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Si no aparece el plan, habrá otra crisis

7 de diciembre de 2013 14:10
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En un país tan futbolero como éste, lo que pasa en la Argentina es muy parecido a lo que ocurre en esos angustiosos partidos en los que hay que hacer un gol para no descender, mientras uno ve cómo el técnico dilapida los cambios sin acertar soluciones. Los goles que no se hacen se sufren, y nos vamos al descenso. Pero lamentablemente, la economía –y la política- son mucho más dramáticas que un partido de fútbol, porque hay futuros, vidas, trabajos, un país entero en juego, y en vilo. Dos semanas después de los cambios más significativos que haya hecho la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en su gabinete, no se advierte la existencia de un plan económico integral que frene el deterioro y el futuro a la vista es otra crisis. Argentina ha ingresado en una peligrosa espiral de inflación, devaluación cada vez más acelerada, remarcación de precios, aumentos de salarios, y más inflación. Los días, horas y minutos que se están perdiendo en el altar de las indefiniciones han acelerado las expectativas inflacionarias de los actores económicos –un mal bastante argentino- y la situación está a punto de desmadre. El problema no es sólo político. El tejido social está desgranado y los saqueos han comenzado a multiplicarse en distintas provincias del país, con policías autoconvocadas, acuarteladas, y ocupando unidades regionales y comisarías en por lo menos nueve provincias argentinas. Las imágenes de personas de toda clase robando electrodomésticos, bebidas, muebles, y hasta exhibidores de los supermercados han acelerado la sensación de desprotección y angustia a millones. Y las reacciones del gobierno han sido paupérrimas.

Arrancaron negándole ayuda a una de las provincias más importantes del país sólo porque no les gusta su gobernador, como en el caso de Córdoba. Pero ayer recibieron llamados desesperados de mandatarios aliados de San Juan, Catamarca, La Rioja, Neuquén y Río Negro, por lo menos. Entonces lo que tenemos al final del día es una gran torpeza política y un enorme vacío a la hora de las decisiones económicas. Sólo se han tomado medidas de escaso aporte fiscal y no hay un plan integral contra la inflación y la fuga de divisas, que este año llegará a los 13.500 millones de dólares en caída de reservas del BCRA, a pesar de las numerosas medidas de refuerzo del cepo que se tomaron durante el año.

Claro, lo que está pasando va a tener consecuencias que conviene analizar.

Las reservas están a punto de perforar el piso de los 30.000 millones de dólares, con un escenario de varios toboganes y un ascensor. La inflación es la que va por el elevador mientras los dólares se escapan por varios toboganes: 1) la importación de energía y combustibles en todas sus variantes, luego de años de política de tarifas baratas, subsidios, escasa inversión de las empresas, y caída de la exploración y perforación petrolera por falta de control de los contratos de concesiones tanto de la Secretaría de Energía de la Nación, como del ministerio de Planificación y –por supuesto- de las provincias que son las “dueñas” del petróleo desde que fuera sancionada la “Ley Corta” en 2004. 2) La industria automotriz inclusive las autopartes importadas de muchos vehículos de producción nacional 3) la “industria” ensambladora de Tierra del Fuego y 4) La balanza turística, es decir, por el tipo de cambio atrasado son más los turistas que se van que los que vienen y 5) Las compras con tarjeta en el exterior. A ello hay que agregar el normal desenvolvimiento de las importaciones, absolutamente distorsionadas ahora por la importación de combustible, algo que hace pocos años en la Argentina no existía.

El fuerte aumento del gasto público, fue acelerando el déficit fiscal y la emisión monetaria para tapar el agujero, lo que ha ido generando –junto a varias otras causas, especialmente el crecimiento de expectativa inflacionaria y la falta de confianza- una inflación que se devora los salarios. En estas últimas semanas del año, hay que decirlo, la remarcación de precios es feroz. El déficit de este año llegará a los 150.000 millones de pesos, más los déficits de estados provinciales y municipalidades fundidas, con aparatos estatales que crearon en pocos años más de un millón y medio de nuevos empleos públicos.

Desde que asumieron Jorge Capitanich en la Jefatura de Gabinete y Axel Kicillof en Economía, todo el mundo esperaba “el plan”. Pero lo que hubo es muy escaso: más cepo cambiario con el aumento al 35 % de la tasa para los dólares-turismo y de compras al exterior, y el castigo a la compra de autos “de alta gama” que va a terminar afectando al 70 % del mercado, según ha dicho la ACARA, Asociación de Concesionarios de Autos de la República Argentina.

¿Por qué es fundamental que aparezca un plan económico integral? Lo primero, es que debe revertirse la alta expectativa inflacionaria cada vez más acentuada de los actores. Para ello hay que hacer un plan y éste debe ser creíble. Argentina –como otras veces en su historia- ha caído en el círculo vicioso de inflación, devaluación, remarcación, aumentos de salarios, y más inflación, con el agravante que el tipo de cambio oficial quedó muy barato, atrasado respecto de la inflación y los costos internos en los últimos cinco años. Ello, a pesar de las minidevaluaciones del dólar oficial de los últimos meses, que van acompañadas de más remarcaciones de precios internos. El dólar costaba en diciembre de 2011 unos 4,28 pesos. Ayer cerró a 6,19. El ritmo devaluatorio desde que llegó al BCRA el mendocino Juan Carlos Fábrega, pocos días atrás, llegó al 80 % anual. Hacía cinco años que el dólar no subía tanto en una semana. En esa misma semana además el ajuste de precios llegó al 7 %, según describe hoy mismo el diario La Nación.

Frente al atraso cambiario y los malos resultados del cepo, con la consiguiente caída de reservas internacionales del BCRA, es casi inevitable establecer un nuevo tipo de cambio real más alto que el actual. Volvemos a las expectativas: en la medida en que los mercados saben esto, se preparan para este nuevo escenario. Mucho más, cuando el gobierno dejó con su mala praxis económica que se instalara un dólar paralelo de 9/10 pesos y con una brecha del 50% entre un tipo de cambio y el otro.

Es decir que tenemos las expectativas de una inflación del orden del 30% anual, presión sindical para no perder poder adquisitivo, remarcación acelerada de precios y además el fuerte temor a una devaluación del dólar oficial en la medida en que caen las reservas del BCRA y el dólar blue mantiene una brecha fuerte con el oficial. Para terminar de agregar nafta al cóctel explosivo, hay déficit del Estado y emisión monetaria a raudales.

Para los que requieran un “refresh” de su memoria: en 1989 Argentina llegó a la hiperinflación por una mezcla de factores negativos similar a la actual. Antes de eso el presidente radical Raúl Alfonsín había hecho varios intentos de estabilización. Fracasó primero con Bernardo Grinspun, su primer ministro de economía, y luego con sucesivos planes como el Plan Austral y el Plan Primavera, hechos por técnicos de primerísimo nivel nacional e internacional. Todos se estrellaron frente a la imposibilidad de estabilizar las expectativas cada vez perores de los operadores económicos. El dólar pasó de 2,87 australes en junio de 1987 a 10 australes un año después, y a 680 australes en julio de 1989 cuando asumió Carlos Menem. El pico de la híper previo a la convertibilidad llevó el dólar a 11.000 australes en febrero de 1991. Pocos meses después llegó la Convertibilidad.

Cuando cayó Alfonsín, Menem ejecutó un programa económico híper liberal con ajustes fiscales, liberalizaciones y aperturas económicas extremas y sobreactuaciones insólitas en el plano internacional (las famosas relaciones carnales con EEUU). Pero sólo estabilizó el país cuando consiguió detener las expectativas inflacionarias con la Convertibilidad, donde se comprometía por ley a no emitir más dinero para financiar el déficit y a no devaluar la moneda. Sólo de esa manera la población volvió a creer en pautas normales de una economía estable, y hubo recuperación económica. El fracaso -algunos años después- sería materia de otra nota y hoy no viene al caso.

Lo importante es que aquella memoria inflacionaria, casi genética, de los argentinos hace que cuando hay inflación, para protegernos asumimos comportamiento divergentes, lógicos desde lo individual pero perversos para la economía, lo que acelera aún más los procesos de crisis: El comerciante y los industriales remarcan cada vez más rápido los precios para mantener y reponer la mercadería, los ahorristas huyen del peso argentino y atesoran dólares, los sindicatos en clara desventaja frente a la crisis piden aumentos exagerados que de todas maneras tampoco les aseguran cubrir el poder adquisitivo, el Estado recauda más nominalmente pero cada vez emite más para financiar el gasto creciente, el dólar sube y las expectativas caen. Eso es lo que está pasando en estos días. Y por ello Argentina va camino a una crisis que todavía es evitable, pero que dejará de serlo en pocos meses más. Sobre todo cuando desde lo político tenemos una presidenta debilitada y una sucesión presidencial en puerta.

Un plan integral tiene que ser coherente, abarcar todos los desequilibrios macroeconómicos. Tiene que explicar cómo se llegará a un equilibrio fiscal lógico, para lo cual debe tomar las medidas concretas que son necesarias, y establecer luego una pauta de emisión monetaria controlada junto con un dólar que sea el adecuado para el crecimiento y las inversiones. No tiene por qué ser de shock, puede ser gradual pero serio y consistente en el tiempo.

Pero lo más importante de cualquier plan es que debe ser creíble para la población, para frenar las expectativas negativas. Indispensable entonces será el poder político consolidado que le de soporte a las medidas que se tomen y a los acuerdos de precios y salarios que se generen.

De nada servirán nuevos congelamientos de precios como el decidido para 120 productos desde el primero de enero, una medida de corte “morenista” que ya ha probado su fracaso. Y los acuerdos de precios y salarios no servirán de nada sino están respaldados en un plan integral que sea creíble.

Por el momento sólo se nota indecisión y parches menores. Lo contrario de lo que exige el grave momento económico que vivimos y que se refleja en varias industrias: crisis del campo y de precio de productos primarios, como en Mendoza, caída de exportaciones, falta de inversiones, precios y costos locales más altos y repercusiones más concretas como adelantos de vacaciones y suspensiones rotativas de personal como ya ocurre en diversas plantas automotrices de la Argentina, como las de Fiat, Volkswagen y Renault en Córdoba.

Dato 1: La “industria” ensambladora de Tierra del Fuego ha importado insumos por 6.700 millones de dólares desde enero hasta octubre de este año. Y no ha logrado sustituir la importación de estos insumos en el armado de televisores, celulares y computadoras de todo tipo.

Dato 2: Antes de la aplicación de la tasa del 35 % a las compras al exterior y viajes, se iban por esa cuenta 35 millones de dólares diarios. Diez días antes de esa medida, la cuenta era de 32 millones de dólares diarios.

Dato 3: Los precios crecieron en una semana un 7 % según el diario La Nación de hoy. El ritmo der devaluación del peso respecto del dólar oficial fue del 80 % en cinco días, pero la brecha con el dólar blue se mantiene.

Dato 4: Hay revueltas policiales, protestas salariales y saqueos en Catamarca, La Rioja, San Juan, Río Negro, Neuquén y Chubut. La chispa se había encendido en Córdoba.

Dato 5: De acuerdo al balance cambiario del Mercado Único y Libre de Cambios del tercer trimestre del año que difundió días atrás el Banco Central, el nuevo esquema de retención por adelanto de impuestos que comenzó en agosto del año pasado con un recargo del 15% y que en marzo pasado había sido elevado al 20%, de nada sirvió para frenar el gasto en turismo en el exterior. Es así que en los primeros nueve meses de 2013 los rubros Turismo, Viajes y Pasajes acumulan una salida de u$s 7.736 millones, que es un monto superior a lo que se gastó en todo el año pasado. En setiembre pasado (último dato disponible) el drenaje fue de u$s 867 millones, un 15% más que en igual mes de 2012, que fue el primero de vigencia del recargo. (Marcelo Zlotodwiazda en El Cronista de hoy)

Dato 6: El BCRA ha perdido a razón de 2.000 millones de dólares por mes en el último trimestre. (Fuente iEco de hoy)

Dato 7: Este año habrá cuatro sectores por los cuales la Argentina demandará US$ 30.000 millones. La actividad del sector automotriz dejaría un déficit de US$ 8.500 millones y el desequilibrio energético, otros US$ 7.000 millones. A esos dos sectores se sumarían el rubro turismo, con US$ 9.500 millones, y la electrónica, que requiere US$ 5.000 millones. (Melconián y Santángelo)

Fuente: mdzol.com

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