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Estados Unidos elige su 45° presidente en la elección más polarizada de su historia

8 de noviembre de 2016 09:22
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Hillary Clinton y Donald Trump compiten para suceder a Barack Obama en una contienda de final abierto. Además se renueva la totalidad de la Cámara de Representantes, un tercio del senado y 12 gobernaciones

Después de la campaña más agresiva de la que el país tenga memoria, millones de estadounidenses elegirán hoy al 45° presidente de su historia.

La ex primera dama y ex secretaria de Estado, la demócrata Hillary Clinton (69 años), llega con una leve ventaja, según la mayoría de las encuestas. Enfrente, el magnate Donald Trump (70 años) fue la sorpresa desde que decidió el año pasado lanzarse a la arena política, se alzó con la primaria republicana contra todos los pronósticos y llegó competitivo hasta el final de la carrera, a pesar de los innumerables tropezones de su campaña. La elección está abierta y se puede terminar inclinando para cualquiera de ambos lados.

Clinton promete continuar y mejorar las políticas de Barack Obama. Trump promete hacer todo distinto a como lo viene haciendo el establishment político, aunque no haya quedado demasiado claro claro qué hará y cómo.

Más que una disputa de propuestas fue una campaña plagada de fuerte fuego cruzado y acusaciones de todo tipo entre dos candidatos con inéditos índices de impopularidad. Para Clinton, sus años de experiencia política son su gran activo y su mayor mochila al mismo tiempo. Debió convivir con la investigación del FBI sobre el uso de su cuenta de correo electrónico privada para asuntos oficiales mientras fue secretaria de Estado y las sospechas sobre los privilegios que habría otorgado a los donantes de la Fundación Clinton. Sobre Trump, un outsider que rompe con los cánones usuales de corrección política del establishment estadounidense, pesan señalamientos de todo tipo que se ha sabido ganar a lo largo del tiempo y ratificar durante la campaña: intolerancia, misoginia, xenofobia y evasión impositiva, son algunos de ellos. Aún así, ha sabido seducir a una amplia porción del electorado defraudada con la clase política de Washington.

El número de ciudadanos estadounidenses legalmente habilitados para votar es 231.556.622. Pero el sufragio no es obligatorio. Se han registrado para votar algo más de 200 millones, pero muchos de ellos tampoco lo terminarán haciendo. El récord fueron los poco más de 130 millones personas que lo hicieron en 2008, cuando triunfó Barack Obama. Este año, se estableció un récord de algo más de 45 millones entre los votantes anticipados que enviaron sus votos por correo. Habrá que ver si esa tendencia a una mayor participación se consolida hoy. Tanto Clinton como Trump se han dedicado en los últimos días a motivar a sus simpatizantes a participar para tratar de volcar la elección a su favor en la decena de estados que serán decisivos.

La contienda tiene otros cuatro particpantes, con candidaturas testimoniales que no llegarán a pelear por la Casa Blanca pero pueden restarles votos decisivos a los dos grandes contrincantes. Ellos son: Gary Johnson (Libertario), Jill Stein (Partido Verde), Darrel Castle (Partido de la Constitución) y Evan McMulli (Independiente).

Además de elegir al presidente que sucederá a Barack Obama, los estadounidenses también votarán el total de los 435 miembros de la Cámara de Representantes, un tercio de los cien senadores federales y seleccionarán a los gobernadores de 12 estados. En muchos estados también se votarán magistrados y distintas reformas legislativas.

Los estadounidenses no eligen directamente mediante su voto al presidente y vicepresidente, sino que relegan esa responsabilidad en el Colegio Electoral, compuesto por 538 compromisarios o electores que, en su nombre, votarán en los 50 estados del país y en el Distrito de Columbia (sede de la capital).

El número de electores de cada estado es igual al número de sus senadores más el número de sus representantes en la Cámara baja, de forma que tienen más peso aquellos estados con mayor población como California (55 votos electorales), Texas (38), Florida y Nueva York (29), Pensilvania, Illinois (20) y Ohio (18).

Los demócratas suelen dominar en el noroeste y la costa oeste de Estados Unidos, en los llamados estados "azules" que es el color del Partido Demócrata. Mientras tanto, los republicanos prevalecen en los estados "rojos" (su color) en el sur y el medio oeste del país.

La clave se encuentra en los estados "morados", también conocidos como "oscilantes" y en donde los candidatos han concentrado sus esfuerzos, su tiempo y su dinero para tratar de inclinar la balanza a su favor y hacerse con la mayoría de 270 votos del Colegio Electoral.

La batalla se encuentra especialmente ajustada en los tradicionales estados púrpuras de Florida y Ohio, pero también en nuevos estados que han surgido como decisivos en estos comicios y entre los que destaca Nevada, Pensilvania y Carolina del Norte.

Fuente: infobae.com

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