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Scioli y cómo serán las inversiones, por Eduardo Anguita

4 de octubre de 2015 04:48
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El jueves pasado, Juan Manuel Santos, presidente de Colombia, visitaba Nueva York para reunirse con Susan Segal, presidenta y CEO de la Sociedad de las Américas - Consejo de las Américas. En una mañana fría, a dos cuadras del Central Park, en el edificio sobrio de Park Avenue, Santos se sentó ante un selecto auditorio de esa entidad creada y prohijada por el centenario David Rockefeller.

Entrevistado por Michelle Carusso Cabrera, de la cadena CNBC, el colombiano habló del proceso de paz que avanza en su país de la mano de Raúl Castro y de la distensión que el continente vive tras la apertura de embajadas entre Cuba y Estados Unidos, coronada por el pedido de Barack Obama al Congreso para eliminar el embargo y facilitar los negocios privados en la isla caribeña.

Mientras el colombiano contaba cómo eran las conversaciones con los jefes de las FARC para que pasen a la completa legalidad política, la periodista preguntó, sorprendida, si se iban a poder candidatear para la Presidencia. El colombiano contestó: Sí, claro, podrán… pero no creo que saquen muchos votos. El auditorio soltó risas. Santos habló de las oportunidades de negocios porque la paz se traduce en la ampliación de la frontera agropecuaria del país. Como las expectativas de crecimiento de Colombia se redujeron, el gobierno acaba de devaluar de nuevo el peso: en los últimos 12 meses, la depreciación frente al dólar alcanzó el 60%. No solo la agricultura es más competitiva sino que la paz ayuda a Santos a recuperar el flujo turístico a Colombia con dólares que rinden mucho. La gran pregunta para cualquier argentino es cómo impacta la devaluación en los precios internos. La respuesta es que la inflación en Colombia es del 3% anual.

Urtubey. Otro Juan Manuel, el gobernador de Salta, llegaba el mismo día al mismo lugar invitado también por Susan Segal. Urtubey tenía agendada una reunión con Martín Marrón, CEO del JP Morgan para América latina. El gobernador actúa por su propia iniciativa y, a la vez, en sintonía con los planes de Daniel Scioli. En su página web escribió que Segal le había sentado a un grupo de ejecutivos interesados en escucharlo para evaluar el recambio presidencial.

“A los empresarios –dice Urtubey- respondimos que se requieren procesos de fuerte inversión a corto plazo, como así también más y mejor competitividad en transporte, logística, energía y financiamiento. En este punto, planteamos la necesidad de recuperar el financiamiento privado. La seguridad jurídica es clave. Hay que atraer inversores con ventajas impositivas y tributarias con claras reglas de juego. Se requiere un gran acuerdo nacional sobre las políticas públicas para el presente y futuro y estamos en condiciones para hacerlo”. Toda una definición si se piensa en Urtubey como uno de los gobernadores que tendrá más peso en el eventual armado político de Scioli si llega a la Casa Rosada.

Hay quienes aventuran al salteño como un posible canciller. Por encima de eso, es un interlocutor con el mundo empresario (hermano de José, uno de los vicepresidentes de la UIA), con el Poder Judicial (su padre, Rodolfo, presidió la Corte Suprema de Salta y su hermano Rodolfo fue juez y encabeza la Comisión de Acuerdos del Senado), por el lado materno es sobrino del histórico dirigente salteño Julio Mera Figueroa.

Juan Manuel Urtubey acaba de cumplir 46 años y lleva dos décadas en política: su perfil va más allá de un eventual pedido de licencia en la gobernación salteña para ser ministro y no oculta cuáles son los caminos que, a su criterio, deben regir a partir del próximo 10 de diciembre. Agrega el gobernador desde Nueva York: “La visión respecto del futuro nacional es optimista por el contexto regional e internacional, con procesos de crecimiento e inversión que favorecerá ampliamente el desarrollo del país. En este punto reiteramos que se debe pagar a los holdouts porque no haber acordado nos terminó generando mayores problemas. En el contexto general, marcamos el trabajo bilateral que debe fortalecerse con Estados Unidos, Brasil y México y que es prioritaria la reactivación del Mercosur.”

No se trata solo de las tensiones –latentes o explícitas- entre los economistas de Scioli y las autoridades de Economía y el Banco Central, que relativizan la falta de reservas o estimulan la idea de que la multipolaridad brinda nuevas oportunidades para la región y para la Argentina. Allí, por supuesto, hay un terreno amplio de debate académico e ideológico. Cuando Urtubey afirma que no haber pagado los holdouts generó más problemas, está claro que usó palabras que chocan con los esfuerzos de haber mantenido dos años la tensión con Thomas Griesa y los buitres sin haber derrapado y despertando un espíritu patriótico en amplios sectores.

De todos modos, la simplificación en política no es buena consejera: Susan Segal fue y es una interlocutora importante para Cristina, cada vez que fue a Nueva York, como senadora o como Presidenta, se acercó al Consejo de las Américas y tuvo palabras para la ocasión, evitando los choques y buscando buen trato con las grandes empresas. Es comprensible que Aníbal Fernández, alineado con la Presidenta, haya cruzado al gobernador salteño por esa expresión poco feliz.

Cuando se abrió una ventana de negociación en el juzgado de Thomas Griesa, se habló de armar un paquete que incluyera pago a los acreedores y fondos para invertir en el país. Una de las cláusulas que buscaron algunos empresarios argentinos era que el Estado se desprendiera de las acciones que tiene, por ejemplo, en Techint y Clarín, que les permite tener lugares en el directorio y conocer la intimidad del manejo empresario. A cambio de esa venta, esas compañías se comprometerían a invertir más. Siempre en potencial. La idea de una solución global, de que algún banco extranjero, como el JP Morgan, opere como vector de inversiones y soluciones el juicio del siglo y atraiga inversiones millonarias es casi mágica.

La cuestión, más allá de los cruces retóricos, es si Scioli quiere la continuidad de los criterios económicos o se viene algo muy distinto. La pregunta de a cuánto el dólar en el próximo período no es exclusiva de la city porteña y de la Sociedad Rural. La mayoría de los gobernadores que acompañan a Scioli necesitan revitalizar sus economías y el dólar está en el centro. Lo necesita Alberto Weretilnek, porque los productores del Valle de Río Negro dejaron de cosechar este año miles de hectáreas por la caída de la demanda de Brasil y la falta de competitividad para buscar otros mercados.

También Sergio Urribarri, porque en Entre Ríos un dólar más caro sería un estímulo para las exportaciones de pollos y arroz, no solo de soja. Lo reclaman los dirigentes políticos de Cuyo, porque las vides y los olivos no rinden lo de años anteriores. Además hay algo que en la trastienda se sabe: muchos de los gobernadores son fuertes empresarios. En el caso de Urtubey viene de familia, otros llegan al mundo comercial a partir de crecer en la política. No se trata de un juicio de valor sino de la descripción de algo clave: todos dicen que se necesitan inversores y pocos dicen cuál es el camino.

El gobernador de Salta explicita no solo su visión sino quiénes deben ser los interlocutores y adelanta algunas ideas que, para muchos de quienes acompañan a Cristina, recuerdan las recetas de los noventas. Pero no se puede avanzar en la Argentina con un diagnóstico basado en medias verdades y menos con estadísticas poco confiables.

El JP Morgan, el Consejo de las Américas y otras entidades o bancos no hacen beneficencia. Tampoco la hacen Monsanto, Barrick Gold, Cargill o Chevron. El problema es que en los últimos años se contrajo el superávit comercial, aumentó el déficit fiscal, cayeron las reservas y los candidatos con chances de llegar a la Casa Rosada coinciden en que los flujos de inversión deben llegar de afuera. Seguro que muchos tienen en mente promover el ahorro interno y no pocos quieren cargar impositivamente a quienes fugaron dólares del circuito en estos años como una manera de fondear el Estado.

Aun partiendo de la base de que el país no atraviesa una crisis y que Scioli puede ganar entre otras cosas apoyado en los logros del kirchnerismo, todo indica que habrá cambios de programas y de rumbos. Eso significa que también habrá modificaciones en la filosofía y en las personas que tomen las riendas. Cuánto y quiénes está todavía por verse. Lo que nadie debe dudar es que, si llega por los votos, Scioli querrá conducir y presidir.

Fuente: infonews.com

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