Reciba las últimas noticias sobre temas interesantes con NewsHub. Instalar ahora.

Juventus, esa máquina italiana tras los pasos de la Champions

20 de abril de 2017 10:00
28 0

Tiafoe y Krueger se toman con humor los gemidos y continúan jugando al tenis. (YouTube)

Es una verdad que cuenta la historia y que repite el campo de juego: la Juventus no es el Paris Saint Germain. Por su pasado, por su impronta, por su identidad. También por su presente, ese plantel guerrero, con variantes, con cracks de la defensa y con estrellas en ataque. En consecuencia de esta Vecchia Signora no hubo milagro del Barcelona. La emblemática bandera con la palabra "Remuntarem" (remontaremos, en catalán) quedó como un recuerdo de la épica pasada (aquel 6-1 imborrable frente al PSG en la instancia pasada) y como un retrato del deseo que la Juventus rompió bajo el cielo del Camp Nou, con ese partido sin goles, con ese tres a cero en el resultado global de la serie.

La eliminación del Barcelona, que es bastante más que eso, parecía exhibida en un llanto: rumbo a los vestuarios, Neymar -que ayer no fue el rayo incontenible que el gigante catalán necesitaba- lloró como pocas veces se lo vio. Esa cara era el desconsuelo también de cada uno de sus compañeros y de cada uno de esos hinchas que había concurrido al Templo de Messi a ver otra demostración de poderío.

Este tropiezo del equipo de Luis Enrique es el golpe más duro de la temporada. Ya no habrá Champions League para los culés, esa obsesión de cada año. Y el domingo, en el Santiago Bernabéu, estos mismos jugadores se juegan quizá su última chance de cazar al líder de la Liga, el Real Madrid, su archirrival de la historia y de hoy. El equipo de Zinedine Zidane le lleva tres puntos y tiene un partido menos (debe completar su encuentro ante Celta, en Vigo), cuando quedan seis fechas incluida la de este fin de semana. Más allá de ese superclásico, queda una impresión: el desgaste que exhibe el Barcelona y los desaciertos en las contrataciones son indicios de que habrá más cambios, incluso más allá de la ya anunciada partido del entrenador.

Hasta este doble enfrentamiento, la MSN -el perfecto trío sudamericano compuesto por Messi, Luis Suárez y Neymar- era la explicación para tantos días de gloria reciente del Barcelona. Llevan tres temporadas juntos, obtuvieron ocho títulos y todos los galardones individuales. Hasta cruzarse con el equipo de Massimiliano Allegri iba por otro Triplete, como en la temporada 14/15. Ahora, sólo quedan retazos de ese entusiasmo no tan lejano.

Hay una explicación para que esas tres figuras universales no pudieran ofrecer su poderío, su capacidad creativa y goleadora. Juventus es -sobre todo en esta Champions- una máquina defensiva. Lo dicen los números: apenas recibió dos tantos en diez encuentros (ambos en la fase de grupos, en partidos sin grandes compromisos de resultado frente a Sevilla y Lyon). Hay tres nombres que ofrecen garantía de seguridad: Gianluigi Buffon -leyenda de todos los tiempos-, Leonardo Bonucci y Giorgio Chiellini llevan una década jugando juntos para la Juve y para el seleccionado. Se conocen y se complementan hasta en los mínimos detalles. El arte de defender es patrimonio de ellos.

Ese tridente del fondo, más el aporte de un equipo equilibrado, solidario al momento de la recuperación (el mejor ejemplo al respecto es Mario Mandzukic, un centrodelantero reciclado en extremo y en mediocampista y en lo que le pidan). Ante Barcelona, es cierto, le faltó la otra parte del libreto, la ofensiva. Paulo Dybala -gran figura en la ida- participó poco y Gonzalo Higuaín tuvo más tarea de luchador que de goleador. Pero en términos defensivos, la actuación de la Juventus fue como la contó la Gazzetta dello Sport, desde el lugar de los hechos: "Monumental".

Messi fue el más activo de los jugadores del Barcelona. Participó en cinco de las seis llegadas más claras del equipo. En cuatro de ellas, definió él, de zurda. Todas pasaron cerca. Se parece a una maldición reciente de esta instancia de la competición: en los cuartos de final no convierte en los cuartos de final de la Champions desde hace cuatro años (755 minutos sin anotar). No pudo convertir el máximo anotador de esta edición (llegó a los once goles, cuatro más que Cristiano Ronaldo, su perseguidor, quien sigue en competencia). Pero más allá de Messi es cierto lo que señala en su título principal el diario catalán Mundo Deportivo: "Un Barça sin magia ni gol".

Esta clasificación de la Juventus es también otra cosa: la demostración de que el equipo de Turín logró trasladar su poderío en Italia (va por su sexto Scudetto consecutivo) a la arena europea. La Champions se transformó en un estigma para el equipo bianconero en las últimas dos décadas. Ganó su segunda y última Orejona en 1996, en tiempos de Marcello Lippi como entrenador. Desde entonces perdió cuatro finales (la última, en 2015, en el Olímpico de Berlín, frente a Barcelona, su vencido de esta ocasión).

Pero esta vez llega mejor que nunca antes. Y hasta se anima a buscar el Triplete: lidera con comodidad en la Serie A (le lleva ocho puntos a su escolta Roma, con seis fechas por delante) y jugará la final de la Copa de Italia ante Lazio. "Dimos un paso importante. Faltan otros. No hay nada para festejar todavía", dijo Allegri, tras la clasificación, en la conferencia de prensa, en el Camp Nou. Ese estadio entero que vio rendido a los pies de su Vecchia Signora. Nada menos.

Fuente: clarin.com

Compartir en las redes sociales:

Comentarios - 0