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Macri volvió al timbreo con un blindaje anti protestas

20 de agosto de 2016 23:03
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Macri volvió al timbreo con un blindaje anti protestas

Fue a San Miguel con María Eugenia Vidal, custodiado por la Gendarmería y la Policía Bonaerense.

“Me queda el último coquito ¿quién lo quiere?”, gritó Mauricio Macri antes de subirse a la camioneta para dar por finalizada su primera jornada de timbreo desde que llegó a la Casa Rosada. Lo hizo en San Miguel, junto a la gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal, en el cierre de la que fue la semana más dura para su Gobierno.

Después de los incidentes ocurridos en Mar del Plata, donde un grupo de personas pateó y arrojó piedras contra el auto del Presidente, el Gobierno quiso dar rápida respuesta y volver a salir a la calle, aunque esta vez se encargó de ejecutar un hermético plan de seguridad.

Efectivos de la Policía Bonaerense, Gendarmería y de la Casa Militar, el organismo encargado de proteger al jefe de Estado, se apostaron en la esquina de José María Paz e Italia, a cinco cuadras del centro de San Miguel, pasado el mediodía. Su presencia despertó la sorpresa de los vecinos que no imaginaban lo que siguió: vestido de jean, chaleco gris infable y zapatillas Macri apareció caminando al lado de Vidal. Los seguían el secretario General de la Presidencia, Fernando De Andreis y el anfitrión Jaime Méndez, el intendente que asumió en San Miguel tras la salida del peronista Joaquín de la Torre, quien se incorporá al gabinete provincial.

“Nos asustamos. Pensamos que habían matado a alguien, que había tanta policía”, contó una vecina que se acercó a saludar.

El lugar no fue elegido al azar. Por el contrario, todo estuvo secretamente calculado, al punto de que ni siquiera la gobernadora sabía cuál iba a ser la zona que recorrerían. La comitiva tenía la orden de reunirse a las 12 en Los Abrojos, la quinta de nueve hectáreas que Macri tiene en Malvinas Argentinas. De ahí salieron todos juntos. Al intendente local no se le permitió llevar, como es habitual, a sus funcionarios ni a gente del equipo de prensa. Las cámaras de Gobernación y Presidencia fueron las únicas presentes.

Una de las primeras paradas fue en la panadería Las Delicias. "Entraron de repente y vinieron acá atrás del mostrador. Les di una bolsa de coquitos que son del gusto del Presidente, según me dijo. Se los quería regalar, pero sus asesores me los pagaron a toda costa", comtó Analía. En lo que duró la recorrida, Macri fue ofreciendo esas masitas de coco a todos. "Qué lindo! Cómo extrañaba esto", le comentó en su recorrida a María Eugenia, en alusión a las recorridas de campaña.

Los dirigentes no accedieron a hacer ningún tipo de declaración sobre el fallo de la Corte Suprema sobre las tarifas de gas. El Presidente eligió no contestar las preguntas de Clarín. Se limitaron a conversar únicamente con los vecinos sobre cuestiones del barrio.

"¿Qué están haciendo acá?", le preguntó Vidal a una mujer que supervisaba la obra de levantamiento de la vereda de su casa. María explicó que la zona se inundaba y Macri le consultó al Intendente si había obras planeadas para eso. Había y las explicó.

La caminata concluyó sin incidentes ni insultos. A los disconformes se los podía distinguir simplemente observando con seriedad desde las ventanas de su casa.

Finalmente, los funcionarios se saludaron y se separaron. El Presidente subió a su camioneta dispuesto a volver a Los Abrojos, pero antes pidió desviarse para una última parada: Casa D'Alessandro, la juguetería más grande de San Miguel. La beneficiaria de ese alto no fue otra que su hija Antonia, de 4 años. Macri le compró por el Día del Niño dos rompecabezas, uno "Monster High” y el otro de la línea "My Little Pony". En julio, en una entrevista había contado que armar puzzles con Antonia era su "nueva especialidad".

Fuente: clarin.com

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