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Eliminatorias. Ecuador-Argentina: la selección debe ganar para que Rusia no quede como un trauma histórico

10 de octubre de 2017 06:08
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Eliminatorias. Ecuador-Argentina: la selección debe ganar para que Rusia no quede como un trauma histórico

QUITO.- Estar parado a 90 minutos de ser campeón del mundo produce vértigo, quizá porque la recompensa es convertirse en héroe por toda la eternidad. Sergio Goycochea, que perdió la final de Italia 90, ganó dos Copas América y jugó un repechaje mundialista, cuenta que el miedo que lo atravesó en esos partidos con Australia no lo sintió nunca más en su carrera. Caer en la definición de una Copa del Mundo despierta un profundo dolor, pero ni clasificarse abre una herida imborrable. La angustia por la derrota puede desatar desde indiferencia hasta bronca, pero también orgullo y muchas veces compasión. Ahora, el dolor por no pertenecer es insoportable.

Las finales persiguen a la selección. Pero cansadas de darle oportunidades de codearse con la gloria, el premio se ha devaluado. La rentabilidad de estas finales ya no es un título, sino la supervivencia. Desde que ganó el último título en 1993, precisamente una Copa América acá, en Ecuador, la Argentina jugó siete finales. Sí, siete: Brasil 2014, cuatro Copas América (2004, 2007, 2015 y 2016) y dos Copas de las Confederaciones (1995 y 2005). Perdió todas. Esta noche, a partir de las 20.30 y con toda Sudamérica atenta del Orinoco a Ushuaia, jugará otra. Sin escapatoria: falla y no estará en Rusia. Triunfar será indispensable para al menos asegurarse el repechaje con Nueva Zelanda. Después, mil combinaciones hasta le pueden regalar el pasaje con un empate. Pero está prohibido especular: a ganar y luego sacar cuentas.

A veces la adversidad es un fascinante vehículo hacia el éxito. La Argentina jugará contra Ecuador, contra la altura, contra la desconfianza del entorno y sus propios miedos. Los equipos heridos se vuelven más temibles porque los alienta la culpa y el rencor. Pero para ganar, la selección de Sampaoli , escasa en puntería pero abundante en intenciones, debe reencontrarse con el gol. Una opción para romper ese maleficio podría ser sostener la intensidad del ataque. A más opciones de gol, más chances de convertir. Pero justamente habrá una limitación para sofocar al rival: los 2856 metros en los que se encuentra la cancha.

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Sampaoli cree que a la altura hay que considerarla para tratar de que no sorprendan las consecuencias que inevitablemente aparecen. Pero tampoco sobredimensionarla para que no inhiba la propuesta. ¿Entonces? La rapidez y el factor sorpresa deben ser clave. Y desde ya, afinar la puntería porque hace más de cuatro horas y media que no festeja un gol propio. Messi volverá a estar al frente del auxilio. Los momentos difíciles exigen figuras referenciales, por eso Mascherano se ubicará en el medio. Contra el paladar de Sampaoli, que bajo tensión ofrece contradicciones. Sus dudas hasta anoche entre Rigoni, Salvio, Papu Gómez y el desanimado Di María para completar el ataque no son buenas consejeras. La determinación también debe inyectarla el DT.

A cada paso habrá un desafío para la Argentina, que tendrá que ganar como visitante, algo que no logra desde marzo de 2016, en Chile, con Martino como técnico. Será una noche para el infarto con el reparto de barajas, minuto a minuto, en estas eliminatorias que viajó a golpes de timón. Chile no puede confiarse en su tercer puesto y Paraguay desde el séptimo se aferra a rasguñar el repechaje. Colombia sufre, Perú reza, la Argentina se estremece. Cardíacos con supervisión médica, por favor.

Sin ticket para Rusia, Ecuador, peligrosamente, estará ajeno a la emergencia argentina. Eliminar a la selección albiceleste pondría a sus jugadores por algunas horas en el ojo del mundo?, tentador. El "Tri", con cinco derrotas en cadena (Paraguay, Colombia, Brasil, Perú y Chile), apenas recolectó 13 puntos en Quito, el 54%, incluso menos que en la eliminatoria para Sudáfrica, cuando tampoco se clasificó. Será un Ecuador libe de responsabilidad, con jóvenes locales sin roce internacional pero buena adaptación a la altura entre los remiendos que hizo Célico tras la salida de Quinteros. La nostalgia por aquellas cuatro primeras fechas con puntaje ideal está presente en la angustia colectiva de Ecuador.

Un negocio millonario está en peligro, la nueva AFA ni quiere sacar cuentas. Pero esta noche son los sentimientos los que tienen que acudir al rescate. Es un póster pegado que muestra descolorida por los años la cara de Kempes. Es un tatuaje de Maradona, un pibe con la 10 de Messi y un lagrimón que se escapa. La selección está en problemas y claro que existen cuestiones más complejas que un torneo cada cuatro años. Pero los sentimientos son capaces de hacerle un corte de manga a la desventura. Corriendo detrás de una pelota también se llega al sentido de pertenencia. El cuerpo tiembla por estas horas, pero una palabra motoriza: orgullo.

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Fuente: lanacion.com.ar

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