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El Papa avanza en la renovación y relevaría al guardián de la ortodoxia

24 de junio de 2017 18:56
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En los pasillos vaticanos se habla en voz baja o susurrando de un cambio de fondo en las cumbres de la Curia Romana, el gobierno central de la Iglesia, que podría llegar más pronto de lo que muchos esperan. El Papa aprovecharía que el 2 de julio cumple su mandato de cinco años al frente de la estratégica Congregación para la Doctrina de la Fe el cardenal alemán Gerhard Mueller, que en diciembre cumplirá 70 años. Francisco lo cambiaría en primer lugar para sacarse de encima una relación difícil, a veces conflictiva, con el guardián de la ortodoxia, que recibió en herencia de su predecesor, Benedicto XVI, el hoy Papa emérito Joseph Ratzinger.

Sin el pesado condicionamiento de Mueller, quedaría abierto el camino de renovación de la última fase del pontificado de Jorge Bergoglio, quien en diciembre cumplirá 81 años. Para el relevo es favorito el arzobispo de Boston, cardenal Sean O’Mailley, de 73 años, que no por casualidad Jorge Bergoglio nombró hace poco miembro de la Doctrina de la Fe, adiestrándolo en los mecanismos de la congregación que estaría destinado a presidir.

El nombramiento de O’Mailley, que preside la Comisión Pontíficia de defensa de los menores y víctimas de los abusos sexuales en la Iglesia, superaría los continuos conflictos vividos entre la Comisión y la Doctrina de la Fe, con el Papa apoyando a los miembros de su criatura institucional contra los eclesiásticos pervertidos y la Congregación encargada institucionalmente también de estos “temas disciplinarios” de la Iglesia poniendo trabas burocráticas para defender sus espacios.

O’Mailley es uno de los principales purpurados de la Iglesia, un estrecho colaborador de Francisco y su amigo personal. Un franciscano tan apegado a su orden y a los carismas de San Francisco de Asís que sigue vistiendo el sayo marrón. Bergoglio lo nombró en 2013 uno de los miembros del Consejo de los nueve cardenales que ayudan al Papa a gobernar la Iglesia, el llamado G9, que acaba de terminar una nueva ronda de reuniones para seguir adelante con la reforma a fondo de la Curia Romana.

Las continuas fricciones entre la Doctrina de la Fe y Mueller con los miembros de la Comisión antipedofilia crearon un clima candente. En marzo, la irlandesa Mary Collins, ella misma una victima de abusos sexuales por parte de un cura cuando era joven, renunció con gran repercusión en todos los medios de comunicación, enfrentamientos e inevitables polémicas de la Collins con el cardenal Mueller.

Collins reprochó el sistema inexorable de frenos a las iniciativas por parte de la comisión y el grave caso del tribunal para juzgar a obispos que protegieron y protejen a los miembros del clero acusados de abusos sexuales. La comisión presidida por el cardenal O’Mailley propuso al Papa crear el tribunal y Francisco lo aprobó, pero la iniciativa nunca se concretó porque se diluyó en las objeciones de las cumbres vaticanas. Al final se estableció que ya existían otros medios a instituciones para cumplir esas funciones, aunque es seguro que al argentino Bergoglio le cayeron muy mal lo que consideró, al menos en parte, una maniobra de Mueller y sus colaboradores.

La prueba es que tres de los principales monseñores que mueven los hilos de la Doctrina de la Fe fueron echados sin explicaciones por decisión del Papa. Cuentan que cuando el cardenal Mueller logró ver a Francisco y le planteó el porqué de los despidos, Bergoglio le respondió: “El Papa soy yo y no le debo dar explicaciones” Y le alargó la mano dando por concluído el encuentro.

Es evidente que los tres castigados eran considerados responsables de mandar a vía muerta muchas de las propuesta de la Comisión. Otras “murmurationes” (rumores) vaticanos dicen que además no eran muy gentiles en sus opiniones sobre el Papa Francisco y que más de una charla “non sancta” fue detectada. En el Vaticano siempre ha habido un sistema de espionaje interno muy eficaz, que hoy está en manos de la Gendarmería Pontificia.

Pero las desinteligencias y algo más del Papa con su guardíán de la ortodoxia se hicieron agudas en los dos Sínodos de la Familia que Bergoglio convocó en 2014 y 2015. El tema crítico que sigue envenenando la vida de la Iglesia es el de los católicos divorciados vueltos a casar. Los conservadores, tradicionalistas y ortodoxos tipo el cardenal Mueller, no aceptan las aperturas de Bergoglio de encontrar una salida a aquellos que buscan recuperar los sacramentos perdidos por su situación irregular.

Mueller, como la Iglesia polaca, la mayoría de los obispos norteamericanos y en general la hoy importante Iglesia africana, sostienen la línea de Juan Pablo II, que cerró el camino penitencial propuesto por los progresistas, para restituir esos sacramentos y regularizar la segunda relación. La Iglesia alemana es portabandera de esta posición.

El tema es muy complicado porque Cristo dio un mandato concreto en favor de la indisolubilidad del matrimonio, pero al final, con el documento Amores Letizia, forzando la apertura con notas al pie de página, el Papa remitió la decisión caso por caso a los obispos.

Esta decisión ha causado heridas que no terminan de cerrarse y Mueller hasta habló de posiblidad de cisma en la Iglesia. También sostuvo que la Congregación para la Doctrina de la Fe debía establecer una especie de control doctrinario sobre las enseñanzas papales. En resumen, imponer la “sana teología” a un Papa “todo pastoral”, como dicen muchos tradicionalistas. Francisco rechazó totalmente estos avances.

La relación con Mueller se ha desgastado y además se han creado conflictos de jurisdicción en el mismo Vaticano que hacen chocar la Comisión antipedófilos creada por el Papa con la celosa defensa de sus jurisdicciones del ex Santo Oficio.

Antes que llegara Mueller al sillón inquisitorio, el guardian de la ortodoxia católica, nombrado por Benedicto XVI-Joseph Ratzínger , fue el cardenal norteamericano Joseph Levada.

En caso que Papa Francisco elija a O’Mailley, reforzaría su posición con la iglesia de Estados Unidos, aunque el franciscano cardenal de Boston no comulga con el poderoso sector conservador de los episcopales norteamericanos.

Hay que señalar que existen otros candidatos a sustituir al cardenal Mueller si el Papa así lo decide. Uno de ellos es el arzobispo argentino Victor Manuel “Tucho” Fernández, teólogo muy cercano a Bergoglio, rector de la Universidad Católica Argentina. Pero muchos creen que Francisco no nombrará a un compatriota, aunque con él la sintonía sea total para la renovación de la última fase del pontificado, por las reacciones que podría causar por parte de los ultraconservadores, que acusarían al pontífice de nepotismo patriótico.

Fuente: clarin.com

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