun en Santa Cruz de la Sierra. La ansiedad muy pronto se convirtió en estremecimiento por la noticia que rebotó en cada rincón del mundo. Estaba advertido, pero ni se imaginaba una sanción tan severa. Malvada, sí, porque esa fue su primera percepción. Desde entonces quedó aturdido, por momentos como ausente. En el resto del día Lionel Messi ya no podría escaparle a una sensación de incredulidad, como si la pesadilla le estuviera ocurriendo a otro. No a él.

Se activaron mil rumores, hasta que se volvía a Buenos Aires y no acompañaba a sus amigos que escalarían a la capital boliviana. Nada de eso era posible porque, esencialmente, el chárter que Barcelona y París Saint Germain habían contratado para que volviesen de inmediato el capitán de la selección y Ángel Di María., esperaba estacionado en la pista del aeropuerto de El Alto, en las afueras de La Paz. Messi estuvo. Algo fantasmal, es cierto, rumiando bronca y masticando desconsuelo. Se mostró poco, no habló y los contados gestos públicos se los reservó para devolverles el saludo a los hinchas. Argentinos y bolivianos, atrapados por el mismo imán.

En ese equipo atormentado que es hoy la selección, hasta el mejor del mundo terminó eyectado. Por propia irresponsabilidad, más allá de la demora y severidad de la FIFA para expedirse. No fue prolijo que la confirmación de la pena llegase a Buenos Aires a las 10.32 del mismo día del partido. Extraño: se utiliza la tecnología para sancionar, pero aún no para corregir un offside. Paradójico: el hombre que comunicó el silenzio stampa del grupo, recibió el mayor castigo de su carrera por hablar.

Las desprolijidades habilitaron a que Jorge Miadosqui ensayara otra defensa insustancial y terminara culpando a la prensa por difundir los exabruptos de Messi. Para que Marcelo Tinelli hiciera oír su voz quejosa en el peor estreno imaginable para su función de presidente de Selecciones. Para que Javier Medín saliera a protestar contra la FIFA y a advertir algo así como que 'esto no quedará así'. cuando él hoy ya no tendrá más nada que ver con nada. El fútbol argentino saldrá en defensa de su capitán y se recorrerán diferentes vías recusatorias, incluido el TAS. Será el primer dolor de cabeza para la administración de Chiqui Tapia, que ya sueña con al menos lograr la reducción de una fecha para exhibir la conquista como su primera obra de gobierno. En el desconsuelo, todos advierten la oportunidad de trascender. De congraciarse, también.

Cuando Messi bajó del ómnibus que trasladó a todos desde el aeropuerto e ingresó en el estadio Hernando Siles, llovía. Nada espantó a la muchedumbre que lo esperaba. Se arrojaron sobre las vallas y lo ovacionaron. Bolivia lo adora: él era el motivo más atractivo para agotar las entradas. Por eso, también quedó un halo de decepción en la gente. Muchos querían verlo jugar; muchos querían ganarle a la Argentina con Messi para que no se les fuera a devaluar el triunfo. Pero en ningún momento se la tomaron con Messi: su chapa de ídolo quedó a salvo. Es más, sacó lustre porque la gente lo bañó con su amor incondicional.

Messi nunca abandonó las entrañas del estadio Hernando Siles. Se refugió en el vestuario local y desde ahí siguió todo el partido, acompañado por Tinelli y Miadosqui, los tres frente a un televisor. Antes, integrantes de la delegación albiceleste buscaron algún lugar entre los pisos 4° y 5° del coloso del barrio Miraflores, pero la seguridad del jugador no estaba garantizada. Entonces el presidente de la Nación, Evo Morales, lo invitó a su palco, pero Messi agradeció la delicadeza. No estaba de humor para cuestiones protocolares. Igual, el jefe de Estado lo respaldó en su cuenta en Twitter. Una coincidencia en el ciberespacio con su colega Mauricio Macri, que también alentó al equipo y a su capitán en las redes sociales antes del partido.

La messidependencia de la selección volvió a quedar al desnudo. Sin Messi, la Argentina sólo cosechó una victoria (en Barranquilla, con gol de Biglia en tiempos de Martino como DT), cuatro empates y, ahora, tres derrotas. Apenas siete unidades de las 24 posibles, menos del 30% de los puntos. Con él en seis encuentros, la Argentina había ganado cinco veces. Es incontrastable qué tan desprotegido se siente el equipo sin su capitán. Y lo peor es que de aquí en más tendrá que encontrar algún antídoto.

En el vestuario recibió a sus compañeros, algunos mareados, otros con un malambo en la cabeza. La altura., el mal de altura. Una visita siempre traumática empezaba a quedar atrás. Messi sufre la altura; a él, justo a él que nunca quiere dejar la cancha, si le dieran a elegir un partido para no jugar sería cualquiera que se dispute en los 3650 metros de La Paz. Se transforma en terrenal, la pasa mal realmente. Y no rinde, como sucedió en 2009 y 2013 con sus opacas producciones.

Nunca ocultó ese malestar por subir hasta los dominios del cóndor. Después del cachetazo 1-6 con Diego Maradona como DT, fue categórico: "Es imposible jugar ahí", confesó. Y cuatro años más tarde, pese a que aquella selección de Alejandro Sabella rescató un valioso 1-1, Messi insistió: "Mucho no se puede jugar., es terrible jugar aquí. Cuando uno hace un esfuerzo o una jugada rápida, demora mucho para recuperarse. Se juega como se puede dentro de lo que te permite la altura", decía. El público paceño nunca le reprochó su mirada. Idolatría certificada.

Messi dejó el estadio a las 19.54. Atravesó la puerta de la Curva Norte del estadio Siles y otra vez fue ovacionado por el centenar de hinchas bolivianos que lo espera a él y no a sus propios jugadores. Apenas levantó un brazo. En el ómnibus hacia el aeropuerto se fue despidiendo de sus compañeros. La noche teñía La Paz cuando el plantel regresaba a Buenos Aires y él volaba hacia Barcelona. Miles de kilómetros empezaban a separarlos. Casi como una alegoría de los tiempos difíciles que vendrán.

Fuente: lanacion.com.ar

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