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No estuvo a la altura, perdió y complicó su futuro en la Copa

12 de abril de 2017 07:56
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Nunca pudo superar a un rival muy físico, inteligente y oportuno

Estudiantes chocó de frente con una realidad, no sólo propia sino la de todo el fútbol argentino. Perdió como local 2-0 contra Barcelona de Guayaquil y complicó -y mucho- su clasificación a la siguiente fase de la Copa Libertadores. Dejó una imagen pálida, que contrastó con la prolijidad de un equipo que lo superó en el marcador y en la táctica, pero muchísimo más en el rigor físico.

El fútbol argentino no es lo que era. Los equipos ya no hacen diferencias contra el resto. Lo sufre la Selección y los demás equipos en la mayoría de los partidos internacionales. Anoche, el Pincha se topó con un Barcelona muy trabajado, con un mediocampo que lo ahogó y una delantera que desnudó -otra vez- los problemas defensivos que parecían haber quedado sepultados. Fue una noche para olvidar.

Así, el regreso de Juan Sebastián Verón quedó opacado por una derrota que no estaba en los planes ni del más pesimista. No porque el rival no tuviera jerarquía, sino porque en los papeles era un partido para ganar. Debía hacerlo para enderezar un camino que parece no conducir a ningún lado.

En el primer tiempo el jugador más claro fue Verón, quien con un par de pases largos siempre rompió líneas y generó peligro a la defensa de Barcelona. Corrió, estuvo por derecha e izquierda, robó pelotas y hasta se animó a ejecutar tres tiros de esquina. Contagió pero no logró sacar de la monotonía al resto, muy impreciso por las bandas y sin ideas de mitad de cancha hacia adelante.

Claro, algunas veces desbordó Dubarbier por la izquierda o Solari por derecha. Pero sin una referencia de área pareció imposible romper el cero o terminar de manera prolija una jugada. Fue aquí donde el planteo de Nelson Vivas no prosperó y la ausencia de un número 9 entre los centrales rivales se extrañó como al verano en invierno.

El Pincha tuvo un puñadito de aproximaciones hasta el arco del veterano Máximo Banguera, que siempre respondió con criterio. A los 11 minutos Lucas Rodríguez se encontró con una pelota en el extremo derecho pero su remate fue interceptado por un defensor rival. Recién a los 30 minutos hizo revolcar al arquero, cuando tras una pelota parada Leandro Desábato tuvo el gol en sus pies pero remató muy alto. Y a los 38 el colombiano Otero definió mal tras una buena jugada colectiva por la izquierda.

La visita, si bien esperó en su campo, demostró que además de rigor físico tenía mucha velocidad para salir de contra. Avisó en el primer tiempo lo que más tarde concretaría con dos goles letales para el ánimo y futuro Pincha.

Cuando se esperaba que Nelson Vivas introdujera cambios para despertar a su equipo, los mismos once saltaron al campo. El equipo siguió con ese ritmo cansino e impreciso. Peor aun: muy desordenado dentro del campo. Y a la lentitud y desorden le agregó el error. Fatal. En la primera pelota parada en contra Jefferson Mina se metió entre los centrales y cabeceó la pelota aprovechándose de una mala salida de Mariano Andújar, que con esa sola jugada dejó en rojo a un equipo que más allá de la voluntad no tuvo claridad en toda la noche.

El técnico hizo casi todos los cambios juntos tras el gol de Barcelona. Adentro Javier Toledo, Bautista Cejas y más tarde el uruguayo Matías Aguirregaray. Y cuando parecía que el partido podía tomar otro rumbo, el lateral Sebastián Dubarbier cometió dos infracciones demasiado tontas que lo costaron la expulsión.

Con un jugador menos, sin ideas, cansado y confundido por la disposición en el campo contra un rival que lo superó tácticamente toda la noche, Estudiantes peleó el partido más que jugarlo.

Recién en el final del partido empezó a complicar a la defensa rival. Con pelotazos cruzados al área encontró en Javier Toledo al jugador que debió haber estado desde el minuto 1. Con fuerza se generó él solo los espacios y las oportunidades, como la del minuto 41: centro que paró de pecho, empujó a su rival y con un zurdazo reventó el ángulo del arco.

Pero esa que pegó en el palo fue al fondo de su propio arco: una contra con superioridad numérica terminó con el gol del argentino Ariel Nahuelpán, que remató sin marca al palo izquierdo de Andújar, para sellar la victoria del equipo ecuatoriano que con orden, inteligencia y corazón se llevó un triunfazo de La Plata para ser el sorprendente líder del grupo 1.

Fue tan pobre lo realizado por Estudiantes que el rival fue quien mejor se acomodó a la flojísima labor del árbitro peruano Víctor Carrillo, carente de sentido y personalidad. Dudó en toda la noche y dejó al Barcelona manejar los tiempos. Se equivocó sistemáticamente y en la irreprochable expulsión de Sebastián Dubarbier demostró que si el Pincha jugaba rápido la pelota no le mostraba la roja.

En síntesis, una noche para olvidar lo más pronto por Estudiantes, que jugó tal vez uno de sus peores partidos en la copa Libertadores, con todo lo que eso significa para sus hinchas. Perdió como local y ya suma dos derrotas seguidas. Su clasificación está con más dudas que antes y para seguir con chances deberá dar un brusco cambio de timón. La próxima semana tendrá la última oportunidad, pero antes lo espera una batalla en Rosario. ¿Apostará por una competencia?

Fuente: eldia.com

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