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La Mary, como nunca nadie antes la vio

21 de octubre de 2014 13:55
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La Mary, como nunca nadie antes la vio

Antes del reestreno esta semana de la icónica última película de Daniel Tinayre, una charla a fondo con el director de Gotika Films, la compañía que logró la asombrosa remasterización.

Pasaron más de 40 años. El 8 de agosto de 1974 Daniel Tinayre estrenaba la que sería su última película como director. La Mary desembarcaba en los cines argentinos, por entonces más parecidos al cinema Paradiso que a las asépticas salas de hoy en día, en lo que parecía una jugada publicitaria ideal para dos estrellas en ascenso y –para mejor– en pareja por entonces: Susana Giménez y Carlos Monzón representaban en el imaginario argento el encuentro de dos mundos, el groncho y la dama, el fuego y el agua, lo grasa y el perfume francés.

Esta semana llega, remasterizada y llevada a un asombroso estado de calidad de imagen y sonido, otra vez a las salas de proyección, gracias al trabajo de Gotika Group, una empresa argentina que trabaja en la restauración fílmica con material original hecho en el país y con un pie en el mercado asiático.

Basta recorrer parte del corto subido a YouTube que compara varias secuencias originales contra las restauradas para entender el tipo de trabajo hecho en el material original.

“La Mary llevó más de un año para remasterizarla, creo que entre 18 y 20 meses. Se hizo con muchísima dedicación, además de que es una película que presentaba serios problemas a la hora de recuperar tanto la imagen como el sonido. Más que ninguna otra, incluso, aunque es sabido que cualquier filme argentino de más de 40 años va a representar un desafío al intentar restaurarla. Si bien tuvimos la suerte de encontrar negativos originales, fue un trabajo arduo”, explica Sergio Rentero, director de Gotika y uno de los pilares fundamentales de esta restauración.

Mejor que antesEn ese plan, y volviendo a la calidad de lo que se verá desde este jueves en las salas cordobesas es evidente que lo que se verá es una versión incluso mejor que lo que pudieron presenciar los espectadores en aquel agosto de 1974. Rentero trata de dar las razones.

“Las películas que hoy por hoy se restauran a partir de negativos originales, en la mayoría de los casos se van a ver incluso mejor que en el estreno. Eso tiene una razón: cuando se hace una película “grande” –La Mary lo fue-, hay un negativo, después una corrección de color analógica en laboratorio que se hace con tres filtros, de ahí hay un interpositivo, un internegativo, y después recién la copia. Lo concreto es que cada uno de esos procesos (que en ese entonces no eran digitales) le iban restando calidad a lo que llegaba a los cines. Al tomar la imagen directamente desde el negativo, como ahora, se restaura, se pone color y se manda a un proyector digital de alta calidad: o sea que sí, nunca se vio tan bien como se va a ver ahora, ni siquiera en la primera copia que se usó para el estreno”.

–Entonces no se puede hablar de restauración, porque eso implicaría dejarla tal cual se estrenó.–Siempre se discute con los puristas, los coleccionistas, el hecho de que nosotros no restauramos las películas sino que las remasterizamos. En ese caso, filosóficamente, la restauración no existe en esos términos: para nosotros lo importante es que la película se vea como si fuera actual. No para que lo vean 20 eruditos y dejar conformes a los que lo ven dos semanas en el Malba.

La realidad es que, muy posiblemente, ni siquiera Susana Giménez vaya a recordar con exactitud cómo era la imagen que vio entonces en la avant premier de la película que la inmortalizó en el cine en su máximo esplendor. "Sucede que el cerebro no recuerda cosas como la calidad de imagen, menos después de 40 años –apunta Rentero–. Lo que recordamos es una mezcla de la visión con un montón de datos que tienen que ver con otras cosas. La resolución es absoluta y la definición es relativa. Si ves una película a los 15 años con tu primera novia en el cine, seguramente a esa película la vas a recordar mucho más definidamente. En este caso pasaron tantos años que la gente que la vio entonces no tendría forma de acordarse de los detalles de definición".

–Por lo que se ve en el tráiler, la imagen cobra una profundidad difícil de hallar en el cine de hace cuatro décadas.–La única forma es comparar escena contra escena. Hacemos mucho hincapié en el antes y el después para que se vea en qué tipo de detalles trabajamos, aunque eso nunca va a dar una idea cabal de todo el trabajo que lleva. Posiblemente si hiciéramos un buen documental sobre lo que encontramos realmente, se sabría. Pero como trabajamos para Asia, para otros mercados, nunca tuvimos tiempo.

Por qué “La Mary”–¿Por qué La Mary a la hora de elegir qué remasterizar?

–La elegí yo porque para mí es una película que cierra el cine clásico argentino. Aunque esté en color es una forma clásica de hacer cine y es además el fin del cine libre (es de 1974 y sabemos lo que pasó en 1976). Está hecha por un director de estudio impresionante que era Daniel Tinayre, tenía cosas hitchcockianas, y avanzadas en cuanto al relato para su época, y la idea es que la gente se siente y la pueda disfrutar como a una película actual. Tinayre la pensó en referencia a Vértigo de Hitchcock, y así lo tomamos nosotros para pensar la remasterización.

–¿Se ven elementos que en el original no se apreciaban?–Hay cosas que en la versión de televisión ni siquiera se ven, como por ejemplo en la escena del colectivo, el letrero con el recorrido. Se va a ver casi un 40 por ciento más de imagen. Cuando se cortó para televisión se dejó aparte todo lo que estaba a los lados. Tiene la misma cantidad de minutos, el metraje original. Hay otros casos de restauraciones recientes, como Los Bañeros, que demuestran que lo que se estuvo viendo en todos estos años en televisión por el canal Volver, por ejemplo, son directamente una estafa a la gente por la pésima calidad de lo que se emitió.

–¿La culpa es de Volver?–La culpa no es de Volver, está claro: la culpa es de todos, empezando por los productores que no guardaron bien el material. No se cuida, no hay un pensamiento de negocio en el cine, porque lo que falta acá es la figura de las majors. Al no haber eso se pierde la figura del estudio que vela por el material de varios productores y directores, y además entiende que hay un negocio a futuro en hacerlo. Si tengo bien guardado Blade Runner, por ejemplo, cuando salga el scanner 8K voy a vender la película otra vez en el formato que exista en ese momento.

–¿Cómo hicieron con el sonido?–Una parte se tomó del negativo de sonido antes de fundirse en la copia final, y la otra se rescató de copias de cine. Es muy raro encontrar en el cine argentino originales almacenados en algún medio magnético y preservados. Hay casos aislados de productores como Lita Stantic, que tienen cuidado de haber guardado todo, pero son excepciones.

–El sonido, además fue históricamente un déficit en el cine nacional.–Nunca tuvimos un buen sonido, hasta que llegó el digital, el dolby y demás. E incluso ni siquiera así. El sonido fue y sigue siendo una asignatura pendiente en el cine argentino de hoy: no se presupuesta en serio como se debería, pasa a ser algo menor, no se le da al departamento de sonido el tiempo (más allá del presupuesto) ni la libertad que sí se le da en el cine de Estados Unidos, por ejemplo. Ojo, que pasa también en televisión. De nuevo, hay excepciones, gente como Lucrecia Martel, que le presta muchísima atención al sonido.

En defensa de La Mary y de sus originales, hay que decir que tampoco había herramientas ultra precisas como las que los editores de sonido disponen ahora. Si había un ruido de fondo en las tomas, se podían comprimir algo, pero no se podía limpiar frecuencia por frecuencia, con lo que algunas fallas de sonido terminaban siendo demasiado evidentes. Algo que, espera Rentero, se revierta a partir de las dos últimas gestiones al frente del Incaa.

“En la gestión de Liliana Mazure se vieron cambios. Es cierto que el trabajo nuestro en Incaa TV lo financiamos en Gotika el primer año para convencerlos de que hacía falta, pero después se creó una conciencia de que es algo que hay que hacer: guardar, tener la cinemateca, etcétera. No lo digo por obsecuente, pero la gestión actual, de Lucrecia (Cardoso), también está a cargo de gente que hace cosas: hay cambios en los requisitos para presentar las películas, para que puedan ser preservadas. Si no viene una topadora y se lleva puesto todo, el material hecho hoy va a estar en excelentes condiciones dentro de 25 años. Y eso es patrimonio cultural”, apunta el director de Gotika.

Artesanal, tecnológico –¿Cuánto de artesanal y cuánto de tecnológico tiene la remasterización de una película como La Mary?–Es una buena pregunta, pero es una falacia. Lógicamente no tiene sentido: lo artesanal es 100 por ciento, y la tecnología es 100 por ciento. Es el huevo y la gallina: sin una no se puede hacer (la tecnología) y sin la otra (la mano y el ojo de los restauradores), tampoco.

Fuente: vos.lavoz.com.ar

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