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Incidentes en la comisaría de Flores tras el crimen de un adolescente

27 de diciembre de 2016 08:00
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Manifestantes ingresaron por la fuerza y provocaron destrozos. Fue luego de que se conociera la muerte de Brian, un chico de 14 años baleado por motochorros. Mirá los videos.

Y de repente todo se desmadró. De musculosa roja y gorra blanca, afónico y sudado, un hombre intentó parar al grupo más desaforado, el que se había metido de prepo en dos tandas en el interior de la comisaría 38° de Flores, provocando destrozos y obligando al comisario a refugiarse en una oficina. Cuando el jefe de la seccional salió a dar la cara, no pudo pronunciar dos oraciones seguidas. El abucheo fue infernal. En la vereda el clima era otro: con globos negros y carteles que pedían “Ni un vecino menos”, esperaba el grueso de vecinos, comerciantes y amigos de Brian Aguinaco (14), quien murió tras agonizar tres días, luego de ser baleado por motochorros.

Cerca de las 12​, y tras más de tres horas de toma, un grupo de familiares y amigos de Brian anunció una reunión con autoridades para el martes y propuso abandonar la comisaría. Sin embargo, luego de una breve asamblea, los manifestantes resolvieron continuar con la medida.

La manifestación comenzó cerca de las 19 en Asamblea y Rivera Indarte. Desde allí, unas 200 personas se se trasladaron a la seccional -ubicada en Bonorino y Alberdi. Cerca de las 21 se vivieron los momentos de mayor tensión. El grupo más violento, entre los que había varios hombres con camisetas de fútbol, protagonizaron empujones con policías que resistían con sus escudos. También hubo insultos al jefe de Gobierno Porteño, Horacio Rodríguez Larreta, y a la ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich, a quienes le reclamaban la presencia en el lugar.

Mientras eso sucedía, el ministro de Seguridad de la Ciudad de Buenos Aires, Martín Ocampo, advirtió en diálogo con TN: “El contexto de la comisaría no es el mejor para entablar un diálogo. El delito no se soluciona cometiendo más delito. La comisaría no puede estar tomada”. Luego de anunciar que no enviaría refuerzos al lugar, aceptó que el reclamo de la gente era “justo” y dijo que “el camino para encontrar soluciones es otro”. Con ese mensaje, descartó la visita de algún funcionario.

En sintonía con sus declaraciones, varios de los manifestantes se mostraron en desacuerdo con la violencia: “Venimos pidiendo seguridad y así no la vamos a conseguir”, le decían a Clarín. ¿Cuál era el principal reclamo? Más presencia policial, operativos de prevención y controles a las motos. “El pueblo se está manifestando. ¿Qué esperan? ¿Otra muerte?”, se quejaba uno de los vecinos.

La única autoridad que intentó hablar con los vecinos fue el comisario Manuel Monzó. Entre gritos y empujones prometió trabajar para mejorar la seguridad en la zona, pero tuvo que interrumpir su discurso cuando la situación fue tomando temperatura nuevamente. Acorralado, se refugió en el interior de la seccional, aunque no pudo hacerlo en su despacho, una de las oficinas que sufrió destrozos.

Tras los momentos de mayor tensión, algunos de los manifestantes se quedaron en el patio de la comisaría, mientras el resto continúo con la vigilia en la puerta. El “que se vayan todos, que no quede ni uno solo” acompañó al pedido de “seguridad” que se coreó durante toda la marcha.

La bronca de la gente de Flores, que denuncia que diariamente es víctima de los robos, llegó al pico máximo tras los dos crímenes de este mes: el sábado 10, Pascual José Mollo (69) salía a despedir a los invitados del cumpleaños de su hija cuando fue asesinado por ladrones que intentaron meterse en su casa. El sábado pasado, Enrique Aguinaco (69) volvía de la peluquería con su nieto Brian (14) en su coche. Un motochorro que había asaltado a una vecina disparó dos tiros contra el auto. Un balazo le dio al adolescente. Murió, luego de agonizar durante tres días.

Ambos homicidios pusieron en alerta a los vecinos. “Olelé, olalá, la zona liberada no la queremos más”, cantaron ayer durante la manifestación. Algunos de esos reclamos se habían repetido el día anterior, cuando un grupo más pequeño también fue a pedirle explicaciones al jefe de la seccional, sin obtener respuesta. Las quejas y denuncias tienen su respaldo en las cifras oficiales: según un informe del Consejo de la Magistratura, Flores es el barrio más peligroso de la Capital Federal.

Los números se reflejaron ayer en las historias de los manifestantes. Mario Zumbo fue a la marcha, pero se quedó del lado más pacífico. Vivía al lado de la casa de Brian y, desde que supo de su muerte, no dejó de pensar en sus hijos de 16 y 13 años. “Hoy por un celular te meten un balazo. Dos chicos de 15 años me dijeron que me iban a pegar un tiro en la pierna a la vuelta de casa”, recordó. Juana Roldán, por su parte, contó que “por el barrio suelen andar una moto negra, otra azul y otra roja y todos las conocen pero nadie hace nada”. Y agregó: “Estamos cansados, hace muchos años ya que pasan hechos de este estilo. La Policía no hace nada, se lava las manos. Dicen que no pueden porque no tienen gente, pero cuando disponen de personal tampoco hacen”.

Roberto, de 46 años, le contó a Clarín que vive en Flores desde que nació. “Desde hace cuatro meses se intensificaron los robos en la zona. Somos 12 mil vecinos conectados por redes sociales y, diariamente, recibimos denuncias de dos a tres robo”, contó. Y reveló que tienen un ranking de horarios inseguros: “Primera hora de la mañana, tipo 8, después de 15 a 16, y al atardecer”.

Julieta, es empleada y estudiante y vive en Flores hace 13 años. “Marché para que se haga Justicia por Brian y Mollo, y por la inseguridad que hay en el barrio, porque no se puede más”, resumió.

Fuente: clarin.com

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