Florencia de la V: "Esta vez me lastimaron mucho"

24 de noviembre de 2013 21:03

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Florencia de la V: "Esta vez me lastimaron mucho"

Vestido fucsia, ajustado, corto. Sandalias, pelo suelto. Medio restaurante -uno de los favoritos de Susana Giménez en Martínez- gira cuando la ve pasar. Algunos la reconocen, otros callan, alguno comenta que “es un minón”. Florencia de la V no entra, como más de uno pueda imaginar, a lo Flor de la V , llamando la atención. No. Llega como quien va a comer, no como quien va a hacerse ver. Elige una mesa arrinconada, unos escalones más abajo del salón principal, sin testigos y con las luces justas para una charla a medio tono. El clima necesario para que diga frases como que “esta vez me lastimaron mucho” o “yo no merezco una cosa así”. No habla, al menos ahora, con su estridencia típica, con ese hilván de humoradas que suelen tener sus declaraciones. A una semana de la catarsis pública que hizo en La pelu (a las 11.45, por Telefe), tras las “agresiones” -tal cual ella califica- de Viviana Canosa, de Marcelo Polino y de un informe de Bendita (a las 20.30, por Canal 9), reconoce que a partir de su descargo “me siento en paz, recuperé alegría, puse el límite que necesitaba poner”.

Mientras ella charla con Clarín, su marido -según le avisan por el celular- la está defendiendo en Intrusos (a las 13, por América). “Nosotros somos una familia y cuando tocan a uno de los nuestros nos movemos en bloque. Y yo, desde que soy madre, pienso más en ellos que en mí”, asegura la conductora.

‘Ellos’ son sus hijos, Paul e Isabella -los mellizos que nacieron hace 2 años y tres meses, tras haber alquilado un vientre en los Estados Unidos-, y Pablo Goycochea, con quien se casó por Civil en el 2011: “Tengo documento de mujer, nombre de mujer, me siento una mujer. La ley me ampara. Entonces no entiendo por qué siguen discriminando. La única motivación, pareciera, es la de lastimar. Canosa dice que soy un tipo, Polino escribió en su libro que habíamos hecho pis en la misma lata... No es la primera vez que se dicen cosas así de mí”.

Pasó que a partir del nacimiento de mis hijos me cambió la cabeza por completo, en todos los aspectos. Era una persona antes de que ellos nacieran y soy otra, totalmente diferente, ahora. Y como ellos almuerzan mirándome a mí, siempre tuve mucha conciencia de que todo lo que yo hacía en La pelu les estaba entrando a ellos. Por eso el martes de la semana pasada, después que vi el informe de Bendita, en el que estaba lo de Canosa y lo de Polino y nadie decía nada, sentí la necesidad de hablar. Creo, como una comunicadora que soy, que ante este tipo de cosas hay que decir “momento”. Yo entiendo el juego de una pelea mediática o de cosas dichas en un contexto de humor, pero esto ya fue demasiado. No se puede hacer la vista gorda o terminar con un chiste una situación grave.

Todo, absolutamente todo. La explosión la tuve con el contenido del informe y con la cero reacción del programa. Quizás haya mucha gente en su casa que se siente distinto o distinta, que siente vergüenza, que quizá no puede contarle a un amigo o a sus padres lo que le pasa. Y me resulta preocupante que del otro lado nadie reaccione. Y cuando una conductora consagrada como Viviana Canosa dice libremente “son dos tipos” está infringiendo la ley de identidad. Yo soy mujer, tengo un documento de identidad que me avala. Eso ya no se discute. No me parece que el tema dé para meter ironía. Con la sexualidad no se jode.

Sí, pero en otro marco y sin agresión. Yo no uso los genitales para agredir.

El domingo, en su programa (“Ponele la firma”), Polino emitió fragmentos de un espectáculo tuyo en el que hacías humor...

Sí, sí, me contaron. Ha usado partes de una puesta teatral, y la puesta teatral permite ciertas licencias. Esto que pasó es distinto. Además, puso partes de la obra por la que Zulma Faiad, por ejemplo, me hizo un juicio y lo ganó. Pero ojo que el juicio vino cuando ese material se pasó por la TV... Entonces no me parece bien que vuelva a emitirse, fundamentalmente para no reabrir heridas. Ahora mis abogados están analizando cada tape para iniciar acciones legales. Es la única manera de lograr que las cosas empiecen a cambiar.

Una merluza negra con verduras y una copa de vino tinto acompañan la charla en la que la coyuntura se impone y establece sus pautas. No hay espacio para los chistes. “No va a debate que me siento mujer. Los demás pueden pensar diferente, lo que no pueden es faltar el respeto. A mí me avala la Constitución. ¿Querés que te diga una cosa? Yo prefiero mil veces un facho que vaya de frente y no un progre disfrazado”, elige De la V, quien comparte que “muchas veces, para agredirme, me han llamado por el nombre anterior (Roberto Carlos Trinidad). Yo he soportado muchas”.

Teniendo un programa no podía quedarme callada. No correspondía, ni por mí ni por toda la gente discriminada. Muchas veces en mi vida he sentido vergüenza. Y ya no siento vergüenza de quién soy. Sí, vergüenza ajena de la discriminación. Y está bueno, cada tanto, dar un mensaje así y repudiarlo.

Cuenta que, ese martes, después de haber visto Bendita, “llamé a mi productor y le pedí que me diera 15 minutos al día siguiente. Tenía una mezcla muy pesada de dolor y tristeza. Y por mí, por mi familia y por toda la gente con sexualidad diferente quise poner la cara desde otro lugar. Yo tengo una página, Flordelave.com , en la que recibo miles de mails en los que muchas personas me cuentan sus penurias y dicen que ven en mí valentía y fuerza. Son dos cosas que tengo, pero también sufro y he sufrido muchos años”.

Con la voz entrecortada, recuerda que ese martes a la noche escribió y tiró varios borradores con lo que diría al día siguiente en el cierre de su programa (ver A cara lavada...) y “después concilié el sueño como pude, digamos que no dormí casi nada. Fui sin saber exactamente qué iba a decir. Imaginaba que en algún momento me iba a quitar el maquillaje, porque es un modo en el que una se puede mostrar más auténtica. Pero no fue un acting , como dijo alguno por ahí. Lo bueno, además de mi alivio, fue la gran cantidad de llamados que recibí. Desde Carlos Rottemberg a Griselda Siciliani, pasando por medio mundo”.

No me alcanzó, porque no la creo sincera. Si hubiera querido disculparse me hubiera llamado a mí directamente. Igual, en este punto en el que estoy, ya no necesito esas disculpas. Esto debe pasar a otra instancia más profunda, la legal.

Relata que ese miércoles, después de que se apagara la luz del estudio, “hubo un aplauso cerrado de mis compañeros y de todo mi equipo y me puse a llorar como loca. Fue como una gran descarga”.

Entré a casa y me abrazaron como nunca en la vida. Te juro, fue emocionante. Me vieron triste y me dieron todo el amor del mundo. Fue como si hubieran dicho “estamos acá con vos”. Y eso me cambió el día. Después nos fuimos a la plaza, como todos los días. La vida continúa. Y, aquellos que dijeron que había perdido el humor, sepan que soy la de siempre. Primero me río de mí y luego de los demás. Jamás perdería el humor... es lo que me salvó. Pero para hablar de respeto y de igualdad hay que ponerse seria.

Fuente: clarin.com

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