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Más allá del empate, la Argentina debe resolver a qué quiere jugar

7 de octubre de 2016 05:33
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Más allá del empate, la Argentina debe resolver a qué quiere jugar

LIMA.- No será una autopista directa el viaje del seleccionado argentino rumbo a Rusia 2017. Los dislates de la organización de nuestro fútbol, primero, los conceptos fallidos de la anterior conducción, liderada por Gerardo Martino, más tarde, la salida del Tata, que provocó un shock, tiempo después, el amago de salida de Leo Messi, el arribo de Edgardo Bauza con la certeza de que no era la primera opción... El equipo nacional, repleto de estrellas europeas, hace tiempo que no pisa terreno fértil, más allá de las finales perdidas, con todo lo que eso provoca. La Argentina, sin chispa ni autoridad desde hace largos meses, debía desconectarse de las goleadas de Uruguay, Brasil, Ecuador y el imprescindible triunfo de Colombia, todos impactos conseguidos minutos antes del examen en Lima. Hace tiempo que la Argentina no sólo debe convencer: primero, es necesario ganar, la escalada de sus adversarios calificados resultan algo más que una amenaza. Por eso, el empate de anoche contra Perú, un buen adversario cuando juega en su casa, resultó a media luz. Porque lo que se viene, todavía está por verse. Más aún, cuando la Pulga no está.

Porque la Argentina, esta Argentina nueva que conduce Patón, todavía no tiene claro su estilo. Si prefiere el antiguo método del equilibrio, de la solidez y de la salida rápida por las bandas -todo lo que supo conseguir en los clubes- o, en cambio, si se inclina por la metodología del ataque, del vértigo y de la posesión. Bauza, seguramente, en su interior, suele ser seducido por el primer concepto; los jugadores, líderes de equipos audaces en el exterior -Barcelona, Juventus, París Saint Germain, Manchester City- sostienen su grandeza foránea con embates audaces, frente a adversarios diminutos. Esa es, entonces, la cuestión: a qué jugar.

Porque el equipo nacional, así como se muestra, está a mitad de camino. No se protege como se debe -sufre por los costados, con las salidas largas de Otamendi (suspendido para el próximo partido contra Paraguay, el martes, en Córdoba, al igual que Zabaleta y Funes Mori), con alguna falla conceptual de los dos números cinco, Mascherano y Kranevitter- y ataca en el desorden, con la clase de Dybala y la velocidad de Di María, en contraataques ineficaces. Se desluce la propuesta, queda a media luz. El Patón, tal vez, no cree necesario ubicar a cuatro fuera de serie bien arriba -Dybala, Agüero, Di María e Higuaín-, pero respeta la idiosincrasia del equipo, lo que exige la historia. Así, seguramente, entra en un laberinto de difícil solución, más allá de que las individualidades, con una cuota de inspiración, pueden resolverlo todo.

Tienen un problema esencial, el entrenador y los jugadores: no sobra el tiempo de trabajo, la mecanización de conceptos. Detrás de todos los conflictos externos, el DT entró en el medio del océano. Debe acomodarse rápidamente y también el equipo a su idea. No hay mucho tiempo que perder: como se ve en las posiciones, los adversarios no aflojan y además volvió Brasil, con Neymar y con lucidez.

Un zurdazo de Funes Mori, inclinó la balanza numérica para la Argentina, aunque no tanto en el rubro de los merecimientos: Perú atacaba con los ojos bien abiertos y se defendía con una venda sobre su mirada. Paolo Guerrero y Cueva tienen clase y estilo, pero cuando levantan la cabeza, se derrumban psicológicamente. Le costó a la Argentina capturar el balón, en variados minutos del espectáculo, fue dominado por un equipo entusiasta, aunque limitado. Sobre todo, inseguro, con poca grandeza.

Sin la pelota, sin el protagonismo y mareado por los ataques -la mayoría, repetidos- del equipo local, el mejor negocio para la Argentina fue espiar, a lo lejos, el cronómetro. Perú no sólo merecía el empate: tal vez, algo más. Hasta que lo resolvió, con una definición de llanero solitario de Guerrero, que dejó en ridículo a Funes Mori.

Los minutos finales fueron un martirio. Zabaleta sufrió toda la noche. Pero el N° 4, estéril para marcar, fue hábil para la creación: de su asistencia derivó el gol de Pipita, el del regreso, el más gritado por el grupo. Resultó un suspiro: un error en la salida de Mascherano acabó en penal de Funes Mori a Guerrero. Cueva selló el emotivo 2-2.

Que deja mareado a la Argentina, en la quinta posición; hoy, en repechaje. Debe revisar cuál es su envase, a qué quiere jugar. Para saber, en realidad, hacia dónde va...

Fuente: lanacion.com.ar

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