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Lo que dijo y no dijo Cristina

2 de marzo de 2015 05:22
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No hubo una sola referencia directa a la inflación que, según estimaciones privadas, acumuló una suba de 600% a lo largo de los doce años de la era K y sí una sesgada alusión a la pesada herencia macroeconómica que dejará al gobierno de cualquier signo que la suceda en diciembre.

El extenso balance económico y social que trazó ayer la presidenta Cristina Kirchner en el Congreso –antes de referirse en duros términos al caso Nisman/AMIA, a la Justicia y los medios opositores– tuvo previsiblemente como referencia el 2003 para camuflar el progresivo deterioro del "modelo productivo", que arrancó con un crecimiento del PBI a "tasas chinas" hasta el 2007 y culmina en estanflación y sin reducción de la pobreza en los últimos tres años. Como fue dedicado principalmente a cosechar los aplausos de la militancia oficialista ubicada dentro y fuera del recinto, era natural que todos los resultados fueran presentados como logros irreversibles. Pero si se proyecta al futuro, todo lo que no dijo resulta más preocupante que lo que dijo.

Para los nueve meses que restan de su gestión, fueron cosméticos y contradictorios los escasos anuncios incluidos por CFK en su mensaje de tres horas y media. La reestatización de los ferrocarriles suburbanos ya regía de hecho luego de la tragedia de Once y su reequipamiento de apuro no fue producto de una revolución ferroviaria, sino de la compra al contado de nuevos trenes de fabricación china antes de las elecciones. A su vez, el envío al Congreso de cuatro proyectos de ley sobre política industrial (de los cuales enumeró tres, referidos a patentes de diseños, parques industriales y pagaré bursátil), no mueven el amperímetro del sector que lleva dos años de retroceso productivo.

La extensión hasta fin de año del plan "Ahora 12" ya había sido anticipada días atrás por la propia presidenta para apuntalar el consumo de bienes no durables (en especial indumentaria) con bajo contenido de insumos importados. Pero este subsidio encubre el deterioro producido en el 2014 cuando por primera vez en la era K los aumentos salariales en paritarias fueron inferiores a la inflación real del 35/37% y sólo para el Indec se ubicó en 23,9%. Otro tanto ocurre con el plan de "Precios Cuidados" que el gobierno pretende asimilar a la inflación, cuando en realidad sólo asegura ajustes trimestrales acotados, a diferencia de los miles de rubros no incluidos en ese programa.

Además, la desaceleración inflacionaria de los últimos meses se basa en dos políticas oficiales que no son sostenibles en el tiempo, como el congelamiento de las tarifas subsidiadas de energía y transporte (a un costo de 5% del PBI) y el ajuste del dólar oficial por debajo de la inflación y las tasas de interés para depósitos a plazo fijo (23% anual). No obstante, CFK evitó hablar del deterioro productivo y exportador de las economías regionales y del persistente declive de tres años del superávit comercial, pese al rígido cepo importador.

No fueron las únicas medias verdades incluidas en el discurso presidencial que, por consiguiente, fue abundante en omisiones o argumentos discutibles. Cada afirmación de CFK merece por lo menos un "pero". Por caso, los aumentos automáticos a jubilados y de la cobertura previsional al 100% ocultan que el nuevo haber de $ 3.821 mensuales sólo cubre necesidades básicas. O que el Fondo de Garantía de Sustentabilidad (que tras la estatización de las AFJP pasó de $ 80.000 a $ 488.000 millones) apenas alcanza para algo más de un año de pagos a la clase pasiva a valores actuales. Habló de los subsidios a los 200.000 créditos otorgados por sorteo a través del Plan Procrear para financiar la construcción o refacción de viviendas, pero no que la vivienda propia se ha transformado en un objetivo inalcanzable para los sectores medios. También de la inversión educativa, pero no de la calidad de la enseñanza, especialmente secundaria.

Cristina exaltó con razón que YPF mejoró significativamente la producción de petróleo y gas, pero no dijo que el crudo se paga hoy en la Argentina 30% más que el precio internacional (a diferencia de lo que ocurrió durante buena parte de la era K) para no frenar inversiones largamente postergadas. O que el Estado subsidia tanto la mayor inversión para extraer gas natural, como las tarifas a los usuarios finales. Insistió en su discutible argumento de que el déficit energético obedeció a la mayor demanda interna, pero no habló de la debilidad de la oferta. Ya sea en hidrocarburos (donde el ingreso del Grupo Eskenazi a YPF en 2008 se financió con las utilidades de la petrolera en el acuerdo con Repsol bendecido por CFK), como en energía eléctrica, debido al desincentivo a la inversión que significa el congelamiento de tarifas durante más de una década en el área metropolitana de Buenos Aires.

Sin embargo, el concepto más relevante del mensaje presidencial es que para Cristina Kirchner "gobernar es gastar", sin que interese demasiado la eficiencia del gasto ni la planificación de la inversión. Habló de las cosechas récord, pero no del deterioro de la red de rutas hacia los puertos de exportación. De la reactivación del ferrocarril Belgrano Cargas, que después de años de parálisis ahora se encara con equipamiento y financiación china, pero no que el 94% del transporte de cargas se realiza por camión, con lo cual los costos de fletes son más caros desde el NOA a Rosario que desde allí a China.

Con suerte, las obras hidroeléctricas y nucleares incluidas en los acuerdos con China estarán disponibles desde 2020 en adelante. Y la enfática defensa de CFK de esos convenios como política de Estado (pese el rechazo de la oposición) se basó en el engañoso argumento de que también Alemania tiene acuerdos con China. Pero para venderle tecnología, cuando en la Argentina muchas entidades empresarias temen una situación inversa que amenaza dejar fuera de juego a la industria local.

El logro del desendeudamiento externo (que se redujo al 9,7% del PBI), también será difícil de sostener. No sólo por la financiación china (swaps) para apuntalar las reservas, sino también por el creciente deterioro patrimonial del BCRA, que recibe pagarés del Tesoro por el uso de reservas para pagos externos y se endeuda cada vez más con el sistema financiero (al 27/28% anual) para absorber el exceso de emisión de pesos para cubrir el déficit fiscal, que apunta este año al 6,3% del PBI.

Cristina cerró su extenso discurso con un sofisma: "No les dejamos un país cómodo a los dirigentes, sino a la gente" sentenció, junto con una advertencia de que la oposición puede reprivatizar Aerolíneas Argentinas o YPF; eliminar el ajuste automático de las jubilaciones o la Asignación Universal por Hijo y retroceder en materia de derechos laborales o expansión del consumo interno. En realidad, el problema es inverso. El desafío a partir del 2016 es volver a crecer corrigiendo los desequilibrios macroeconómicos para reactivar la alicaída inversión privada. La calidad de vida de los argentinos no podrá depender del intervencionismo estatal y de una burocracia paralela y militante, que ya no puede financiarse con una presión tributaria récord y obliga a emitir pesos desvalorizados por una inflación que se ubica entre las más altas del mundo y el gobierno de CFK se empeña en seguir negando, aún en el tramo final de su gestión.

Fuente: rionegro.com.ar

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