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Diez bromas para hacer en el Día de los Inocentes

28 de diciembre de 2016 13:06
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Diez bromas para hacer en el Día de los Inocentes

La festividad se conmemora en Latinoamérica y tiene gran cantidad de adeptos.

Si hay una broma clásica por excelencia es la de cambiar el contenido del tarro del azúcar por sal. Una recomendación: esta inocentada es muy recomendada a la hora del desayuno o si se va a cocinar un plato dulce y, si se puede, en compañía. La gesticulación tras descubrir el ingrediente oculto, no tiene precio.

Hay dos opciones: adelantar el reloj, y que todos lleguen antes a sus destinos; o retrasarlo, para que lo hagan tarde. Se aconseja adelantar la hora y restar una hora de sueño a la víctima; preferible antes que hacerle llegar tarde a cualquier compromiso.

Pasear por la calle, encontrar una moneda en suelo –o con suerte un billete– y agacharte a cogerla, son tres acciones que se realizan casi por defecto. Sin embargo, esta inofensiva maniobra puede ser causa de burla en un día como hoy. Sólo tendrás que fijar al suelo alguna moneda o billete y, seguro, que más de un inocente caerá en la trampa de intentar despegar el botín de la calzada. Otra opción en este campo, es atar a la moneda o al billete una cuerda, y en el momento de atraparlo, tirar para que no pueda cogerlo.

Esta inocentada también se podría incluir en el «Top Five» de las típicas bromas de los Santos Inocentes. Consiste en colocar un poco de pasta de diente o algún otro ungüento en la cara o en las manos de la víctima mientras ésta está descuidada o duerme. Al despertar y mirarse en el espejo, verá como una extraña sustancia ha «aparecido» en su piel.

Si hay una broma tradicional y arraiga en el Día de los Santos Inocentes es colgar un muñeco blanco de papel en la espalda de la víctima. En un momento de descuido, coloca el papel con una cinta adhesiva en el abrigo del inocente, así caminará por la ciudad con el mensaje del día en cuestión. Como opción, podrás incluir algún mensaje en el típico muñeco.

Esta obra broma ha sido repetida en mucho de los programas de bromas que a menudo vemos en televisión. Se trata de colocar en la calle una maleta muy pesada y confiar en la bondad de algún viandante. Esto es, pediremos a algún inocente si, por favor, puede transportarnos la maleta. Las risas brotarán al comprobar que le es imposible trasladarla.

¡Buh! Escondernos detrás de una puerta, tras una esquina, con la habitación a oscuras. Todos los rincones y recovecos son útiles si se consigue al fin asustar a la víctima.

Busque a alguna persona que su voz no sea reconocida por la víctima y eche a volar su imaginación. Desde el descubrimiento de una infidelidad hasta la imposición de una multa de tráfico. Las opciones son múltiples.

Las tradicionales tiendas de disfraces y golosinas son las que estos días se visten hasta arriba de artículos para gastar bromas en el día de hoy. El típico dedo o la tradicional mano falsa que al estrecharla es arrancada; las bolsas que se colocan en los asientos simulando flatulencias, excrementos de mentira, etc.

Es tan sencillo como colocar un palillo de dientes en el interruptor del timbre de la casa. El ding-dong eterno sacará de quicio a cualquier inquilino.

Fuente: diariodecuyo.com.ar

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