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El “sultan” Erdogan, un líder ambicioso y controvertido

16 de julio de 2016 02:46
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El “sultan” Erdogan, un líder ambicioso y controvertido

El presidente turco Recep Tayyip Erdogan, a quien ahora los militares desafían, es un gobernante controvertido por su fuerte perfil conservador islámico y sus oscuros manejos políticos. Sin embargo, al mismo tiempo detenta un hábil ejercicio del poder y de sus circunstancias, algo que le facilitó hasta ahora el apoyo popular.

Hijo de inmigrantes georgianos, Erdogan estudió política y economía, demostrando un alto nivel intelectual. Desde muy joven se dedicó a la política. Fue alcalde de Estambul y diputado. En ese período fue marcadamente ultraislámico, e impulsó normas extremas como dividir a hombres y mujeres en el transporte público y en los centros educativos.

A principios del 2000 dio el gran salto al formar el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), con el cual llegó al poder. Nutrió esa transición con un significativo cambio de imagen, intentando mostrarse como un islámico moderado y un político moderno. Así fue primer ministro durante 11 años, en los cuales depuró su perfil para obtener el estatus oficial de país candidato a la adhesión a la Unión Europea, un paso significativo que anhelaba Turquía.

Pero a fines del 2013 comenzaron los traspié del mandatario, con un escándalo de corrupción que lo expuso a nivel internacional. Una investigación judicial demostró el manejo espurio de su gobierno con proyectos urbanísticos. Allí se incluyó la grabación de una conversación telefónica entre el primer ministro y uno de sus hijos, involucrado en el hecho. Todo terminó con la renuncia de varios ministros. La venganza de Erdogan fue fulminante: echó o desplazó a más de 500 agentes judiciales y mandos policiales.

Ese fue un punto de inflexión. Rápidamente endureció su política interna, intensificó la persecución contra sectores kurdos, hostigó a sectores de izquierda y censuró abiertamente a medios periodísticos independientes. Pero sobretodo se volcó con vehemencia al islamismo conservador. No le resulto mal. En 2014 ganó las elecciones presidenciales con apoyo de los sectores musulmanes.

Erdogan jugó, además, un perverso y peligroso juego en la región como potencia regional. En su lucha contra sus rivales, Irán y Siria, apoyo clandestinamente a extremistas ultraislámicos que luchaban contra el sirio Bashar Al Assad. La frontera entre Turquía y Siria se hizo porosa, permitiendo la llegada de armas a los rebeldes. La presión de Washington y Moscú lo hicieron cambiar de posición en los últimos meses. Esto le acarreó la venganza de los yihadistas del ISIS, que se plasmó en ataques terroristas en su territorio.

Este complicado cuadro, más la rígida política que aplicó contra los refugiados, le generó el distanciamiento de algunos gobiernos europeos, y congeló momentáneamente su ingreso a la Unión Europea. Un golpe de Estado fracasado, le puede dar el oxígeno que necesita.

Fuente: clarin.com

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