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Detrás de la muerte, una caja de sorpresas

15 de febrero de 2014 12:34
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Detrás de la muerte, una caja de sorpresas

En la madrugada, se iba a conocer el resultado de la autopsia para determinar cómo murió el financista Jorge Suau. Una financiera, en el centro de todo.

La camioneta Toyota Hilux gris plata doble cabina modelo 2012 estaba estacionada a un costado de Camino a San Carlos, a escasos metros del cruce con la ruta C-45, en la localidad de Rafael García. Adentro, un hombre desvanecido y algo de humo todavía se divisaba. El reloj marcaba las 16 del jueves y el vecino, que de casualidad caminaba por allí, intentó, sin éxito, abrir las puertas. Avisó a la Policía y dos horas después el fiscal de Alta Gracia, Emilio Drazile, recibía la noticia de otra muerte y muchas conjeturas dentro de su jurisdicción.

Cuando Drazile llegó a la escena, empezaba a anochecer y llovía de manera copiosa. El cadáver fue extraído y llevado hacia la Morgue Judicial de la ciudad de Córdoba. El vehículo quedó allí, empantanado y bajo custodia policial, hasta ayer a la mañana, cuando fue remolcado hacia la Policía Judicial con la orden de que efectuaran un pormenorizado análisis de su interior.

El muerto, identificado como Jorge Enrique Suau (49), era un hombre conocido en el mercado de las finanzas de Córdoba. Tenía vinculación con diversos negocios.

Sentado en el asiento del conductor, con un bidón nuevo de cinco litros de nafta, él u otra persona habría intentado prender fuego al interior del rodado. El cuerpo presentaba quemaduras superficiales en un brazo, piernas y en el pelo.

El volante y otras partes del tablero del vehículo también se habían quemado.

Levemente recostado hacia un costado, no se observaban, a simple vista, signos de violencia externa, golpes, puñaladas o balazos. El fuego no llegó a propagarse en la camioneta, tal vez por la falta de oxígeno. Entonces, ¿murió desvanecido por el humo?

Drazile (quien investiga la muerte del policía Juan Alós, de Lucha Contra el Narcotráfico, que también está rodeada de versiones contradictorias) ayer prefirió ser cauto. El fiscal precisó que aguardaría los resultados de la autopsia, que recién se iban a conocer en la madrugada de hoy.

En ese momento, se sabrá con certeza cuáles fueron las causas de la muerte.

La camioneta estaba cerrada de manera hermética por dentro, una llave estaba en el tambor del rodado y a la otra la tenía Suau encima. El hombre había desaparecido el miércoles a la medianoche.

El vehículo tenía GPS, por lo que se intentará reproducir su recorrido. En este punto, será clave determinar si él se detuvo o no a comprar el bidón de nafta.

Hacía varios días que la financiera CBI, con sede en el Dinosaurio Mall de Alto Verde, en la ciudad de Córdoba, tenía problemas. Los ahorristas se presentaban en la sede, pero veían las puertas cerradas, a veces con extrañas excusas. Reclamaban la devolución de sus depósitos. Ayer, cuando se confirmó que el jueves a la tarde apareció el cadáver del vicepresidente de la firma, Jorge Enrique Suau, las alarmas se encendieron.

Pero esta muerte puede, además, sugerir un complejo entramado que estaría ocultando no pocas irregularidades en el manejo de dinero. También el virtual quebranto de la firma podría ocasionar muchas dificultades en el movimiento mercantil y empresarial de Córdoba.

La financiera funciona en dos sedes: una en calle Rivadavia, en plena city cordobesa, y la otra en el centro comercial de calle Rodríguez del Busto. Allí tiene un local donde habría funcionado una mesa de dinero y, en el subsuelo, en la playa de estacionamiento, tiene cajas de seguridad. Si bien en las últimas semanas hubo algunos días que atendió y otros en los que no trabajó por “falta de luz” u otros problemas, ayer se colocó un letrero: “Cerrado por duelo”. Las cajas de valores siguieron funcionando.

Muchos ahorristas que circulaban por el patio de comidas o por los bares se quejaban de haber “perdido” sus fondos, o porque no saben si se los van a devolver. Se habla de mucho dinero. La firma tenía unos 30 empleados.

En abril de 2008, se inició esta financiera con seis socios: Julio Ahumada, Aldo Ramírez, Oscar Altamirano, Jorge Suau, Mariano Barrera (de Bacar) y Fabián Maidana (actual presidente del Banco de Córdoba). En diciembre de 2009 se produjo un éxodo de la firma, ya que Barrera y Maidana vendieron sus partes. En 2012, Ahumada y Ramírez le vendieron a quien hoy es el presidente de CBI, Eduardo Daniel Rodrigo, quien ayer no pudo ser localizado.

Algunos de los ahorristas dieron detalles sobre el funcionamiento de estos negocios.

Según la ley, este tipo de entidades pueden tener cajas de seguridad, pero no pueden tomar dinero para prestarlo. Sin embargo, por diversos testimonios, desde particulares hasta de empresarios habrían confiado su dinero.

Hace un tiempo, el socio mayoritario de Dino, Euclides Bugliotti, pidió que las autoridades de la financiera devolvieran el local alquilado. Según fuentes empresariales, algunos ahorristas habrían retirado su dinero, lo que puso en problemas a la financiera.

Bugliotti ayer habló con este diario y dijo que alquiló a CBI en abril de 2008, y que luego de tres años les extendió la opción a otros tres.

Contó que tiene la financiera FinanDino y que le interesa afianzarla en el negocio de las cajas fuertes. El plazo de entrega del local vencía el 30 de abril próximo. CBI pidió algunos meses más, pero no se llegó a un acuerdo.

En términos generales, las mesas de dinero tienen como función intermediar entre la oferta y la demanda de fondos.

Los bancos tienen mesas de dinero para manejar posiciones (el stock disponible del dinero que mueven) y definir las tasas de interés para la captación (toma de depósitos, entre otras cosas) y para préstamo.

También existen mesas de dinero que operan por fuera del sistema institucionalizado, cumpliendo la misma función de intermediar entre personas que tienen fondos disponibles o excedentes y aquellos que necesitan tomar esos fondos (quien tiene algo de dinero que lo quiere hacer crecer; quien necesita fondos para concretar alguna operación y no accede a los bancos; quien necesita cambiar un cheque con fecha a futuro, por efectivo, entre otros).

Los que acuden a una mesa de dinero de estas últimas lo hacen por diversas razones: expectativas por mayores tasas de interés, la imposibilidad o dificultad de justificar el origen de los fondos, por evitar la exposición que significan los bancos en materia de información al fisco, desconfianza en el sistema bancario o en la autoridad económica, o, simplemente, por una conjunción de ellas.

Por el lado de la demanda, los que se acercan a una mesa de dinero son en general aquellos tomadores de crédito, empresas y particulares, que por diferentes motivos no pueden acceder al sistema institucionalizado de crédito. Esto representa para la mesa de dinero una oportunidad de negocio en términos de la tasa de interés a la cual realizan estos préstamos, que, indefectiblemente, es mucho más alta que las del sistema institucionalizado.

Este esquema suele funcionar en la medida en que las variables económicas se mantengan dentro de márgenes razonables, pero se ve seriamente afec­tado cuando estas se disparan.

La operatoria que influye en la crisis de solvencia tiene que ver con una “bicicleta” que, si se pincha, choca. Toman dinero en dólares (también en pesos) pagando tasas altas, lo transforman en pesos y con esos pesos compran cheques a empresarios, con altas tasas, pero también con un fuerte índice de “rebotados”. Si muchos de esos valores se caen o si el dólar sube (como el mes pasado), se rompe el equilibrio.

Fuente: lavoz.com.ar

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