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El decálogo de la Selección tiene más para creer que para desconfiar

26 de marzo de 2016 03:17
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El decálogo de la Selección tiene más para creer que para desconfiar

Hay 10 puntos que demuestran que la Selección está en orden, aunque debe mejorar su juego.

Limpió el escenario de espinas y así recuperó la paz en la misión Mundial, al cabo la principal. La Selección está en orden. Eso sí, a la par de esos resultados que sonríen y de esa tabla que ahora no asusta, aparecen algunas situaciones que perturban. De todos modos, proyectando el futuro y pensando en la construcción de un equipo cada vez más confiable, hay un decálogo celeste y blanco con más argumentos para creer que para desconfiar.

Representa una tranquilidad inmensa que la Selección reencuentre a Leo con las ganas que exhibió contra Chile. Permite ilusionarse apuntándole al martes, a Bolivia, y también a la Copa América del Centenario. Jugó con fantasía, pero le adhirió sacrificio de obrero.

Siempre es mejor con Messi. No existe mayor obviedad futbolera. Y es bueno que él lidere una remontada, como en Santiago. Sin embargo, cuando Leo faltó, excepto el papelón con Ecuador, supo la Selección gambetear diversos obstáculos y coronó su producción más alta hasta aquí: con Colombia, en Barranquilla.

​No importa cuántas estrellas disfrute un equipo. En algún momento no brillarán y requerirán una estructura colectiva que las sostenga. Y si también el rival se impone, es clave saber resistir. Ahí se espera solidez del triángulo conformado por los marcadores centrales y el “5”. Con Chile, Otamendi, Funes Mori y Kranevitter no se quebraron. Los tres reconfirmaron. Por algo en la Selección hace un tiempo que los marcadores centrales no se discuten. Por algo se habló muy poco de la ausencia de Mascherano.

​Es el fin. El oxígeno. La calma o el ahogo. La victoria era una necesidad y Argentina la atrapó en sitios complejos como Barranquilla y Santiago.

Lo que perdió al principio, en la derrota como local con Ecuador, la Selección lo recuperó después: empates con Paraguay en Asunción y con Brasil en Buenos Aires y victorias en Colombia y en Chile. Los próximos rivales anuncian dificultades menores, excepto Uruguay. Así llega sin sobresaltos a Bolivia, obstáculo que tendría que superar, lo que le permitiría a Gerardo Martino y compañía recorrer la Copa América y los Juegos Olímpicos sabiendo que lo principal, la Eliminatorias, ya fue encaminada.

​En ataque sobran variantes de altísimo nivel. Y despacito, en otros puestos, se fueron instalando jugadores que no formaban parte del staff habitual: Mercado y Funes Mori. Un refresco imprescindible para que nadie se relaje.

Es lo que más preocupa luego de Chile. Nunca lo tuvo Argentina ante un rival con nuevo DT, casi sin ensayos con Pizzi y con una versión ametrallada por bajas decisivas: desde el inicio, Vidal, Aránguiz, Valdivia y Vargas; y en el primer cuarto de hora, Matías Fernández y Marcelo Díaz. De esos jugadores, cinco juegan en el mediocampo, en la zona que Argentina no supo resolver el dilema en el segundo tiempo y terminó empujada contra su área. Se suponía que ahí debía hacer la diferencia, aunque Chile tenga muy bien asimilada su idea.

Es un sector para estar en alerta. Con Colombia, Biglia y Banega coronaron exposiciones perfectas. Con Chile, al revés, en especial el ex Boca. Una obsesión de Argentina es la posesión. Y la perdió en los 90 minutos (tuvo el 45,3%) y sólo la ganó en el último cuarto de hora del primer tiempo (50,5%) y en el segundo de la etapa final (53%). Falló el mediocampo y no hubo alimento para Messi.

Ya no se abusa de la salida por abajo obstinada. Se saltean líneas con pelotazos si no queda otra posibilidad. Pero igual cada centro inquieta. Así Chile hizo su gol y complicó otras veces. Y con poca estatura...

Cuando se pierde la pelota, es una herramienta ideal para los aviones de ataque argentinos. Se estimaba que la Selección la usaría para liquidar a Chile en los 45 minutos de cierre. Fue la intención, pero no funcionó. El equipo se partió y cada réplica expuso a futbolistas argentinos corriendo en soledad contra defensores chilenos. Un desperdicio que esta vez estacionó en la anécdota porque atrás la Selección supo resistir.

Fuente: clarin.com

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