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El reino de lo trucho que concentraba el 25% de la venta ilegal de la Ciudad

11 de enero de 2017 01:44
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Batalla campal durante los festejos en Villa Gesell

Medias, gorros y bufandas en invierno; ojotas, musculosas y viseras en verano. Vendedores surtidos de paraguas frente a cada alerta meteorológica. Estampitas, rosarios y cruces, sobre un lienzo en los alrededores de la Iglesia de San Expedito. Los mismos juguetes, bombachas y lentes exhibidos arriba de una manta, bolsa o caballete a lo largo de Pueyrredón. En Once ningún objeto era fortuito, sino integrante de un negocio millonario que concentraba la cuarta parte de la venta ilegal en la Ciudad.

Una operatoria que incluía el almacenamiento de mercadería y su distribución, en la que se sancionó en un juicio abreviado a un empresario kirchnerista, después de que se comprobara que un estacionamiento bajo su concesión fue usado como depósito de productos ilegales para la venta en Once. Se trata de Néstor Emilio Otero, condenado por pagar dádivas a Ricardo Jaime y dueño de la terminal de ómnibus de Retiro y la futura de Dellepiane.

“Hay una organización detrás del negocio. Al punto que hay épocas en las que todos venden la misma mercadería. Eso indica que hay productos provistos por un tercero y asociados al robo y al contrabando”, dijo el Fiscal general de la Ciudad, Luis Cevasco, a Clarín. Ayer a la madrugada ordenó al Ministerio de Seguridad porteño evitar la instalación de los manteros para que la venta ilegal no ocurriese. El operativo luego derivaría en incidentes y cortes en las avenidas Rivadavia y Pueyrredón.

Después de las crisis de 2001, cuando se instalaron los manteros en las avenidas y en los alrededores de las terminales, Once solía ser el tercer punto de Buenos Aires con mayor venta ilegal, entre vendedores y saladitas. Pero en 2016, con los desalojos en las avenidas Avellaneda, en Flores, y Rivadavia, en Caballito, pasó a encabezar el ranking. “Las veredas se ocuparon mucho más, en especial en Rivadavia y en las laterales: Bartolomé Mitre, Larrea, Perón y Sarmiento”, dijo Agustín Soler, un comerciante. La observación se confirma con estadísticas hechas por la Cámara Argentina de Comercio (CAC) y la Federación de Comercio e Industria de la Ciudad de Buenos Aires (FECOBA).

"Hubo un desborde. Se ocuparon las veredas, esquinas y bocacalles. Pueyrredón se fue achicando", dijo Vicente Lourenzo, titular de la Cámara de Mayoristas e Industriales (CADMIRA). Para Lourenzo el perjuicio contra los comerciantes era doble: "No sólo perdían ventas ante la competencia con el mantero, también dejaron de ser visitados por sus clientes, quienes percibían que el barrio era más inseguro e intransitable". Según un revelamiento hecho por FECOBA, en 2016 la venta ilegal en la Ciudad movilizó $ 14.825 millones. Un cuarto de esas ventas se concentraron en Once, con una recaudación de 3.760 millones. En tanto, de acuerdo al último informe de la CAC, la zona de Once concentró 493 puestos de venta ilegal, con una participación de 25,3% en el total detectado en avenidas y calles porteñas. La cuadra más perjudicada de toda la Ciudad fue Pueyrredón al 200, donde se relevaron 142 puestos. Ahí el stock no se agotaba y las mercaderías eran estacionales: medias, gorros y bufandas en invierno; ojotas, musculosas y viseras en verano.

Fuente: clarin.com

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