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Plan Volver al futuro: la nueva economía automotriz

5 de abril de 2015 05:24
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¿Cómo serán los cortes en la Panamericana cuando haya 18 carriles, seis por cada uno de tres niveles verticales por los que circulen los autos voladores? ¿Habrá drones balizas para los vehículos que piden auxilio mecánico? ¿Hugo Moyano va a seguir representando a los camioneros de vehículos alados o deberá fusionarse con el gremio de aeronavegantes?

Media hora de charla con el economista y emprendedor Leonardo Valente dispara este tipo de preguntas. Valente estudió en Bahía Blanca, fundó varias empresas, meses atrás cursó en Singularity University (la meca de los estudios sobre tecnologías exponenciales) y actualmente está participando en la final del concurso Startup México, para conseguir financiamiento para el proyecto que desarrolló en su estada en Singularity: un accesorio que convierte a los autos en "híbridos" entre nafteros y eléctricos. "Encaramos la iniciativa con un socio mexicano y uno chileno. Hay un campo muy interesante para adaptar todos los productos y servicios que se están imaginando para los países desarrollados en el corto plazo a la realidad de América latina. En este sentido, antes que se masifiquen los autos eléctricos «desde cero», es mucho más fácil hibridizar el parque actual. Y en la Argentina, encima, tenemos ya una cultura de la conversión, con los autos que pasan de nafta a gas", argumenta. Si todo sale bien, en 2016 la opción estará disponible a un valor de mercado de 2000 dólares.

Para Valente, el futuro de los vehículos particulares pasa inexorablemente por la propulsión eléctrica, por las economías por compartir (que tiene su epítome en la empresa Uber, valuada en 10.000 millones de dólares, cuyo eventual plan para ingresar a la Argentina puso a los taxistas locales en pie de guerra), por los autos y camiones "automanejados" y, claro, por los vehículos voladores. Éstos son los cuatro ejes de disrupción en el sector.

De todas las tecnologías exponenciales que se están barajando, la aplicación al negocio automotriz parece ser de las más inminentes. No por nada el sector se volvió un imán para emprendedores: en el evento anual de la Red Innova, que se realizará el mes que viene en el Auditorio Buenos Aires, es uno de los cuatro rubros que más concentran iniciativas, junto con las finanzas, la educación y la salud, cuenta a LA NACION Pablo Larguía, empresario, ex fundador de Boomerang y director de la asociación de emprendedores.

De los factores disruptivos que mencionaba Valente, las modalidades de la sharing-economy (economía por compartir o colaborativa) ya son una realidad que cambiará de lleno el negocio del transporte. "Creo que todo va a suceder mucho más rápido de lo que muchos se imaginan y que la transición no será tan gradual", afirma Valente.

En buena medida, porque los ahorros de costos involucrados son astronómicos. Hay una rama incipiente de estudios sobre "la economía de los vehículos automanejados" que es fascinante. Los ahorros calculados para esta modalidad sólo en los Estados Unidos van de los 800.000 millones de dólares al billón de dólares, si se tienen en cuenta la reducción de combustible, las vidas que se salvarán por la reducción drástica en la tasa de accidentes, las horas ganadas en conductores que, en lugar de estar concentrados manejando, podrán hacer otras cosas durante los lapsos de viaje, los menores gastos en seguros, etc. "El valor oficial estadístico de una vida que asigna el Ministerio de Transporte es de 9,2 millones de dólares, con lo cual si se reducen las 30.000 muertes que tenemos por año debido a choques el ahorro es gigante", marca Brad Templeton, empresario, investigador de estos temas y una referencia en la agenda de disrupción en el mercado de vehículos.

Hay toda una serie de consecuencias de segundo orden en esta economía de los autos que se manejan solos. Una muy notoria es la de la forma: toda la morfología de los vehículos en la actualidad depende del espacio que requiere el conductor. Al eliminarse esa variable, cambian todas las condiciones de base. Los autos serán, seguramente, más chatos, lo cual permitirá optimizar los espacios de estacionamiento en varios niveles. Y ya hay especulaciones sobre el valor de las propiedades: es probable que aumente la demanda y el precio de viviendas en suburbios más alejados de los centros urbanos, porque el tiempo de viaje requerido ya no será visto como uno de baja productividad y de alto estrés por el tráfico.

"La lógica de los autos va a ser cada vez más parecida a la de las computadoras o celulares -marca Larguía-; de hecho, ya se construyen vehículos a los que se les puede hacer un «up grade» como a una aplicación del celular, por Internet", dice el director de Red Innova.

La tecnología para este vector disruptivo ya está optimizada, y el hardware requerido no es tan caro, apunta Valente, "lo más complicado va a ser el mapeo de las ciudades, los cambios normativos, etc.". Las automotrices creen que los primeros autos completamente automanejados estarán disponibles en algún momento entre 2020 y 2030, Google cree que serán una realidad de aquí a dos o tres años.

¿Y en qué fase está el cuarto factor disruptivo, el de los autos voladores? Para fin de este año saldrá al mercado de Estados Unidos The Transition, un híbrido entre avión y auto, que funcionará a nafta y costará 290.000 dólares. Ya hay cientos de pedidos en lista de espera.

"No es exactamente un auto volador, sino un avión pequeño, que necesita una pista de 500 metros para despegar y aterrizar", marca Valente, para quien los vehículos que no rodarán al ras del piso se parecerán más al DeLorean de Volver al futuro: en el final de la primera película, sus ruedas se plegaban y el vehículo se elevaba.

"Esto implicaría -sigue Valente-usar un motor eléctrico por rueda como el Tesla S D, que ya tiene más caballos que la mayoría de las avionetas de cuatro plazas, que giran naturalmente a muchas revoluciones, con una caja reductora para desplazarse en ruta y sin ella, pero con una hélice entubada verticalmente en cada extremo del coche para «volar». Pongo entre comillas «volar» porque lo que permitiría es un desplazamiento vertical, de poca altura, sí o sí controlado 100% por computadora, a semejanza de un cuadricóptero."

¿Delirios de Singularity? No parece ser este el caso. "En un esquema pensado por ingenieros competentes y no economistas delirantes como el que suscribe, se podría pensar en tramos «tridimensionales» de calles y autopistas [sin puentes ni cables, por favor] donde esta capacidad permitiría multiplicar la cantidad de carriles sin sumar asfalto. Imaginate recorrer Acceso Norte de esa manera", dice Valente.

Fuente: lanacion.com.ar

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