Las desgracias de los protegidos de Don Julio Grondona

19 de noviembre de 2013 16:40

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Lalo Falcioni

En el año 2002, Germán Lerche era un ignoto empleado del Concejo Municipal de Santa Fe, sin auto y sin casa propia. En menos de una década, este abogado rubio y pintón llegó a la presidencia de uno de los clubes más populares del país, se ubicó bajo el ala de Julio Humberto Grondona y fue nombrado al frente de la codiciada Secretaría de Selecciones Nacionales, con viáticos liberados para viajar a cualquier punto del planeta. En el plano personal, el mandamás de Colón pasó a vivir en un country, a tributar ganancias y a manejar dos vehículos de alta gama. Pero a Lerche, como a tantos otros dirigentes que fueron los entenados del sempiterno titular de la AFA, se le pasó el cuarto de hora.

El escándalo que se vivió este lunes en el Cementerio de los Elefantes y en la concentración sabalera, cuando los jugadores decidieron no presentarse a jugar el partido contra Atlético de Rafaela por un atraso salarial de 8 meses, fue el punto final en la carrera del directivo que llegó a Colón para revolucionar sus estructuras. Una imagen lo dice todo: cuando Lerche quiso entrar a la sala en la que deliberaban los futbolistas con el delegado del gremio, los jugadores lo sacaron a empujones al grito de “rajá de acá mentiroso”. La renuncia fue su única vía de escape.

El ex empleado municipal de la capital provincial, que tuvo su etapa de gloria durante la Copa América de Argentina 2011 cuando logró la remodelación total del estadio rojinegro para recibir a la selección de Messi y fue postulado como “dirigente modelo”, dejó una institución acéfala y al borde del descenso.

Todos pasan

El caso del ex presidente sabalero sirve para describir una situación que se ha dado invariablemente en los años de reinado de Don Julio en la casa rectora del fútbol nacional. Todos los dirigentes que recibieron la bendición del jefe, y que en algún momento despertaron sus celos por proyección e impacto mediático, terminaron en el lodo, pateados e insultados por los hinchas que vieron caer a sus clubes en el descenso o en la debacle económica.

El de Eduardo López es uno de los ejemplos más notables. En sus 14 años de gobierno, el ex presidente de Newell´s siempre encontró refugio en el edificio de calle Viamonte, llegando incluso a tener un cargo en el departamento de Relaciones Internacionales de la AFA. Cuando la gestión de López se tornó insostenible, Grondona le soltó la mano y el barbado directivo tuvo que huir dejando a sus espaldas un club incendiado, saqueado, quebrado y a merced de delincuentes disfrazados de barras bravas.

Otro caso emblemático es el de José María Aguilar, el locuaz ex titular de River que dijo que la institución de Núñez era “Aruba” y la dejó sumergida en el más profundo de los infiernos. Aguilar, que llegó a la vicepresidencia de la AFA, fue el máximo responsable del histórico e impensado descenso de categoría de un gigante del fútbol mundial.

Central también hizo su aporte a esta larga lista de promocionados por Grondona que terminaron en la ruina. El recientemente fallecido ex presidente auriazul, Pablo Scarabino, fue uno de los hombres importantes de la AFA en el Mundial de Alemania 2006, con promesas de lanzamiento hacia otros cargos más importantes. Pero el ex dirigente ni siquiera pudo ordenar su propia casa, que al poco tiempo entró en un caos sin precedentes en Arroyito y que culminó con el equipo en la B Nacional bajo la presidencia de Horacio Usandizaga.

A propósito, el Vasco arrancó tirándole piedras a Grondona, pero rápidamente comprendió que debía alinearse bajo los preceptos afistas supuestamente para que le lancen un salvavidas desde la costa. A esa altura, el naufragio canalla era inevitable. En esta misma línea se puede ubicar a Julio Comparada, el polémico ex presidente que para Independiente representó el mismísimo diablo.

Tomando en cuenta estos antecedentes, se puede llegar a la conclusión de que el de Lerche es tan sólo un capítulo más en esta historia que ya lleva 35 años y que siempre tiene el mismo protagonista principal; sólo cambian los actores de reparto. En la doble moral grondoniana, todo lo que reluce no es oro. Es pura fantasía.

Fuente: rosario3.com

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