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El equilibrio de Medio Oriente se sacude al ritmo de los vaivenes del petróleo

3 de enero de 2015 05:16
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EL CAIRO.- El vaivén del precio del petróleo es uno de los factores que afecta más directamente las economías de países y familias del mundo entero. Pero en ningún lugar de forma tan marcada como en Medio Oriente, donde están más de la mitad de las reservas mundiales comprobadas.

De ahí que la brusca caída del precio del crudo de los últimos meses pueda resultar en importantes cambios en el equilibrio geoestratégico de la región. En concreto, el precio del barril pasó de unos 110 dólares en junio a unos 55 esta semana.

Este desplome podría desestabilizar a algunos países productores de la región, ya que los ingresos del petróleo representan un alto porcentaje de los presupuestos. Por ejemplo, en Arabia Saudita cerca de un 90% de los fondos del erario provienen de la exportación del crudo, una cifra que alcanza el 95% en el caso de Irak. Por lo tanto, una rebaja de su precio a la mitad, una de las más repentinas de las últimas tres décadas, puede forzar a los gobiernos a aplicar impopulares recortes de sus subsidios y desatar nuevas olas de protestas.

Ahora bien, no todos los países de Medio Oriente nadan sobre un mar de crudo. Una de sus mayores potencias, Egipto, tiene reservas muy exiguas, por lo que se vio beneficiado por la evolución del mercado. Según las cuentas del gobierno egipcio, durante el año fiscal 2014-2015 se ahorrará unos 4000 millones de dólares en su factura energética. Este dato es especialmente importante si se tiene en cuenta que debe cerca de 3500 millones de dólares a las multinacionales del sector, lo que provocó problemas en el suministro.

De ahí que en el verano pasado hubiera cortes de luz de hasta seis horas diarias en la capital, y la cifra fue aún mayor en las áreas rurales. No obstante, como receptor principal de las ayudas e inversiones sauditas (la monarquía de los Saud es el más estrecho aliado del régimen de Abdel Fatah al-Sisi), lo que El Cairo gana por un lado lo puede perder por el otro.

Según los expertos, en parte, la tendencia a la baja se debe al aumento de la oferta, sobre todo, gracias a la introducción del fracking en Estados Unidos, lo que le permitió convertirse en el primer productor mundial de petróleo. También se cita al estancamiento de la economía mundial como responsable de una demanda anémica.

Además de las cuestiones económicas podría haber factores también políticos. Curiosamente, Arabia Saudita se negó a recortar su producción, lo que impidió una acción concertada de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEC), para reducir la oferta global e inducir un aumento del precio del crudo.

La sorprendente decisión de Riad, que contrasta con sus acciones ante situaciones parecidas previas, levantó suspicacias en varios de los países afectados. "La principal razón para esta caída es una conspiración política de ciertos países contra los intereses del mundo islámico. Irán y la gente de la región no olvidarán esta traición", dijo, recientemente, el presidente iraní, Hassan Rohani.

El presidente venezolano, Nicolás Maduro, fue más directo aún en sus acusaciones, y señaló a Estados Unidos y a Arabia Saudita como los miembros de un complot para perjudicar a algunos de sus adversarios, como Rusia, Irán o la propia Venezuela.

Mientras los sauditas cuentan con reservas suficientes para amortiguar el golpe a corto plazo, su archirrival en la región del Golfo Pérsico, Irán, no tiene margen de maniobra. Más de una década de sanciones a causa de su programa nuclear dañaron seriamente a su economía, y el Estado necesita imperiosamente aumentar los ingresos del petróleo. Washington podría estar interesado también en usar la carta del crudo para forzar a Teherán a hacer concesiones en las negociaciones sobre su programa nuclear, que están en una fase decisiva.

Sin embargo, otros analistas apuntan que la apuesta de Arabia Saudita puede ser primordialmente económica: por debajo de los 70 dólares, las explotaciones petrolíferas de otros países dejan de ser rentables. El mantenimiento sostenido de precios bajos podría expulsar a algunos rivales del mercado, lo que otorgaría a Riad una mayor cuota futura del mercado mundial y, en consecuencia, una mayor capacidad de determinar el precio mundial.

A la vez que se disputa esta partida en el tablero energético de Medio Oriente, en el terreno diplomático se producen importantes movimientos.

En noviembre pasado, Qatar y Arabia Saudita sellaron su reconciliación, lo que, a su vez, permitió que el próspero emirato dé pasos para la reconciliación con Egipto. Ambos países libran una especie de Guerra Fría desde el golpe de Estado que depuso al islamista Mohammed Morsi, aliado de Qatar.

Este realineamiento puede resonar en diversos escenarios de la región donde estos países han mantenido posiciones enfrentadas, como en las guerras civiles de Libia y Siria..

Fuente: lanacion.com.ar

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