Construcción a puro ritmo

25 de noviembre de 2013 03:31

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Construcción a puro ritmo

En el primero de los shows con los que la banda de Dárgelos presenta su disco “Romantisísmico”, se vio al grupo buscando su mejor forma.

“¿Cuánto vale un rato más a tu lado? ¿Media hora?”. Montada en una línea de bajo tan bailable como machacante, a la que se le van agregando detalles percusivos y cuerdas acústicas, la voz de Adrián Dárgelos apenas flota pero interpela la dinámica de un romance, donde algunas cosas son gratuitas y otras no: “Uno de los dos tiene que hacer de ama de casa”, resalta en Los burócratas del amor, una de las canciones de Romantisísmico, el flamante y undécimo disco de Babasónicos.

En ese momento, las luces blancas se agitaron sobre la masa llamando la atención a esa dualidad tan típica del grupo, que hace bailar despreocupadamente mientras canta algunas verdades despiadadas. Al mismo tiempo, la banda salió de la penumbra en la que estaba sumida y el escenario se reveló austero: a tono con el techo galvanizado del microestadio Malvinas Argentinas, el andamiaje desnudo enmarcaba una grada metálica en donde cabían los siete (además del cantante, su hermano Diego Rodríguez, el guitarrista Mariano Roger, Diego Tuñón en teclados, Panza Castellano en la batería, Carca en el rol de multiinstrumentista y el bajista Tuta Torres), elevados un poco más que de costumbre, permitiendo así que pudieran verse desde cualquier ángulo. Ante la carencia de pantallas o imágenes que reforzaran el concepto, Dárgelos estuvo más histriónico que nunca, acompañando cada palabra, cada estribillo con la máxima gestualidad que le permitieron su cuerpo y su rostro, desfigurado a los gritos.

Con esta formación ya consolidada, se vio a un Babasónicos en (re) construcción, ensayando el primer paso de la “Trilogía Romantisísmica”, serie de shows con la que presentan el disco (sigue el 3 de diciembre en el Teatro Maipo y finalizará con un recital gratuito y al aire libre, en lugar y fecha a determinar). Cinco meses atrás habían actuado en esta misma arena, destacándose por el revisionismo: desempolvaron canciones que hacía mucho no tocaban, como D-Generación, Malón y Koyote, al tiempo en que invitaron a abrir a Boom Boom Kid, par generacional moldeado al calor hardcore-pop de los alternativos 90’s.

Esta vez volvieron sobre algunas de aquellas gemas (agregaron Patinador sagrado, en donde los hermanos Rodríguez se cruzaron con breakdance y rapeo), pero con el repertorio aumentado y con los Onda Vaga de teloneros (por media hora se llamaron Onda Vava e hicieron un set de reversiones babasónicas). De a ratos, la acústica del lugar atentó contra el diálogo melódico entre las distintas paletas de Romantisísmico (los quiebres rítmicos de Hum o, con la que abrieron; la distorsión de El baile de Odín; la cadencia dub de Negrita) y la de clásicos speed como Desfachatados e Irresponsables. El calor también talló sobre el clima de boliche que se forma cada vez que tocan (evidenciado en el esmero que el público femenino le pone a su producción) y mientras terminaba el show, algunos ya tomaban aire en el patio cervecero montado en la puerta, lejos del campo visual del escenario pero con el rumor de Sin mi diablo refrescando los oídos.

Fuente: clarin.com

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