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Protagonistas de un golpe político que sacará a Cuba del aislamiento

21 de diciembre de 2014 16:23
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Protagonistas de un golpe político que sacará a Cuba del aislamiento

El presidente de Estados Unidos y su par caribeño seguramente ocuparán un lugar importante en la historia, marcado por el trascendental paso dado el miércoles para recomponer las relaciones.

Desde el miércoles pasado se habla del fin de la Guerra Fría caribeña, un conflicto con más de medio siglo de duración que el calor de la región no pudo derretir porque los protagonistas, separados por 90 millas, no daban a torcer sus irreductibles posiciones. Y ahora, como por arte de magia, todo aquello ha sufrido un giro de 180 grados que cambiará –ojalá sea para siempre– el destino de miles de personas en Estados Unidos y en Cuba.

El histórico anuncio de la apertura del proceso de normalización de relaciones entre ambos países, realizado simultáneamente por Barack Obama y Raúl Castro pone de manifiesto el pensamiento pragmático estadounidense: “No tiene sentido seguir una política que por más de 5 décadas no ha logrado el objetivo de imponer cambios políticos y económicos en Cuba”.

Es un argumento que, desde hace tiempo, se escucha dentro y fuera de Estados Unidos, y que quizás le da más protagonismo a Obama que a Castro en este anuncio.

La nueva situación permitirá a Cuba y a Estados Unidos abordar una normalización bilateral de amplio espectro.

Es que también el presidente Obama parece estar tomando el pulso de la realidad política con pragmatismo, al reconocer que no espera un cambio de la sociedad cubana de la noche a la mañana, en parte, porque sabe que la sociedad política estadounidense tampoco lo hará.

Para Cynthia Arnson, directora del programa de Latinoamérica en el centro Woodrow Wilson, “ha sido una de las iniciativas más importantes de la política exterior de Estados Unidos hacia el Hemisferio (América Latina) durante todo el mandato de Obama, aunque está por verse si la apertura económica hacia las isla se traducirá en apertura política”, dijo a la agencia Efe.

Obama pasó a la acción después de la derrota del Partido Demócrata en las elecciones legislativas del 4 de noviembre, en las que los republicanos recuperaron el control de ambas cámaras y a los que desafió pocos días después, con el anuncio de medidas ejecutivas que detendrán la deportación de cinco millones de indocumentados.

El mandatario tomó las medidas un año y medio después de que el Senado, con mayoría demócrata, aprobara un proyecto de ley que fue bloqueado en la Cámara de Representantes, con mayoría republicana, y tras reiteradas peticiones al Congreso de que adoptara legislación para reparar el sistema migratorio de forma definitiva.

En las últimas semanas, Obama logró otro hito en materia medioambiental, asunto en el que también discrepa con la oposición y una de las prioridades que se marcó en su segundo mandato, al alcanzar un acuerdo con China para reducir las emisiones de los gases contaminantes, en un encuentro bilateral con su par, Xi Jinping, celebrado en Pekín el 12 de noviembre.

Después de que otros de sus proyectos, como la reforma sanitaria –conocida como “Obamacare”–, sigan en disputa con los Estados, los expertos consideran que Obama busca dejar su impronta sabiendo, además, que no tiene una buena relación con el Congreso y no le sería fácil aprobar una legislación.

En la lista de asuntos pendientes, está el cierre del centro de detención de Guantánamo, la base militar que EE.UU. tiene en Cuba, a donde fueron a parar los sospechosos de terrorismo tras los atentados del 11 de setiembre de 2001.

Con el proceso de distensión iniciado el miércoles y saludado efusivamente a nivel mundial, arranca ahora un recorrido de resultados imprecisos. El levantamiento del embargo, por ejemplo, necesita de un voto en el Congreso estadounidense, en el que la oposición republicana es mayoritaria. Mientras tanto, se ponen ya en marcha medidas como mayor cooperación económica, incremento del turismo, comercio y telecomunicaciones, y envío de remesas a la isla. En un giro de ciento 180 grados en su política desde 1961, la Casa Blanca también propondrá la revisión del estatus de Cuba como nación que auspicia el terrorismo. Lo que Obama propuso al Congreso es empezar a avanzar hacia el levantamiento del embargo, al que se refirió de forma autocrítica y evocando la frase de Albert Eisntein: “No podemos esperar que haciendo siempre lo mismo el resultado vaya a ser diferente”.

La decisión de Obama de cambiar la política hacia Cuba ocurre luego de más de un año de negociaciones con el auspicio de Canadá, en las que el papa Francisco actuó de mediador.

“Con estos cambios pretendemos crear más oportunidades para los estadounidenses y los cubanos, e iniciar un nuevo capítulo entre los países de las Américas”, dijo Obama.

Después de un embargo comercial a Cuba de más de 50 años, la Casa Blanca dijo que ampliará la cantidad de dinero que los ciudadanos estadounidenses pueden enviar al país comunista y abrirá el flujo de turistas que viajan allí, revitalizando la economía cubana.

El deshielo de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos significa el inicio de un nuevo capítulo en la tensa relación entre ambos países, cuyo momento culminante fue en 1962, con la Crisis de los Misiles. Tras el triunfo de Fidel Castro en la Revolución cubana, Estados Unidos fue retirando apoyo al gobierno de la isla.

El deshielo entre Estados Unidos y los Castro marca el fin de una era. Frente a las críticas que Obama recibirá en ciertos sectores de su país, el New York Times es categórico: “La historia le dará la razón”. Es muy probable. Y lo que es mejor de esta prolongada anomalía es que Francisco, el Papa pacificador o mediador, estará sonriendo desde un lugar, que hasta hace poco no figuraba en sus planes ni en su camino hacia la santidad que lo espera.

El acercamiento que se veía venir El acercamiento anunciado esta semana entre Estados Unidos y Cuba, que pone fin a medio siglo de disputas, viene a concretar una serie de signos positivos emitidos desde hace meses en ambas orillas del Estrecho de Florida.

Para los observadores, el acercamiento fue perceptible por primera vez el 8 de noviembre de 2013 en Miami. Durante una gala de recaudación de fondos del Partido Demócrata, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, afirmó ante opositores al régimen cubano que había llegado el tiempo de repensar los lazos con La Habana.

“Debemos ser creativos y reflexivos, y continuar revisando nuestras políticas. Tengan en cuenta que yo recién había nacido cuando Fidel llegó al poder, por lo que la idea de que políticas que nosotros adoptamos en 1961 pueden ser eficaces hoy, en la era de internet, de Google (...), no me parece sensato”, declaró.

“Para mí la fecha fundacional de este acercamiento es el 8 de noviembre de 2013, momento en que Obama admitió por primera vez en 50 años el fracaso de la política estadounidense hacia Cuba”, dijo a la AFP un diplomático europeo en La Habana que pidió no revelar su identidad.

A raíz de este hecho inesperado, el gran público pudo percibir unas semanas después la posibilidad de un cambio, cuando Barack Obama y Raúl Castro se estrecharon la mano ante las cámaras del mundo entero en Johannesburgo, durante una ceremonia en homenaje al fallecido ex presidente sudafricano Mandela.

Este gesto marcó los espíritus y fue percibido como un muy fuerte símbolo al tratarse del primer contacto público entre los presidentes estadounidense y cubano en medio siglo.

Una imagen que habría sido probablemente imposible con Fidel Castro. Retirado del poder desde 2006, el comandante se erigió en eterno enemigo del imperialismo norteamericano, marcado por el sello de la Guerra Fría y de decenas de intentos de asesinato en su contra por encargo de la agencia de inteligencia estadounidense CIA.

Pero desde la llegada de Raúl Castro a la cabeza del país, las diatribas antiestadounidenses se tornaron más raras y menos virulentas, quedando circunscriptas al embargo económico impuesto en 1962 por y a los agentes cubanos encarcelados en Estados Unidos.

En octubre, en el marco de la coordinación de la respuesta ante el ébola, Estados Unidos y Cuba multiplicaron los intercambios amables.

Cuba se puso de hecho en la vanguardia de la lucha contra el virus en África occidental, a pesar de sus dificultades económicas y sus modestos recursos. En un hecho inusual, el secretario de Estado, John Kerry, elogió las acciones del régimen comunista. Numerosos sondeos recientes revelaron a su vez que una mayoría de estadounidenses se declaraban listos para un cambio en la política hacia Cuba, y la prensa norteamericana se encargó del tema.

El muy influyente The New York Times varias veces resaltó en los últimos meses que para el gobierno de Obama “la normalización de las relaciones con Cuba tendría más ventajas que desventajas”.

Fuente: diariouno.com.ar

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