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Gobierno, gremios y el día después

30 de marzo de 2015 03:31
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El principal impulsor del paro de mañana es el ministro Axel Kicillof. Involuntariamente, o no, sus desafortunadas declaraciones en defensa del Impuesto a las Ganancias enardecieron más a los sindicalistas y lograron que algunos gremios K saltaran la cerca y se pusieran del lado de los huelguistas. Después de todo, decir que el Impuesto a las Ganancias “lo puso Perón” no es sólo un error histórico sino toda una provocación. ¿Quiso decir que es antiperonista el que se opone a que ese tributo jibarice los sueldos de los “millonarios” que ganan más de 15.000 pesos?

Kicillof pareció hablar en nombre de una Cristina Kirchner, cada vez más inflexible ante este reclamo de todos los sectores sindicales, aunque no afecte a la mayoría de los asalariados. Por eso, el paro de 24 horas de mañana es indetenible. Por más que surtan efecto las presiones oficiales sobre los empresarios del transporte automotor, que fueron convocados hoy a la Casa Rosada, y aún sobre los gremialistas, a quienes el ministro Carlos Tomada les recordó públicamente ayer que 18.000 de los 21.000 choferes de larga distancia cobran sus sueldos gracias a subsidios estatales.

A esta altura, todos ya ponen la mirada en el día después. Un sector del Gobierno trabaja secretamente para una reunión cumbre de Cristina Kirchner y la CGT Balcarce, mientras el sindicalismo opositor avanza hacia una nueva medida de fuerza. Como anticipó Clarín, la idea es hacer un paro de 36 horas, con movilización a la Plaza de Mayo. Almanaque en mano, algunos propondrán el 30 de abril porque sueñan con salir a la calle el 1° de mayo, el Día del Trabajo.

El Gobierno tratará de impedirlo como sea. Cristina no podía anunciar nada bajo la presión de un paro, pero después la necesidad electoral puede hacer milagros: en el gabinete analizan el proyecto para cambiar las escalas del impuesto a las Ganancias y algunas excepciones tributarias que se aplicarían a través de la AFIP. ¿Se lo anunciará la Presidenta a la CGT que lidera Antonio Caló? Primero deberán convencerla de que los sindicalistas de su propio sector no son esos desagradecidos que reclaman algo que favorece a los trabajadores ricos y compradores compulsivos de dólares.

El líder de la UOM debió suspender su híperoficialismo ante la presión de las bases: por eso dejó en libertad de acción a las seccionales para decidir si adhieren o no al 31M. Más aún: Caló expresó su “apoyo a los compañeros que decidan sumarse al paro” durante el acto por el 88 aniversario del natalicio de Lorenzo Miguel, el padre de “la patria metalúrgica”, en el cementerio de Flores.

Fue el viernes pasado por la mañana, apenas unas horas antes del debate que se instaló en la reunión del consejo directivo de la CGT liderada por Caló. Allí afloraron las fuertes diferencias internas, no pudieron acordar un documento conjunto y quedó en claro que, por primera vez en la serie de cuatro paros generales de la era kirchnerista, cada uno iba a decidir lo que le pareciera.

Más allá de la UOM, ya se confirmó el apoyo explícito a la huelga de otros gremios de la CGT Balcarce como la Federación de Petroleros que conduce el diputado Alberto Roberti y el de los sindicatos Oeste, Norte y Lanús-Avellaneda de la Federación de Comercio, que lidera Armando Cavalieri. También se sumaron independientes de buena relación con el Gobierno como los bancarios, Alimentación de Capital, que dirige Rodolfo Daer, y la Federación de Luz y Fuerza, que parará el 8 de abril y desde entonces una vez por mes en rechazo de Ganancias, pero algunos de sus sindicatos más combativos, como Córdoba, también lo harán mañana. Cristina Kirchner pareció ofrecerle un guiño a Guillermo Moser, el líder lucifuercista, al nombrarlo en un acto, el jueves pasado. Pero la estrecha dependencia del Estado de los trabajadores energéticos no disimula algo que se repite: el buen diálogo no brinda privilegios. Luz y Fuerza reclama sin éxito una única escala salarial y el final de la tercerización, además de soluciones para Ganancias.

Otro gremio ultraoficialista como SMATA se propuso el objetivo de que los trabajadores fueran a trabajar mañana como sea, pero será una misión imposible. En la automotriz Volkswagen, por ejemplo, no funcionarán los ocho ómnibus que llevan a los trabajadores a la planta de General Pacheco desde distintos lugares del conurbano, pero además no habrá producción porque faltarán los camiones que trasladan los insumos hasta la fábrica. En Ford y Mercedes-Benz, casi por lo mismo, habrá asueto.

Mañana, la imagen de una Argentina paralizada estará casi garantizada por una inédita confluencia de adhesiones, con eje en el transporte y los servicios. Y, una vez más, los que quieran ir a trabajar en sus autos dudarán por el efecto disuasivo que provocan los piquetes que dispondrá la izquierda dura en los principales accesos a la Capital (curiosamente, al calor de los viejos tics divisionistas, el PTS cortará sólo la Panamericana a la altura de LEAR, mientras que el Partido Obrero, Izquierda Socialista, el Nuevo MAS y otras fuerzas se concentrarán en otros puntos).

Fuente: clarin.com

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