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El PRO y cómo achicar diferencias

16 de agosto de 2015 12:12
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El PRO y cómo achicar diferencias

Mauricio Macri sabe que si no logra crecer fuerte en el Conurbano bonaerense, sus aspiraciones presidenciales pierden peso.

En el PRO sacan una cuenta tan lapidaria como reveladora. Y que pone al partido de Mauricio Macri y su frente Cambiemos, de cara a un enorme desafío en la provincia de Buenos Aires.

El resultado de las Primarias muestra que el jefe de Gobierno porteño consiguió una ventaja sobre Daniel Scioli de unos 890 mil votos en Capital Federal, Mendoza y Córdoba. Pero esa diferencia fue neutralizada de un plumazo por el oficialismo en territorio bonaerense.

En la provincia que gobierna, Scioli le sacó a Macri una distancia de 900 mil votos. Allí, y en especial en el Conurbano, Cambiemos dilapidó la ventaja que obtuvo en aquellos tres distritos clave del país.

En plena etapa de rastrillaje y análisis, en el macrismo se detienen en su performance en las zonas norte y sur del Conurbano.

En la Primera, Cambiemos quedó lejos, aunque cumplió un papel decoroso: 300 mil votos abajo del oficialismo. Sin embargo, desbarrancó, y feo, en la Tercera. En la zona sur del Gran Buenos Aires, Scioli obtuvo nada menos que 700 mil adhesiones más que el jefe de Gobierno porteño.

Sobre esos datos duros de la elección empezó a trabajar el PRO. Con cierto tono dramático, hay sectores del macrismo que advierten que "hay que recuperar no menos de 300 mil votos en la Provincia" para tener chances de ubicar a su jefe en un eventual ballotage con Scioli.

Son tres puntos que el macrismo necesita como el agua para pasar el piso del 30% de los votos en territorio bonaerense y dar empuje a la elección nacional.

En rigor, no debería sorprender el resultado en el Conurbano. Se sabía que allí es donde radica la fortaleza del oficialismo.

También se podía intuir que Macri iba a realizar una buena elección en las secciones del Interior. Ese pronóstico también se cumplió, pero el decisivo peso territorial de los populosos distritos del Gran Buenos Aires volvió a inclinar la balanza para el lado del Frente para la Victoria.

Los macristas analizan y están convencidos de que hay posibilidades de crecer. La meta es subir no menos de 100 mil votos en la Primera, donde ven campo fértil. Macri hizo muy buenas elecciones en San Isidro, Vicente López, Campana, Luján, Mercedes, Morón, Tres de Febrero y Vicente López.

Derrapó un tanto en otras comunas como San Miguel José C. Paz, Hurlingham o Ituzaingó, las más alejadas de la influencia macrista que supone la gestión porteña.

En esta zona clave de la Provincia ya se empieza a hablar de acuerdos subterráneos. Los macristas apuntan a lograr algún tipo de entendimiento con intendentes de Sergio Massa que quedaron muy complicados para retener sus distritos ante el avance del FpV.

"Llamados ya hubo", dicen en el gobierno porteño como para avisar que nada es imposible. La ley de Primarias impide fusionar listas y esa limitación implica un obstáculo para avanzar en un acuerdo simple y lineal.

La arquitectura en la que se piensa es más bien artesanal, aunque implicaría para el macrismo contar con efectivos adicionales para la siempre compleja fiscalización en un territorio hostil.

Por estas horas se habla del denominado "delivery de boletas", una técnica poco ortodoxa pero que resultó redituable para no pocos alcaldes que habían quedado en problemas tras las Primarias.

Consiste en que el intendente reparta a domicilio la papeleta con su nombre, junto a los presidenciales y gobernadores tanto de su partido como de otros. Puro beneficio mutuo: el jefe comunal podría captar adhesiones de diversas canastas y el macrismo, acaso, llevarse algo de lo que pudiera arrastrar el candidato local.

No parecería descabellado que alcaldes massistas como Joaquín De la Torre (San Miguel), Jesús Cariglino (Malvinas Argentinas) o Luis Acuña (Hurlingham), se vieran seducidos por recurrir a la oferta macrista. Los tres, en mayor o menor medida, quedaron complicados para retener sus feudos. El propio Massa acaba de admitir que no podía pedirles a sus intendentes una fidelidad que los termine condenando a la derrota.

La estrategia no tiene secretos: el macrismo va por los votos del candidato presidencial de UNA.

¿Hay chances de pelear alguna porción del electorado que se jugó por Julián Domínguez en la cruenta batalla que libró con Aníbal Fernández en el marco de la interna oficialista? La mayoría del macrismo cree que es un aventura, que será muy complejo pescar en un núcleo de votantes compacto y fiel al oficialismo, aunque algunos sueñen en poder polarizar la elección bonaerense entre María Eugenia Vidal y Aníbal Fernández.

La lupa también está posada sobre los heridos del FpV. En aquellos que fueron derrotados en la interna y no podrán competir en octubre. Hay que decir que ya existen chisporroteos en el propio oficialismo y las sospechas comenzaron a ganar terreno en los últimos días. De hecho, el ganador de la interna K en Moreno, Walter Festa, salió a acusar al intendente Mariano West de estar propiciando que sus militantes apoyen a Macri o a Massa.

Las cuentas macristas hablan de subir en el Interior otros 100 mil votos. Hay cifradas esperanzas de estirar las ventajas en varios distritos de peso electoral como Bahía Blanca, Tandil, Necochea, Mar del Plata y Olavarría.

Y en las últimas horas comenzó a mirarse a algunas comunas de la Segunda sección, víctimas de una nueva inundación. No parece mucho lo que se pueda capturar allí, pero en tren de achicar diferencias, todo vale.

Distinto es el panorama en la Tercera. Macri perdió por mucho, al punto que, salvo Lanús y las pequeñas Brandsen y Magdalena, no parece en condiciones de quedarse con ninguna comuna. Sólo en La Matanza quedó 200 mil votos abajo.

La ardua tarea que se autoimpuso el macrismo es sumar en el sur del Conurbano 150 mil votos más de cara a octubre. Un desafío enorme que demandará no pocos acuerdos y una aceitada tarea de fiscalización.

Fuente: diariodemocracia.com

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