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Jorge Faurie y la noche inolvidable en la Rosada que lo convirtió en canciller

30 de mayo de 2017 12:56
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Insólita campaña de una diputada chaqueña con el jingle de un aceite

En esa innoble transición del mando entre el kirchnerismo y el nuevo gobierno macrista, el entonces embajador Jorge Faurie jamás imaginó el papel que tuvo que jugar. Junto al hoy secretario general de la presidencia, José Torello ,y otro macrista se acercaron a la Casa Rosada en plena madrugada y pidieron hablar con el jefe de la Casa Militar. Se presentaron como los representantes de las nuevas autoridades, que se iban a hacer cargo de la ceremonia de la transición. La Casa Militar autorizó el paso. En plena noche recorrieron la Casa de Gobierno y luego, el Congreso buscando si había kirchneristas dispuestos, en ese tormentoso día, a arruinar las celebraciones de la asunción de Mauricio Macri como presidente de la Nación.

Si hoy el santafecino Jorge Faurie es canciller de la República, más allá de su profesionalismo, a las razones y a las lealtades hay que buscarlas en esa noche inolvidable. Fue el jefe de protocolo de urgencia de la transición macrista, con la experiencia de haberlo hecho durante varios años como jefe de protocolo durante el gobierno menemista.

Así llegó al gobierno macrista el embajador de carrera Jorge Marcelo Faurie, ex vicecanciller de Carlos Ruckauf y con una larga tradición peronista. En las últimas 12 horas del gobierno de Cristina Kirchner y el primer día de Macri, la experiencia de jefe de protocolo de la cancillería del gobierno de Carlos Menem le sirvió para ordenar un pase de mando caótico. A los gritos con unos, persuasivo con otros, trató de poner orden en un apresurado zafarrancho diplomático protocolar.

Fue Faurie quien llevó por primera vez a la discreta Anita Moschini, la secretaria personal del presidente Mauricio Macri, a la Casa de Gobierno.

Tras las primeras designaciones del nuevo gobierno fue elegido como nuevo embajador en París. Desde allí partió el lunes por la noche, en un vuelo de Air France, anunciando a algunos de sus amigos que “hay cambios de gabinete”.

Es el primer embajador en la lista del escalafón de carrera del ministerio de relaciones exteriores.

”Es un desafío particular del que me siento honrado”, dijo ayer a Clarín cuando tomaba el avión.

Su primera misión habría sido recibir a la canciller Ángela Merkel en su visita a la Argentina la semana próxima. Pero recién asumirá el próximo 12 de junio.

Faurie nació un 24 de diciembre de 1951 en Santa Fe. Su profesor fue el Papa Francisco en el colegio de los jesuitas, cuando era Jorge Bergoglio y había sido enviado por su madre médica. Compartía este raro privilegio con los hermanos y hoy embajadores Ernesto y Rogelio Pfirter y con el médico Bernardo De Diego, entre otros santafesinos talentosos.

A los 48 años fue el embajador más joven que tuvo la carrera. Estuvo destinado en Venezuela, en Santiago de Chile en los tiempos del controvertido Spinoza Melo y fue diplomático en Europa bajo el mando de Federico Bartfeld. Durante 10 años, bajo el kirchnerismo, fue embajador en Portugal.

Faurie, para sus amigos “El Petiso”, es conocido por su fuerte carácter y su falta de paciencia entre sus subordinados.

Habla inglés, francés y portugués fluidamente y su trabajo en Paris estuvo dirigido especialmente a conseguir que Argentina sea parte activa de la OCDE, ese club de transparencia internacional. Deberá hacer su mudanza francesa, que recién había terminado, para regresar a su departamento de la avenida Santa Fe en Buenos Aires.

Durante varias semanas, el rumor en París fue que estaría a cargo como secretario de estado de la organización de la Cumbre del G20 en Buenos Aires, prevista para noviembre de 2018. Hasta él mismo se sorprendió con su designación como nuevo ministro de relaciones exteriores. ¿Su sucesor? Nadie descarta que sea la ahora ex canciller , Susana Malcorra.

Fuente: clarin.com

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