Florencia Raggi: “De chica no me sentía nada linda”

23 de noviembre de 2013 13:32

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Florencia Raggi: “De chica no me sentía nada linda”

La actriz que se luce sobre el escenario en “La casa de Bernarda Alba” empezó a dar vida a Lila en “Los vecinos en guerra” (Telefe). Y dice que su personaje es como ella: “espontánea, sencilla, natural y buena onda”.

En la casa de Florencia Raggi reina un silencio apacible. Los cuadros y los libros de arte conviven con los retratos familiares. El aroma a comida que llega desde la cocina anuncia que Renata y Francisco, sus dos hijos, volverán pronto del colegio. Esa imagen doméstica y la pasión por el trabajo artístico guarda coherencia con la forma de ser y el modo de vida que la actriz eligió tener.

Casada recientemente con el conductor y productor televisivo Nicolás Repetto -con quien está en pareja desde hace 18 años-, supo despegarse del rol de modelo que dio origen a su carrera para dedicarse de lleno a su formación profesional como actriz. Actualmente hace el papel de Lila en la tira de Underground Los vecinos en guerra (a las 22.30, por Telefe) e integra un elenco de lujo en La casa de Bernarda Alba, dirigida por José María Muscari, en el teatro Regina. A principios de este año también cosechó elogios por su protagónico en la película Mala, de Adrián Caetano. Lo que se dice, un año para recordar.

Me sale decir “buena suerte”, porque se da todo a la vez. Pero la suerte no viene sola. También se trata del trabajo que vengo haciendo desde hace mucho tiempo. Realmente tenía ganas de volver a hacer teatro. Lo de Mala era un deseo personal que tenía de trabajar con Adrián Caetano, y la tira es como una especie de brochecito para terminar el año, porque es algo completamente diferente. En Los vecinos en guerra me divierto mucho, la paso bien y es una forma de mostrar mi laburo en algo más masivo.

Mi intuición, no más que eso. Tratar de, cada vez más, escuchar qué me dan ganas de hacer y qué no. La búsqueda de cuáles son las cosas que me van a hacer feliz y me van a ayudar en mi evolución. Le vengo pegando cada vez más, pero no me ha sido fácil tenerle fe a esa intuición. Estoy escuchándome por el camino de lo que es sencillo. El director Javier Daulte una vez reprodujo una frase que él había leído: “Las cosas son fáciles o imposibles”. Me impactó y fui entendiéndola cada vez más con el tiempo. No quiere decir que uno no pueda hacer lo que le cuesta, pero que el camino es por donde las cosas son sencillas, porque por algo lo son. Así, el esfuerzo es desde el placer y desde el entusiasmo. El entusiasmo es todo.

Que ella es una mujer espontánea, sencilla, natural, buena onda. La propuesta me llegó de un día para el otro. Leí el libreto y dije “Sí, tengo que hacerlo”. Era la oportunidad de interpretar un personaje que soy yo. En la tele no he mostrado tanto eso porque, en general, me llaman para el rol de inalcanzable, malvada y fría. Lila representa una parte mía que no sale tanto a la luz.

Pero ella era un “patito feo” en su juventud, y ahora podría tener una relación sentimental con el protagonista de la historia, Diego Torres. ¿Te sentís identificada en ese punto?

Es que eso tampoco me resultó ajeno. De chica no me sentía nada linda y no me iba bien con los hombres. Es un color que también conocía. Yo no me siento hermosa. Estoy haciendo de una mujer común, que es como me siento y lo que transmito. La belleza es muy subjetiva. Para mí no hay un “bando de los lindos” y un “bando de los feos”.

Florencia no para. Entre los trabajos que está haciendo y los que tiene en carpeta (ver Al cine...), no parece haber mucho lugar en su agenda para el descanso. Es llamativo que esa realidad parezca chocar con las palabras de Nicolás Repetto, quien hace pocos días en una entrevista con Alejandro Fantino para el ciclo Animales sueltos (América), se definió a sí mismo como “el Rey del boludeo”.

Yo no podría estar con una persona que no hace nada. Me aburriría soberanamente. Nico dice esas cosas y queda pegado a un estigma que no es real. El no es el rey del boludeo. Yo valoro más otra cosa que él dijo: “riqueza es tener tiempo para hacer las cosas que a uno le gustan”. Me parece que eso tiene que ver con la felicidad, con sentirme “rica” y exitosa. El no tiene vergüenza de valorar el ocio por temor a generar la impresión de que “tiene mucha plata”. Cuando no tenía un peso se fue a Brasil a hacer ladrillos en vez de quedarse acá trabajando en algo que no lo hacía feliz. No quiero hablar de llena, pero me parece que en general uno siempre se forja el camino y puede elegir otras opciones. Lo mejor es tratar de encontrar una calidad de vida lo más acorde posible a lo que uno quiere. Parece que yo hago mucho, pero él hace más.

Volviendo al trabajo entonces ¿cómo es el tránsito de la modelo, a la actriz que interpreta a Federico García Lorca?

Yo intuía que el teatro iba a ser una manera de expresarme que me iba a nutrir a nivel personal, más allá de la profesión. Primero no quise acercarme, porque tenía un conflicto con mi madre actriz cuando yo era chiquita (ver Madre, hija y García Lorca). Ella empezó a actuar de grande y le costó mucho en el plano familiar salir a trabajar con tantos hijos, y habiendo sido ama de casa. El teatro era lo que me sacaba a mi mamá. Cuanto ella más lo endiosaba, más lo detestaba yo, porque sentía celos. El modelaje se me vino como caído del cielo y la verdad es que fue todo muy fácil. Lo disfruté de jovencita, entre los 15 y los 23 años, y se terminó en sí mismo porque no era algo que realmente me apasionara. A los 21 me animé a entrar en un taller de actuación. En el escenario pensé: “Claro, por eso me daba miedo, porque me encanta”.

En el cine. Principalmente por las maneras de abordar los personajes, con tiempos que son más extensos que en un programa de televisión, y por la necesidad de abordar el texto con intimidad. De todos modos, no podría asegurarlo, porque una va cambiando. Tal vez disfruto tanto de hacer Los vecinos en guerra porque estoy haciendo teatro, y viceversa. La televisión te exige espontaneidad y frescura; en el teatro prevalece la adrenalina y la entrega al público. y el cine es la gran fiesta de la sutileza, de los “momentitos”. En este fin de año siento que los tres ámbitos se complementan. Podría hacer sólo cine o teatro. La televisión es linda cada tanto, pero no podría quedarme haciendo solamente eso.

Fuente: clarin.com

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