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Una interna al rojo vivo

15 de diciembre de 2013 13:05
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Una interna al rojo vivo

Hubo discusiones entre los protagonistas, grabaciones suspendidas y partidas antes de tiempo. Lo que nadie cuenta en público.

Dentro de la novela se desató el verdadero culebrón. Lo que pasa tras las cámaras de la tira Farsantes, que al principio iba a ser un unitario, pero viró a ficción diaria, causó más interés en el público de lo que se puede ver en la pantalla chica.

Al principio eran sólo rumores, pero fueron tomando fuerza con el tiempo. Y la vertiginosa salida de dos de sus protagonistas, primero Benjamín Vicuña (que tras desgarradores esfuerzos de la productora, ya confirmó que regresará para grabar una escena final -de la que aún no se sabe si en forma de recuerdo o cual fantasma, porque en la ficción murió asesinado por su mujer, Julieta Cardinali-) y luego la menos esperada por parte de Facundo Arana, dejaron expuesto que nada era color rosa para los dirigidos por Daniel Barone.

Los primeros rumores señalaban a Julio Chávez como el causante del malestar en el elenco. El hijo pródigo de los unitarios de Adrián Suar (Epitafios, Tratame bien, El puntero) es conocido por ser un actor muy estricto y profesional al que no le gusta que se improvise. Entonces, cada vez que uno de sus compañeros se salía del libreto, que escriben Mario Segade y Carolina Aguirre, el actor ponía el grito en el cielo y les daba, según testigos, una clase magistral de actuación. O bien, la daba sin que se la pidieran.

En una entrevista a la revista Brando, Chávez, entre otras cosas, dijo que Farsantes: “Es un patchwork, una linda provocación a los que creen que el negro con el marrón no pega. No podés mezclar a Siciliani, Casero, Arana, Chávez sin saber que abriste la jaula del zoológico para hacer una experiencia. Adrián Suar es el que se aventura a esas cosas”, dándole toda la responsabilidad del exacerbado clima al productor del ciclo. Además, fiel a su estilo, declaró en ese mismo medio: “Si hay que renunciar al buen clima para hacer un trabajo serio, yo renuncio”.

En el pasado, Julio Chávez ya había tenido problemas con Alfredo Casero cuando ambos grabaron Tratame bien.

En una escena los dos actores habían discutido tan fuerte que casi se van a las manos y la producción tuvo que intervenir para separarlos. Eso marcó un presente que parece haber sido olvidado por la productora cuando convocó a este proyecto a los dos actores. Casero también dejó en claro, en reiteradas oportunidades, lo poco armonioso que era el clima dentro del set de grabación de Farsantes. El humorista estuvo varias varias veces a punto de tirar la toalla, pero no lo llegó a hacer. El es el arma más letal del ciclo, ya que aunque se lo pidieron de mil maneras, nunca se calló la boca ni ocultó su malestar. En un momento de plena tensión, su irritabilidad llegó a tal extremo, que tuvo un fuerte cruce con Nicolás Vázquez, uno de los protagonistas de la debutante tira de la misma productora Mis amigos de siempre, con quien se topó en un pasillo de los estudios Baires, donde graban en Don Torcuato. Sin embargo, todo eso terminó en un intercambio de disculpas. “Es muy jodido. Y no sé hasta cuándo caretearlo, es al pedo, esto podría haber sido más divertido, feliz. No se pudo trabajar en armonía. La culpa no es de los actores, sino de Pol-ka, y lo tienen que saber”, declaró al diario Perfil el pasado fin de semana señalando, quizás sin querer o sin saberlo, con el dedo al mismo lado que Chávez.

Para rematar, el cachetazo que faltaba lo dio Facundo Arana. El actor que tiene fama de bondadoso y siempre mantuvo un perfil bajo porque sabe lidiar a la perfección con los egos ajenos, dijo basta. “Ya no la estaba pasando bien”, aseguró y harto del maltrato decidió dar un paso al costado.

Según trascendidos, las cosas entre Arana y Siciliani eran insostenibles. En un momento, la actriz habría pedido a los guionistas que limitaran los besos que tenían que darse entre ambos, algo sin sentido si se tiene en cuenta que debían personificar una caliente historia de amor. Y, sin ir más lejos, esto quedó bien claro hasta en la misma pantalla cuando la pareja tuvo la única escena de sexo, muy tibia y hasta con toda la ropa puesta. Además del sinfin de grabaciones que se debieron interrumpir por los chispazos entre ambos. Griselda le pidió públicamente, tanto por los canales de televisión como por Twitter, que regresara, pero Arana ya confirmó que no habrá retorno.

Una farsa insostenible, que se les escapó de las manos a los productores que corrieron desesperados, de lado a lado, cargando baldes de arena para tapar el incendio entre los protagonistas que, quizás, tenían nombres muy grandes para compartir una pantalla tan pequeña.

Fuente: clarin.com

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