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Federico Luppi: sus mejores papeles en cine

20 de octubre de 2017 15:13
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Federico Luppi: sus mejores papeles en cine

Repasamos las grandes películas del actor, que murió hoy

El segundo film de Leonardo Favio fue clave en la construcción del cine argentino no solo porque representó otro peldaño en la carrera de este gran director, sino también porque fue uno de los primeros papeles clave en la carrera de Luppi, que aquí compuso al Aniceto del título, un sufrido personaje con el cual el actor desplegó un notable talento.

Basada en un libro de Osvaldo Bayer, esta película centrada en la lucha de un grupo de peones rurales fue de las historias más polémicas que presentara el cine argentino de los setenta (al poco tiempo de su estreno sería censurada). Aquí a Luppi le tocó encarnar a Facón grande, un carismático líder sindical que luchó incansablemente por los derechos de sus compañeros.

En el último film del prolífico director Hugo del Carril, Luppi se puso en la piel de un hombre llamado Santos Pérez, y las circunstancias que lo llevaron a convertirse en el impensado verdugo de Facundo Quiroga.

Seguramente es el enorme Aristarain el que mejor comprendió su impronta actoral y pudo construir el retrato de un héroe torturado que sacrifica todo lo que tiene por una lucha simbólica que busca corregir los abusos de las grandes corporaciones. Aristarain dirige a Luppi en una de las mejores películas de su carrera, con un final que dejó un amargo sabor de boca y despertó las conciencias de una generación resignada a no luchar. A partir de allí, entre el actor y el director comenzaría una dupla artística perfecta que brindaría una verdadera galería de obras maestras.

La pieza de Ayala reflejó un duro momento de la economía argentina y aquí Luppi encarnó a Carlos Bonifatti, un hombre que decidido a "salir adelante" abandona su humilde oficio como vendedor para abrazar el espejismo de una vida lujosa en el sector financiero. Imposible no recordar este film sin la celebradísima escena de Luppi invocando el nombre de Arteche.

Un hombre fiel a sus principios se opone a pagar una coima que le permita el acceso al agua corriente, mientras que sus vecinos aceptan con sumisión ese corrupto pedido. Otra película en la que Luppi compuso a un hombre de ética sólida que no se dejó someter a los mezquinos intereses de los poderosos.

Aquí Luppi trabaja junto a Norma Aleandro en una historia de amor que envuelve a dos personas adultas que se enamoran inesperadamente. Puede que no sea el mejor Luppi, pero indudablemente interpreta a un personaje muy atípico en comparación al resto de su filmografía, e incluso demostró que bien podía sacarse de encima muchos clichés que se le adjudicaban y convertirse en un cálido galán.

En una etapa de su carrera en la que abundaban los grandes monólogos y los personajes eran verdaderas metralletas de disparar máximas, Aristarain logró una verdadera joya del cine. Junto a Lugares comunes (también protagonizada por Luppi) y Roma, el director compuso una trilogía temática que debió ser crepuscular a la fuerza, porque aunque parezca mentira, uno de los mejores directores argentinos vivos no logra financiar una película propia desde 2004 . Y Martín Hache se centra en Martín padre (Luppi), un personaje ubicado en España, desencantado y cínico, huérfano de cualquier ideal e imposibilitado de conectar emocionalmente con el universo que lo rodea. Es un personaje que se encuentra a años luz del Bengoa de Tiempo de revancha, y es la amarga evolución de un autor y un actor que maduraron a la par, y se frustraron ante un sistema que generó solo mediocridad.

La posibilidad de trabajar con Guillermo del Toro le brindó a Federico Luppi el ingresar a temáticas ajenas. Y la justificada admiración que por él tenía el director mexicano, le permitió al actor protagonizar dos grandes películas: Cronos y El laberinto del fauno. Esta última cuenta una historia que transcurre en un hogar para niños huérfanos cuyos padres murieron en la guerra civil española, y allí su personaje es uno de los celadores del lugar. Es un relato que tiene ADN español, pero que se combina con fantasmas y otros elementos sobrenaturales. Y aquí el actor demostró nuevamente su enorme versatilidad y puso con confianza un pie en un cine que le permitió ser descubierto y admirado por toda una nueva generación de espectadores.

Como un héroe clásico de western que debe reclamar un terreno hostil, el Mario interpretado por Luppi en Un lugar en el mundo es uno de los grandes personajes del cine argentino. Y esta escena, en la que reconoce que su deber es más grande que su propia vida, aunque eso le signifique renunciar a su hijo, no deja de ser uno de los momentos más conmovedores en la obra de este inmenso actor.

Fuente: lanacion.com.ar

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