Cuando las necesidades son muchas se despierta la verdadera vocación

16 de marzo de 2015 00:30

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Rolando Sánchez es pediatra, nació en el paraje Abra Grande, en el departamento Orán, en 1960. De raíces muy humildes, su vida es hoy ejemplo de vocación, esfuerzo y sacrificio.

Hijo de padres campesinos, apuntó sus esfuerzos en el camino de la superación. Para pagar sus estudios de medicina en Córdoba, adonde se mudó apenas finalizó el secundario, trabajó de mozo, de vendedor y de todo lo que le permitiera ganarse, de manera digna y honrada, el sustento diario.

Su objetivo: ayudar a mejorar la vida de la gente de las zonas más desprotegidas. Y supo cumplir su meta con creces...

Rolando descubrió su vocación cuando vivía en su pequeño pueblo natal. Un hecho en particular determinó el rumbo que tomaría su vida años después. Cuando tenía solo 11 años, una mujer embarazada llegó a su pueblo y falleció por no haber contado con atención médica a tiempo. Fue entonces cuando supo que la medicina iba a ser su camino en la vida y así fue como decidió marcar la diferencia.

Hoy, 35 años de trayectoria como médico avalan su vocación de servicio en las comunidades donde transcurrió la tarea que se había propuesto. Desarrolló su carrera asistiendo a comunidades rurales aisladas por la geografía y el olvido. Trabajó en las zonas más inhóspitas de Salta, desde la Puna hasta la zona selvática, en plena frontera con Bolivia.

Regresó a Salta de la mano de su esposa, Sara Palavecino, quien junto a sus hijos Rodrigo y Franco, hoy también médicos, lo acompañaron en su travesía por toda la provincia.

Su primer destino fue Orán, adonde fue enviado en 1980. Allí estuvo al frente del puesto de salud en la fronteriza localidad de Aguas Blancas.

Caminos anegados por la crecida de los ríos, calor extremo y grandes distancias completaban un panorama donde la vida no era fácil para nadie.

Las necesidades eran muchas y los recursos, pocos. Pero Rolando y el personal sanitario se las ingeniaban para realizar visitas semanales a los distintos parajes. En cada lugar permanecían varios días para dar respuesta a la gran cantidad de gente que se agolpaba, ya sea en una casa de familia que cedía gentilmente el espacio o, en el mejor de los casos, en la escuela local, donde se instalaba un improvisado consultorio.

Debían pedir ayuda para trasladarse en tractores o camiones a estos parajes y así sortear los ríos en épocas de crecida.

Del calor al frío andino Rolando trabajó durante diez años en San Antonio de los Cobres. Los embates de la naturaleza y las grandes distancias hicieron de su trabajo una tarea ardua y sacrificada.

Las temperaturas bajo cero eran una constante, especialmente en el crudo invierno andino. "En una ocasión se nos congeló el agua del radiador de la camioneta en la que viajábamos con el equipo. Nos dio desesperación porque por allí no pasaba nadie para ayudarnos y, si caía la noche, era un enorme riesgo por las temperaturas extremas", contó Rolando.

El Dr. Rolando Sánchez fue gerente de los hospitales de Coronel Moldes, Guachipas y San Antonio de los Cobres. También, director de Salud de los centros sanitarios de Animaná y Aguas Blancas.

Sus años de trabajo en la Puna le ocasionaron algunos problemas de salud, debido a la falta de oxígeno propia en los lugares de mucha altura, pero ello no impidió que siguiera trabajando al servicio del prójimo.

Fuente: eltribuno.info

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